5Los aliños que cambian el plato: cinco salsas para la misma base
En el batch cooking la variedad no se consigue cocinando cinco platos, sino preparando una sola vez una base neutra —pollo al horno, arroz, verduras asadas al dente, legumbres— sin condimentar y guardándola por separado. El aliño es lo que decide el sabor final: la misma pechuga puede ser un bowl mediterráneo, uno de aire asiático o una ensalada fresca según la salsa que se añada en el último momento. Las guías de meal prep recomiendan preparar solo dos o tres salsas por semana, en tandas de cinco minutos al final de la sesión de cocina, y conservarlas aparte para que la base no absorba el líquido durante los días de nevera. Con una o dos cucharadas por ración es suficiente: la salsa no es un acompañamiento, es el interruptor que cambia el plato.
Cinco opciones cubren casi todos los registros. Una vinagreta de aceite de oliva, limón y una cucharadita de mostaza, en proporción aproximada de cinco cucharadas de aceite por dos de zumo, sirve para todo. La salsa de yogur griego con limón, ajo y hierbas frescas (eneldo, perejil) aporta una cremosidad fría que funciona con carnes y verduras asadas. El tahini rebajado con limón y agua fría hasta que quede fluido acompaña garbanzos, lentejas y coliflor. Una salsa verde de perejil picado, aceite, limón y ajo refresca pescados, patatas y cereales suaves. Y un relish de tomate cherry, aceitunas, perejil y cebolla roja, sin batidora, suma textura y acidez a los platos que ya tienen humedad. Conviene mirar la conservación: en nevera a 4 °C, las salsas caseras aguantan entre cinco y siete días, y las vinagretas llegan a siete o diez.
