"This is the end": El desgarrador adiós de Lindsey Vonn tras su terrible caída en los Juegos de Cortina

- Cortina d'Ampezzo ha sido testigo del capítulo más triste de los Juegos de 2026. Lindsey Vonn, operada de urgencia tras una caída aterradora, pone punto final a una carrera legendaria en la misma pista donde fue reina.
- El sueño se convirtió en pesadilla, pero su leyenda es ya eterna.

El deporte, en su faceta más pura, es una metáfora de la vida: una sucesión de triunfos, caídas y la lucha constante contra el destino. Sin embargo, lo vivido este 8 de febrero de 2026 en los Juegos Olímpicos de Cortina d'Ampezzo ha traspasado la frontera de la competición para adentrarse en el terreno de la tragedia griega. Lindsey Vonn, la mujer de las mil fracturas y la voluntad de titanio, ha dicho adiós para siempre a las pistas de esquí. No ha sido la despedida soñada con un oro al cuello, sino una salida en helicóptero, entre gritos de rabia y un dolor que va mucho más allá de lo físico.

Cortina, el "teatro" donde Vonn había logrado doce victorias a lo largo de su carrera, fue ayer el escenario de su naufragio. La prueba reina, el descenso, la más veloz y peligrosa, se convirtió en una trampa mortal para la esquiadora más mediática de la historia.

El momento del impacto: 13 segundos hacia el abismo

Lindsey Vonn partía con el dorsal 13. Apenas habían transcurrido trece segundos de carrera —una coincidencia numérica de tinte fatalista— cuando el desastre se desencadenó. En su afán por arañar milésimas al cronómetro, por desafiar una vez más a la física a sus 41 años, Vonn se enganchó con una puerta. Lo que siguió fue una secuencia aterradora: la esquiadora voló con "las alas quebradas", rebotando contra la nieve dura y helada como una muñeca de trapo inerte.

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El silencio que se apoderó de los miles de espectadores presentes fue absoluto. Los gritos desgarradores de la estadounidense, audibles a través de la retransmisión televisiva, sobrecogieron a millones de hogares. No era solo el llanto por una pierna rota; era el lamento de una mujer que, en ese preciso instante, comprendía que su desafío al tiempo y a la medicina había llegado a un final abrupto e injusto.

Una carrera zurcida con titanio y voluntad

El regreso de Lindsey Vonn a los 40 años, tras haberse retirado en 2019, fue calificado por muchos como una "locura grandiosa". Su historial clínico parecía el de un superviviente de guerra: roturas de ligamento cruzado, tibia, tobillo, brazo y menisco. Su rodilla derecha, sostenida por una prótesis de titanio, era el símbolo de una carrera "remendada" pero victoriosa.

Esta temporada, contra todo pronóstico, Vonn había logrado siete podios en ocho competiciones. Parecía que el guion de Hollywood estaba escrito para un final de oro en Cortina. Pero la realidad ha sido mucho más cruda. Tras ser atendida durante largo tiempo sobre la pista, fue evacuada al hospital de Treviso, donde ha sido intervenida quirúrgicamente para estabilizar una fractura en su pierna izquierda. Esta vez, el cuerpo ha dicho basta. This is the end.

Más que una atleta: El icono mediático

Lindsey Vonn (nacida Lindsey Kildow) trasciende las estadísticas, a pesar de que estas son abrumadoras: 84 victorias en la Copa del Mundo, tres medallas olímpicas, cuatro clasificaciones generales y numerosos premios Laureus y Princesa de Asturias. Su atractivo físico y su carisma la elevaron a la categoría de figura pública global, una heroína moderna cuya vida personal —incluyendo su mediático romance con Tiger Woods— siempre estuvo bajo el foco.

Su regreso fue una apuesta por la "doliente épica". Pocos días antes de los Juegos, un aviso en Crans Montana ya sugería que el final estaba cerca, pero ella insistió: "El sueño olímpico no se ha acabado". Hoy sabemos que ese sueño ha degenerado en pesadilla.

Un epílogo de grandeza teatral

El accidente de Vonn en Cortina d'Ampezzo no es solo una noticia deportiva; es el cierre de un capítulo de indiscutible grandeza teatral. Se va la mujer que desafió a la lógica, la que esquió bajo el efecto de analgésicos durante años y la que puso el esquí alpino en la primera línea de la cultura popular.

Mientras Breezy Johnson se colgaba un oro que ella misma definió como un "homenaje para Vonn", el mundo del deporte entonaba un réquiem. Lindsey ya no volverá a deslizarse por la nieve de forma profesional. Se retira una leyenda que, incluso en su caída más amarga, ha demostrado que la verdadera medida de un deportista no está solo en sus trofeos, sino en la inmensidad del desafío que se atreve a aceptar.

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