La tecnología avanza a una velocidad que pocos pueden alcanzar, de allí que muchos sectores de la economía (incluyendo personas) se han quedado rezagados, o podrían quedarse rezagados si no se adaptan, uno de estos sectores, el de los taxistas tradicionales. ¿De qué sirve tener 10.500 licencias si el cliente no te encuentra en el móvil? ¿Puede el taxi seguir siendo el rey de la movilidad en Barcelona si el turista pulsa antes una app que levanta la mano en la calle? La batalla ya no está solo en la parada: está en la pantalla.
Barcelona ha dejado claro que prioriza al taxi frente a las VTC. Pero también ha lanzado un aviso al sector, sin digitalización, no hay futuro. Y ese mensaje, guste más o menos, ya está generando debate dentro del propio colectivo.
El respaldo político existe, pero no es un cheque en blanco

El Ayuntamiento de Barcelona ha reiterado su alineación con el taxi frente a las VTC. La directora de Movilidad, Lídia Torres, ha sido clara, el taxi forma parte del ADN de la ciudad y es prioritario en el modelo urbano. Pero también ha insistido en que el servicio debe evolucionar si quiere seguir siendo la primera opción.
La futura Ley del Taxi en Catalunya prevé limitar aún más a las VTC en el ámbito urbano. Sin embargo, desde el consistorio asumen una realidad incómoda, el turista no va a la parada, va al móvil. Y si en esa app no aparece el taxi, elegirá otra opción. El mensaje institucional es de apoyo, sí, pero condicionado a que el sector dé un paso adelante.
El cliente ya decidió: el taxi que no está en apps no existe

Hoy una parte creciente de los servicios se contrata desde el teléfono. Plataformas como Freenow, Uber o Cabify ya integran taxis en Barcelona. Miles de profesionales operan cada semana a través de estas aplicaciones, y el número sigue aumentando.
Pero dentro del sector no hay unanimidad. Algunos taxistas ven en las apps una herramienta para facturar más en menos tiempo y reducir horas muertas. Otros recelan por las comisiones, la obligación de aceptar servicios o el riesgo de depender de multinacionales tecnológicas. El debate ya no es ideológico; es práctico. Estar o no estar en plataformas empieza a marcar diferencias reales en ingresos.
Mentalidad empresarial o resistencia al cambio

En los encuentros recientes del sector, varios representantes empresariales han hablado sin rodeos, el taxi necesita más visión empresarial. No se trata de perder su naturaleza de servicio público, sino de profesionalizar la gestión. Turnos dobles, contratación de conductores, optimización de tiempos y mayor presencia digital son parte de esa transformación.
También hay advertencias sobre lo que viene. Robotaxis, nuevas plataformas y cambios regulatorios están en el horizonte. Algunos líderes del sector insisten en que el taxi debe anticiparse, no reaccionar tarde. Ofrecer un servicio local, regulado y cercano, pero con tecnología competitiva. Esa combinación puede ser su ventaja diferencial frente a modelos puramente digitales.
En la calle, las reacciones son intensas. Hay quien siente que la administración empuja demasiado hacia las apps. Otros reconocen que, sin esa adaptación, la cuota de mercado seguirá desplazándose. Lo cierto es que el cliente ya compara en tiempo real precio, tiempo de llegada y facilidad de pago. Y decide en segundos.
Barcelona quiere un taxi fuerte. El sector también. La cuestión es si ambos avanzarán al mismo ritmo. Porque en esta nueva etapa, el volante sigue en manos del taxista, pero el viaje empieza en el móvil del usuario.
El futuro del taxi en Barcelona no se juega solo en los despachos ni en el Parlament. Se juega cada vez que alguien abre una app y elige vehículo. Y ahí, estar presente puede marcar la diferencia entre seguir liderando la movilidad urbana o verla pasar por delante.



