Qué hacer en un día en Tánger: lugares imprescindibles y souvenirs típicos

Tánger se alcanza en ferry desde Tarifa o Algeciras y, al bajar del barco, la sensación es la de haber cambiado de continente sin apenas haberse movido del estrecho. La ciudad se recorre bien a pie: la medina trepa desde el puerto hasta la kasbah, el Grand Socco hace de bisagra entre el ensanche y el casco antiguo, y el barrio del Marshan se asoma al acantilado. Aquí se encuentran el Atlántico y el Mediterráneo, y esa doble condición explica su luz, su cocina y buena parte de su historia.

El criterio de esta selección es la jornada de ida y vuelta: un recorrido que arranca en el Grand Socco, sigue por los zocos y la kasbah, reserva el mediodía para comer y deja la tarde a una excursión corta en taxi, con Cabo Espartel y las Cuevas de Hércules a unos 14 kilómetros del centro. Se han priorizado paradas que se hacen andando o con un solo desplazamiento, y las compras que de verdad se encuentran en la medina: cuero, especias, cosmética, cerámica y textiles, además del hammam con jabón negro y guante kessa.

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Cruzar el Grand Socco y asomarse al mercado central

a crowd of people in a large building with signs
Foto de Northleg Official en Unsplash

Cruzar el Grand Socco no es un trámite, es la forma más rápida de entender cómo funciona Tánger. Su nombre oficial es plaza del 9 de Abril de 1947, en recuerdo del discurso con el que el sultán Mohamed V reclamó la independencia, y sigue siendo la bisagra de la ciudad: a un lado quedan las calles anchas y los edificios coloniales de la Ville Nouvelle; al otro, el arco de herradura de Bab el-Fahs, que abre la medina. En medio, una fuente de mármol, palmeras, terrazas y dos referencias que se ven desde cualquier punto: el minarete de azulejos policromados de la mezquita Sidi Bou Abid y la fachada art déco del Cinema Rif, sede de la Cinemateca de Tánger. Es un espacio público gratuito, abierto las 24 horas, y desde el puerto se llega en unos 15 minutos cuesta arriba. Los jueves y domingos por la mañana, las campesinas rifeñas con foutas rayadas y sombreros de paja montan sus puestos en el perímetro con hierbas secas, aceitunas y verduras.

En el extremo oeste de la plaza, pegado al arranque de la medina, está el Mercado Central, que es lo que evita que el Grand Socco sea solo un lugar para hacerse la foto. Bajo cubierta se acumulan fruta y verdura, pan, carne, especias —comino, canela, ras el hanout— y quesos de cabra envueltos en hoja de palma, además de aceitunas en todos sus tonos y miel de montaña del Rif. La parte más interesante es la lonja de pescado, adosada a las murallas, con dorada, lubina, salmonete y lo que hayan bajado los barcos esa misma mañana; por eso conviene asomarse temprano, ya que a mediodía queda bastante menos donde elegir. Los precios son de mercado: en torno a 50-60 MAD el kilo de dátiles y 10-15 MAD un cucurucho de caracoles (babbouche). Lleva dirhams en billetes pequeños, regatea con calma y pide permiso antes de fotografiar a los vendedores.