Las vacaciones estresantes han dejado de ser una excepción: hay quien cronometra su descanso como una jornada laboral más.
El caso que mejor lo retrata es el de C., que el primer día de sus vacaciones apareció en el grupo de WhatsApp de sus amigas con una confesión: 'Conste que estoy agobiada, porque he decidido meter muchas cosas en el mismo día'. Su jornada inaugural del descanso se le hizo cuesta arriba.
El primer día de vacaciones y ya vas con la lengua fuera
Y no es un caso raro. Un 69% de la población reconoce que siente la presión de hacer que cada día de vacaciones cuente, según la encuesta global que MyIQ publicó este verano. Traducción: el descanso arranca con la lista de deberes puesta.
El patrón se repite en el resto de los datos. Un 63% dedica más tiempo a planificar el viaje que a decidir adónde va, un 57% se siente culpable, cuando pasa una tarde sin hacer nada y un 42% recorta su estancia en cada sitio por miedo a perder el tiempo.
Las redes tienen buena parte de la culpa. Según el estudio de la turística TUI, 4 de cada 10 personas eligen destino por la foto que van a hacerse, un 37% admite la presión de que su viaje parezca emocionante al compartirlo y un 43% hizo un viaje porque lo vio en una publicación. FOMO de manual.
Ya no nos preguntamos si hemos descansado, sino si hemos aprovechado bien cada hora libre. Esa pregunta cansa más que la propia jornada.
Del Gran Tour al check en la lista
Nada de esto es tan nuevo. El Gran Tour de los aristócratas británicos en el siglo XVIII ya funcionaba con una lista de sitios imprescindibles, y las agencias del XIX, como Thomas Cook, vendían justo eso: la visita al lugar que merecía la pena, el origen del turismo moderno. Lo que cambia es la escala: la Universitat Oberta de Catalunya ya hablaba de turismo frenético y de agendas sin hueco ni para un café.
Nada nuevo bajo el sol.
A eso se suma la hiperconectividad. El psicólogo Ismael Dorado, de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), lo resume así: 'La hiperproductividad es una trampa agotadora'. Y remata recordando que dentro de la tumba no se coge el WiFi.
El plot twist: la culpa es nuestra.
Porque muchas veces la presión no viene de la empresa. Dorado lo tiene claro: se lo marcan ellos mismos. Hemos convertido la productividad en una cuestión de estatus y, si dedicas una tarde a no hacer nada, te entra la culpa. De ahí sale el burnout vacacional: vuelves necesitando otras vacaciones para recuperarte de las vacaciones.
Cosas del siglo XXI.
Por qué volver de vacaciones da más pereza que ir a trabajar
Ya hubo avisos. El boom de las workation, esas vacaciones en las que sigues trabajando, fue la primera señal, y este verano ha llegado la respuesta en forma de staycation: un 52% de los estadounidenses se queda en casa sin hacer nada. Eso sí, allí el motivo principal es la economía, no la salud mental.
Spoiler: no acaba ahí.
Aun así, el resultado es el mismo: menos agenda y más sofá. El propio Dorado reivindica la antiproductividad y cuenta que su plan es 'tomarnos unos vinitos y unas raciones y disfrutar de la playa'. Los datos le dan la razón: un 48% de los encuestados por MyIQ necesita un día entero para recuperarse tras el viaje.
La pregunta que queda en el aire es incómoda: si en enero montamos la lista de propósitos y en julio la de vacaciones, ¿en qué momento del año se supone que descansamos? El próximo verano toca probar eso de no hacer nada.
📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)
- 👤 De quién hablamos: del burnout vacacional, el descanso convertido en lista de tareas.
- 📲 En qué red social ha pasado: en WhatsApp, Instagram y TikTok, donde se comparten los planes y las fotos que dan FOMO.
- 🔥 Por qué es viral: un 69% siente la presión de aprovechar cada día y muchos vuelven más cansados que cuando se fueron.




