7 variantes de flan casero que salvan cualquier comida de domingo cuando hay prisa

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Flan exprés de leche condensada en el microondas: listo en 10 minutos y sin horno

Cuando el domingo se echa encima y ya no hay tiempo ni ganas de encender el horno, la leche condensada hace casi todo el trabajo. Un bote de leche condensada —entre 370 y 400 gramos, según la marca—, tres o cuatro huevos y una cantidad similar de leche, con una cucharadita de vainilla si apetece, bastan para una mezcla que se integra a mano con unas varillas y se cuela para eliminar grumos. La leche condensada ya aporta el azúcar y parte de la grasa, así que no hay que calcular proporciones ni temer que el postre quede soso. El caramelo se resuelve con caramelo líquido comprado o con azúcar y un poco de agua calentados en el propio microondas, sin ensuciar un cazo. No hay baño maría, ni termómetro, ni vigilancia. Es, en la práctica, un postre de despensa: se prepara con lo que ya está en casa y sin planificación previa, algo decisivo cuando la comida se alarga y toca improvisar el dulce.

La cocción es la única parte que exige atención. Conviene un molde de silicona o de cristal apto para microondas, nunca metal, con el caramelo extendido en el fondo. A máxima potencia, la mayoría de las recetas sitúan el punto entre 8 y 10 minutos, aunque el tiempo real depende de los vatios del aparato y del grosor del molde: hay versiones que piden 14 minutos a 800 W y otras que recomiendan parar cada dos minutos para que la mezcla no hierva ni se desborde. La prueba del palillo o la brocheta —que salga limpia— sigue siendo la referencia para saber si está cuajado. Después toca enfriar y pasar por la nevera entre dos y cuatro horas, o de un día para otro, para que coja cuerpo y se pueda desmoldar. La textura queda más sedosa y menos firme que la de un flan al horno, y no aparece esa capa tostada de arriba, un detalle que el caramelo y el frío disimulan bien, sobre todo en porciones individuales.

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