Tánger se alcanza en ferry desde Tarifa o Algeciras y, al bajar del barco, la sensación es la de haber cambiado de continente sin apenas haberse movido del estrecho. La ciudad se recorre bien a pie: la medina trepa desde el puerto hasta la kasbah, el Grand Socco hace de bisagra entre el ensanche y el casco antiguo, y el barrio del Marshan se asoma al acantilado. Aquí se encuentran el Atlántico y el Mediterráneo, y esa doble condición explica su luz, su cocina y buena parte de su historia.
El criterio de esta selección es la jornada de ida y vuelta: un recorrido que arranca en el Grand Socco, sigue por los zocos y la kasbah, reserva el mediodía para comer y deja la tarde a una excursión corta en taxi, con Cabo Espartel y las Cuevas de Hércules a unos 14 kilómetros del centro. Se han priorizado paradas que se hacen andando o con un solo desplazamiento, y las compras que de verdad se encuentran en la medina: cuero, especias, cosmética, cerámica y textiles, además del hammam con jabón negro y guante kessa.
9Darse un hammam tradicional con jabón negro y guante kessa
El hammam es la experiencia sensorial que ninguna jornada en Tánger debería dejar fuera: una o dos horas de vapor, agua caliente y exfoliación que condensan siglos de cultura local. El ritual sigue un orden fijo. Se empieza en la sala templada para aclimatarse y se pasa a la caliente, donde el cuerpo suda sobre la piedra de mármol. Después se extiende el jabón negro (savon beldi), una pasta de aceitunas negras y eucalipto que se deja actuar entre cinco y diez minutos. Llega entonces el momento estrella: el gommage con el guante kessa, un tejido rugoso que arrastra la piel muerta durante unos veinte minutos y deja la piel como nueva. En riads y spas se añaden mascarilla de ghassoul, masaje con aceite de argán y un té con dátiles en la sala de descanso.
En Tánger la oferta se reparte entre los hammams de barrio de la medina y la kasbah, con horarios alternos para hombres y mujeres, y los spas de la corniche. Un hammam popular cuesta entre 30 y 80 dirhams con gommage incluido, más una propina de 10 a 30 dirhams para la kessala; un ritual completo en riad o spa urbano sube a 250-600 dirhams, y los spas de hotel de lujo superan los 1.000. Para una excursión de un día lo práctico es reservar en un spa a pocos minutos de la medina, con productos, toallas y taquilla incluidos. Conviene llevar bañador, chanclas y agua, no entrar justo después de comer ni con quemaduras de sol, y reservar con antelación en temporada alta. El jabón negro (30-50 dirhams) y el guante kessa (15-30) son, además, dos de los recuerdos más ligeros y útiles que llevarse del zoco.
