Tánger se alcanza en ferry desde Tarifa o Algeciras y, al bajar del barco, la sensación es la de haber cambiado de continente sin apenas haberse movido del estrecho. La ciudad se recorre bien a pie: la medina trepa desde el puerto hasta la kasbah, el Grand Socco hace de bisagra entre el ensanche y el casco antiguo, y el barrio del Marshan se asoma al acantilado. Aquí se encuentran el Atlántico y el Mediterráneo, y esa doble condición explica su luz, su cocina y buena parte de su historia.
El criterio de esta selección es la jornada de ida y vuelta: un recorrido que arranca en el Grand Socco, sigue por los zocos y la kasbah, reserva el mediodía para comer y deja la tarde a una excursión corta en taxi, con Cabo Espartel y las Cuevas de Hércules a unos 14 kilómetros del centro. Se han priorizado paradas que se hacen andando o con un solo desplazamiento, y las compras que de verdad se encuentran en la medina: cuero, especias, cosmética, cerámica y textiles, además del hammam con jabón negro y guante kessa.
7Visitar las Cuevas de Hércules
A 14 kilómetros al oeste de Tánger, en el macizo del Cabo Espartel, la cueva es en parte obra del oleaje sobre la caliza y en parte excavada por la mano del hombre: los bereberes extrajeron durante siglos muelas de molino de sus paredes, y el enclave estuvo ocupado desde el Neolítico, hace unos seis mil años. Pero lo que ha convertido este rincón en la estampa más repetida del norte de Marruecos es una abertura sobre el Atlántico que, contemplada desde el interior, dibuja el mapa invertido del continente africano, Madagascar incluida. La tradición atribuye ese corte a los fenicios; los geólogos lo ven más bien como una coincidencia de la erosión. Sobre esa imagen se superpone el mito: según la leyenda griega, Hércules descansó aquí antes de su undécimo trabajo, el robo de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, y fue él quien separó Europa de África para abrir el estrecho de Gibraltar.
Es la escapada clásica de media jornada desde la medina, y encaja en un día de excursión si se sale con tiempo del puerto. En taxi desde el centro se tarda entre 20 y 25 minutos; un grand taxi compartido ronda los 15 dirhams por persona, y contratarlo en privado con espera se mueve entre 200 y 300 dirhams, así que conviene acordar el precio antes de subir. La entrada oficial cuesta 80 dirhams para el adulto extranjero y 30 para marroquíes y residentes; los niños de 7 a 13 años pagan 40, y los marroquíes entran gratis los viernes y el primer día de fiestas nacionales y religiosas. Abre todos los días en horario diurno, en torno a las 9:00 y hasta las 18:00-19:00 según temporada. La visita en sí es corta, de 20 a 45 minutos, por lo que se aprovecha mejor combinándola con el faro del Cabo Espartel, a unos cinco kilómetros, y con la playa de Achakkar, bajo los acantilados. El suelo resbala, así que mejor calzado con agarre, y la luz de la mañana es la que entra con más fuerza por la abertura.
