Hay novelas de la Segunda Guerra Mundial escritas desde la distancia y otras escritas desde dentro. Esta lista reúne cinco del segundo tipo: libros firmados por hombres que estuvieron en el frente y que, desde las primeras páginas, meten al lector en el barro, el frío y el ruido de la primera línea. Stalingrado aparece dos veces, desde experiencias muy distintas. También el Pacífico, el frente oriental de la Wehrmacht y un frente finlandés que casi nunca entra en los recuentos habituales del género.
El criterio es la inmediatez: autores que combatieron y que escribieron sobre lo que vieron, no sobre lo que leyeron. Grossman pasó cinco meses en el frente del Volga como enviado de Estrella Roja; Nekrásov fue teniente de zapadores en Stalingrado; Mailer publicó a los veintiséis años lo que había vivido en el Pacífico; Heinrich sirvió en la Wehrmacht y fue herido cinco veces; Linna noveló la Guerra de Continuación finlandesa. No todas están en el canon habitual, pero ninguna deja al lector en la retaguardia.
1«Vida y destino», de Vasili Grossman: Stalingrado como experiencia total
Foto de Ozan Güvenç en Pexels
Vasili Grossman no se documentó sobre Stalingrado: la vivió. Enviado especial de Estrella Roja, el periódico del Ejército Rojo, pasó cinco meses en el frente del Volga y fue el primer periodista en dar noticia al mundo de la existencia de los campos de exterminio nazis. Esa experiencia directa recorre cada página de Vida y destino, donde la batalla no funciona como telón de fondo sino como una experiencia total que lo impregna todo: el combate casa por casa entre ruinas, los francotiradores agazapados en la Casa 6/1, el hambre, el frío, la muerte anónima, las miradas de los hombres sobre la única mujer del refugio. Grossman evita la épica de postal y traslada al lector al interior de una ciudad arrasada con la misma inmediatez con que él recorrió sus escombros. Es la diferencia entre imaginar una trinchera y haber respirado su aire.
Porque su ambición no termina en la trinchera. Grossman entrelaza la batalla con la saga de los Sháposhnikov y salta sin aviso de la Casa 6/1 a los laboratorios científicos, del Gulag de la Lubianka a las cámaras de gas, de las estepas ucranianas a Berlín, con Hitler y Stalin convertidos en personajes. Esa capacidad de ofrecer a la vez la mirada macro y la micro es lo que la emparenta con Guerra y paz: la novela, concluida al filo de los años cincuenta y sesenta, fue confiscada por la KGB —se llevaron incluso las cintas de la máquina de escribir—, salió microfilmada de la URSS y se publicó en Suiza en 1980. Grossman murió en 1964 sin verla impresa. Hoy puede leerse en español en la traducción directa del ruso de Marta Rebón (Galaxia Gutenberg, 2007), más de mil páginas que siguen siendo la mejor forma de estar en Stalingrado sin haber estado.
