Reconócelo: si un amigo te quita comida del plato, te molesta menos que si lo hace un desconocido. Pues resulta que los chimpancés roban menos comida a sus amigos que al resto, y lo hacen por el mismo motivo que tú.
Un equipo de la Universidad de California en Berkeley ha pasado más de 800 horas observando a 26 chimpancés en el Santuario de la Isla Ngamba, en Uganda. Y ha llegado a una conclusión que suena muy familiar: el vínculo de amistad cambia por completo la forma de robar. El estudio lo publica la revista Evolution and Human Behavior.
Qué montaron en dos habitaciones con 26 chimpancés y mucha piña
El experimento se cuenta en dos frases y no se puede mejorar. En una habitación colocaron a un chimpancé 'víctima' con tres bandejas de piña. En la otra, a un segundo chimpancé con una cuerda atada a las bandejas: podía dejarla quieta o tirar de ella y llevarse la fruta.
Los resultados son de los que se entienden a la primera. Los chimpancés robaron en el 70 % de los ensayos cuando la víctima no era amiga suya y en el 61 % cuando sí lo era. Nueve puntos de diferencia que no son casualidad, porque cada chimpancé pasó por las dos situaciones y no hablamos de individuos distintos comparados entre sí.
Las víctimas también reaccionaron distinto. Al principio se enfadaban más cuando el ladrón era un amigo —pisotones, golpes con los puños y chillidos mediante—, pero se tranquilizaban mucho antes que cuando el ladrón no era de su círculo.
Y los ladrones, ojo, igual. Cuando robaban a alguien cercano mostraban menos hostilidad y se les pasaba el enfado antes. Con los que no eran amigos, el mal rollo se alargaba bastante más: a los amigos se les perdona antes.
La diferencia no está en robar o no robar, sino en a quién se le roba y en cuánto tarda en perdonarse.
Ya me contarás.
¿Se puede llamar 'amistad' a esto sin pasarse de frenada?
Aquí es donde los científicos se dividen. Muchos se resisten a usar la palabra amistad para chimpancés, porque no podemos comprobar qué sienten de verdad. Para identificar los vínculos, el equipo se fijó en cosas medibles: los patrones de acicalamiento, las interacciones diarias, y la frecuencia con la que permanecían al alcance de la mano.
Oded Ritov, primer autor del trabajo, lo deja claro: 'Nuestro estudio es el primero en demostrar que son capaces de contener su comportamiento antisocial con sus amigos'. Jan Engelmann, autor sénior, apunta a las expectativas: esperamos más de nuestros amigos. Y ellos, por lo visto, también esperan un trato especial.
Lo que esto dice de nosotros (y de la bronca por la última croqueta)
No es la primera vez que se observa comportamiento prosocial en primates. Ya se sabía que favorecen a unos compañeros y no a otros, eligen con quién acicalarse y reparten comida de forma selectiva. Lo nuevo es el otro lado de la balanza: también frenan lo antisocial cuando enfrente hay un amigo.
Si esas expectativas mutuas son el ladrillo con el que se construyó la cooperación humana, como sugieren los autores, entonces la bronca por la última croqueta viene de mucho más atrás que la mesa del comedor. Más contexto sobre estos primates, en la entrada del chimpancé común.
🧠 Para soltarlo en la cena
Incluso los chimpancés esperan de sus amigos un trato especial.



