Si estás en Madrid este otoño, hay una cita con el color y la calle que no deberías dejar pasar. Kenny Scharf acaba de aterrizar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza con una exposición que conecta el grafiti neoyorquino con la alta cultura y que podrá visitarse hasta el 17 de enero de 2027.
No es una operación menor. Hablamos de un creador que empezó pintando en los muros de Nueva York, que llegó a ser detenido por ello y que hoy ocupa las salas de uno de los grandes museos españoles. Él mismo lo resumió en la presentación: Kenny Scharf puede volver a la calle cuando quiera, pero sin correr aquel riesgo.
La propuesta se enmarca en el programa que el museo dedica a la colección de Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, presentes en la rueda de prensa para respaldar al artista. Una de las piezas del recorrido, Junglematic, pertenece precisamente a su colección: un árbol rodeado de una selva de criaturas imposibles.
Al frente del proyecto está Guillermo Solana, director artístico del Thyssen y comisario de la muestra, es decir, la persona que selecciona las obras y diseña el relato de la exposición. Su tesis es clara: la naturaleza es el hilo conductor de la muestra, con la crisis climática como telón de fondo.
¿Y qué se encuentra el visitante? Cuatro secciones con nombres que anticipan el tono: 'Paisajes alienígenas', 'El árbol como chamán', 'Visiones cósmicas' y 'Un coro de voces'.
En la primera, los escenarios parecen sacados de otro planeta. En la segunda aparece Junglematic con toda su vegetación habitada. La tercera gira en torno a paisajes ingrávidos, casi flotantes. Y la cuarta, un coro de voces reúne mosaicos de rostros y caritas de todas las emociones posibles.
Hay artistas que se quedan en la calle y artistas que la llevan consigo al museo, y Scharf pertenece sin duda a los segundos.
Qué vas a ver en la exposición de Kenny Scharf en el Thyssen
Para quien no lo conozca, Kenny Scharf (Los Ángeles, 1958) es una de las figuras clave del East Village neoyorquino de los años ochenta, el barrio donde una generación mezcló grafiti, televisión, cómic, y cultura popular sin pedir permiso. Su lenguaje es el neopop, esa rama del pop art que sustituye el objeto de consumo por el dibujo animado.
Guillermo Solana lo sitúa como el profeta de los emojis. Scharf desplegó su repertorio de caras con distintas emociones casi dos décadas antes de que existiera el primer código de emojis, un detalle que explica muy bien de dónde viene su lenguaje.

Sus referencias beben de la cultura popular y del surrealismo, combinadas con figuras antropomórficas fantásticas. El comisario apunta a la estética cartoonish, la de 'Los Picapiedra' o 'Los Supersónicos': un medio más fluido y dinámico que el del cómic impreso, más absurdo y más libre.
El propio artista insiste en que en sus cuadros caben todas las emociones. 'Quiero ser feliz, pero si no experimentamos la tristeza, tampoco podemos experimentar la felicidad', explicó durante la presentación. Y añadió un deseo: que su arte ayude a los más jóvenes a conectar con el aquí y ahora, lejos de las pantallas.
Merece el viaje.
De la calle al museo: una tradición con precedentes
No es la primera vez que Scharf expone en España. Ya lo hizo en 1983 en el Palacio de Cristal de Madrid, y recuerda con nitidez la cola larguísima de gente ajena al mundillo del arte esperando para entrar. Aquello le impactó. Poco antes de la pandemia pintó además un mural en Málaga, señal de que su vínculo con la calle nunca se ha roto.
Su caso enlaza con una tradición más amplia, la del arte que sale del estudio y se mide con la ciudad. La diferencia es que él no ha tenido que elegir entre los dos mundos. Su obra se expone ahora en las salas del Thyssen y sigue respondiendo a una lógica de color y energía que nace del espacio público.
Lo interesante aquí es que la muestra no se limita a colgar cuadros: propone un recorrido por cuatro décadas de trabajo y por una manera de mirar que hoy nos resulta familiar, la de las caras que expresan emociones, los colores saturados y las criaturas amables que pueblan pantallas, camisetas y murales. La muestra permanecerá abierta hasta el 17 de enero de 2027, así que hay margen de sobra para organizar la visita.
Cómo y cuándo visitar la exposición
La sede es el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en el paseo del Prado de Madrid, en pleno eje de los grandes museos de la ciudad. La exposición puede visitarse hasta el 17 de enero de 2027. Conviene confirmar horarios y precios en la web oficial del museo, que los actualiza según la temporada.
Si viajas con niños, es una de esas muestras que funcionan bien en familia: color, caras reconocibles y un relato que se entiende sin explicaciones. Blanca Cuesta lo apuntó durante la presentación, convencida de que este tipo de arte mantiene a los más pequeños lejos de las pantallas al menos durante un rato.
Y una última recomendación: ve con tiempo. Cuatro secciones dan para una visita tranquila y para volver sobre las obras que más llamen la atención. El Museo Thyssen acoge la muestra hasta enero, una de las citas más coloristas del otoño madrileño.
Ficha técnica
- Título: Exposición de Kenny Scharf en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.
- Autor o autora: Kenny Scharf (Los Ángeles, 1958).
- Qué puedes ver: Cuatro secciones con paisajes alienígenas, árboles chamánicos, visiones cósmicas y mosaicos de rostros, entre ellas la obra 'Junglematic'.
- Recinto y ciudad: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.




