Tánger se alcanza en ferry desde Tarifa o Algeciras y, al bajar del barco, la sensación es la de haber cambiado de continente sin apenas haberse movido del estrecho. La ciudad se recorre bien a pie: la medina trepa desde el puerto hasta la kasbah, el Grand Socco hace de bisagra entre el ensanche y el casco antiguo, y el barrio del Marshan se asoma al acantilado. Aquí se encuentran el Atlántico y el Mediterráneo, y esa doble condición explica su luz, su cocina y buena parte de su historia.
El criterio de esta selección es la jornada de ida y vuelta: un recorrido que arranca en el Grand Socco, sigue por los zocos y la kasbah, reserva el mediodía para comer y deja la tarde a una excursión corta en taxi, con Cabo Espartel y las Cuevas de Hércules a unos 14 kilómetros del centro. Se han priorizado paradas que se hacen andando o con un solo desplazamiento, y las compras que de verdad se encuentran en la medina: cuero, especias, cosmética, cerámica y textiles, además del hammam con jabón negro y guante kessa.
1Perderse por la medina de Tánger
La medina tangerina trepa por la ladera que domina el puerto y el estrecho, y su entrada natural desde el centro es el Grand Socco, la plaza del 9 de Abril de 1947, donde la ciudad nueva se rompe contra la muralla. Bajo el arco de Bab el-Fahs arranca la calle es-Siaghine, antigua arteria de plateros, que desciende hasta el Petit Socco, el Zoco Chico, una plazoleta minúscula rodeada de cafés donde se sentaban diplomáticos y escritores. Desde ahí el plano se descompone: callejones que bajan hacia el mar y la Gran Mezquita, levantada a comienzos del siglo XIX sobre una antigua catedral, y rampas que suben hacia la Kasbah. En medio quedan los zocos especializados: Souk Dakhli, con el aire cargado de especias; Souk Barra, de telas y bordados; y Souk Jdid, de cerámica y farolillos de cobre.
Aquí perderse es sencillo y barato: el recinto es peatonal y compacto, y no hay manera de acabar demasiado lejos —hacia arriba se llega a la Kasbah, hacia abajo al puerto—, así que lo mejor es caminar sin rumbo y con calma. Los mejores momentos son primera hora de la mañana, cuando abren los talleres y los agricultores del Rif descargan en el Grand Socco, y el final de la tarde, cuando regresa la vida de barrio; a mediodía echan la persiana muchas tiendas y aprieta el calor, y los viernes por la tarde buena parte del barrio cierra por la oración. Un vaso de té con hierbabuena ronda los 7 a 10 dirhams, un msemen recién hecho de 3 a 5 y un cucurucho de caracoles (babbouche) entre 10 y 15; desde el puerto de Tánger Ville se sube andando en unos quince minutos. Si alguien se ofrece como guía sin que lo hayas contratado, lo razonable es un "no, gracias" claro y seguir andando.
