El nuevo y ambicioso RPG de Dragon Ball con el sello de Akira Toriyama viene a acabar con una década de desgaste

Bandai Namco publicará en 2027 el proyecto 'Año 1000', un RPG de acción que lleva cinco años en desarrollo, se ambientará 200 años después de Dragon Ball Z y tiene un personaje protagonista inédito que creó Akira Toriyama.

'Dragon Ball: Año 1000' es el nuevo proyecto que tiene entre manos Bandai Namco con la legendaria saga. Se trata de un RPG de acción que ha sido presentado en el evento Dragon Ball Genkidamatsuri con motivo del 40 aniversario del anime; y, aunque todavía no ha salido, condiciona desde ya el futuro de los videojuegos de la saga.

En esta ocasión, no hablamos de enésima adaptación de Goku y compañía, sino de un proyecto que lleva más de cinco años en desarrollo, previsto para 2027, y basado en un diseño inédito de Akira Toriyama, preparado antes de su muerte en 2024. Situado en el Año 1000 del universo Dragon Ball —unos 216 años después de Dragon Ball Z— y protagonizado por un descendiente saiyajin vinculado a Capsule Corporation, el juego promete "más elementos que ningún juego previo de Dragon Ball" y se presenta explícitamente como una nueva aventura de acción y RPG, alejándose del género de la lucha.

Es, quizá, una respuesta directa a una década en la que la franquicia ha explotado casi todas las fórmulas posibles: arenas 3D, combates competitivos 2D, mundo abierto narrativo, multijugador asimétrico, free to play e incluso MOBA. El reto empieza a ser el de ofrecer experiencias que puedan convivir con series a largo recorrido y un anime que se relanza con más medios que nunca, manteniendo fuerte la presencia de la marca también en el mercado móvil.

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De Xenoverse 2 a Sparking! Zero: luces, sombras e iteración cansina

Echando un vistazo a cómo ha ido funcionando la saga en la última década, el punto de partida de esta etapa moderna sigue siendo Dragon Ball Xenoverse 2 (2016), que ha demostrado una longevidad inusual. Basado en un hub social, viajes en el tiempo y un avatar personalizable, el juego aprovechó el tirón de Dragon Ball Super y también se convirtió en una plataforma viva a base de expansiones y actualizaciones constantes.

Según datos oficiales compilados por la propia Bandai Namco, la serie Xenoverse superó los 14 millones de copias vendidas entre 2015 y 2021, y Xenoverse 2 por sí solo ha rebasado ampliamente la barrera de los 10 millones. Lejos de apagarse, se ha mantenido gracias a nuevos DLC con personajes de las últimas películas y arcos del manga, consolidándose como la puerta de entrada para millones de jugadores jóvenes.

En paralelo, Dragon Ball FighterZ (2018) redefinió lo que significaba un juego de lucha de la licencia. Con desarrollo de Arc System Works, estética anime 2.5D y un enfoque claramente competitivo, el título se convirtió en referencia en el circuito de esports, se coló en grandes torneos internacionales y recibió un apoyo prolongado en forma de temporadas de personajes. También superó los 10 millones de unidades vendidas, un hito para un juego de lucha tradicional.

Pero su éxito trajo consigo un problema: elevó el listón técnico y competitivo hasta un punto difícil de igualar, y colocó al resto de títulos de la marca en una posición incómoda, obligados a justificar su existencia con propuestas distintas. Spoiler: no se consiguió desde entonces, y muchos esperan con ganas el anuncio de un 'FighterZ 2'.

Pero quizá lo más salvable llegaría con Dragon Ball Z: Kakarot (2020), que apostó por una fórmula de RPG de acción centrada en revivir la historia de Goku con un enfoque más narrativo, exploración ligera y un ritmo más pausado. La obra superó los 8 millones de copias y ha extendido su vida útil con expansiones dedicadas a arcos posteriores, pero una cosa no quita la otra: sí, los juegos de Dragon Ball van a seguir vendiendo y jugándose, pero el hastío de los fans va en aumento cuando ven que una y otra vez se da vueltas sobre la historia de Z y no se va mucho más allá de Goku, Freezer y compañía.

¿El problema? Que cuando han intentado hacer algo diferente, se la han pegado, quizá más por no atinar con la propuesta y su calidad que por arriesgar. Dragon Ball: The Breakers es un caso curioso, porque la fama del multijugador asimétrico no encajaba de ninguna de las maneras con la esencia —la narrativa heroica, las transformaciones, el peso del uno contra uno— de la saga de Toriyama.

Imagen promocional de la celebración del 40 aniversario de Dragon Ball
Imagen promocional de la celebración del 40 aniversario | Fuente: Sitio oficial de Dragon Ball

Pero movimiento más arriesgado ha sido, sin duda, el MOBA Dragon Ball: Gekishin Squadra, un juego de acción 4 contra 4 free to play lanzado en 2025 en PC y móviles. Concebido como el desembarco de la saga en el género que domina la cultura competitiva global, el título al inicio registró cifras aceptables de jugadores concurrentes y recibió valoraciones de usuarios mayoritariamente positivas en PC, pero la recepción crítica y del núcleo duro de fans acabó siendo mucho más fría. Se le ha reprochado un diseño de monetización agresivo, un metajuego poco inspirado y, sobre todo, la sensación de que el ADN de Dragon Ball se diluye en un formato pensado ante todo para sostener una tienda.

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La nota positiva del cierre de la década ha sido Dragon Ball: Sparking! Zero (2024), heredero espiritual de la serie Budokai Tenkaichi. Con combates 3D en alta velocidad, una plantilla descomunal y un recreacionismo casi obsesivo del anime, el juego vendió más de 5 millones de copias a principios de 2025, confirmando que la fórmula arena fighter sigue teniendo tirón si se acompaña de valores de producción actuales y un modo historia generoso. Sin embargo, Sparking! Zero vive en un ecosistema mucho más saturado que el de sus predecesores de PS2 y vuelve a dar vueltas sobre lo mismo, lo que le hace compitir contra Xenoverse 2, contra Kakarot (aún vigente) y contra el propio FighterZ, todos ellos activos en PC y consolas.

Visto lo visto, Dragon Ball: Año 1000 se percibe como una corrección de rumbo. Bandai Namco lo presenta como una aventura de acción y RPG lo sitúa en una línea temporal muy alejada de la saga principal y se apoya en material original de Toriyama, algo que conecta directamente con la larga tradición de personajes creados por el autor para videojuegos. Es una gran noticia que abra la puerta a una mayor integración entre videojuegos y canon expandido.

De cara a saber más, Bandai Namco ha fijado el Dragon Ball Games Battle Hour de Los Ángeles (18 y 19 de abril) como el escaparate en el que mostrará a fondo el juego, dejando claro que no se trata de un spin-off menor, sino de su gran apuesta para el próximo ciclo de hardware y para un ecosistema en el que convivirán, previsiblemente, nuevas temporadas de Sparking! Zero, soporte residual a los anteriores títulos.

El anime de Dragon Ball se reinicia: más calidad, más fidelidad y nuevas sagas

Pero los planes en videojuegos no pueden entenderse al margen de lo que está ocurriendo en el anime. Durante el mismo Dragon Ball Genkidamatsuri en el que se anunció Año 1000, Toei Animation confirmó el remake de Dragon Ball Super para este otoño. Llegará por temporadas, cada una bautizada con el arco que adapta, y la primera gran tanda se conocerá como Dragon Ball Super Beerus, con seis episodios centrados en el dios de la destrucción.

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El estudio describe el proyecto como una "edición mejorada" de Super, con "toda clase de avances visuales" para ofrecer una recreación "más fiel y detallada de la obra original de Akira Toriyama", con especial énfasis en la puesta en escena de las batallas.

La decisión responde a una crítica recurrente hacia el anime original de Dragon Ball Super, principalmente por su calidad irregular de animación en determinados tramos y la sensación de que no hacía justicia al salto de escala que proponía la historia.

En paralelo, Toei ha anunciado Dragon Ball Super: The Galactic Patrol, que llegará a finales de 2027 y adaptará los arcos de Moro y Granola, situados después de la saga de la Supervivencia del Universo. La nueva serie seguirá lo narrado en el manga, con Goku y Vegeta colaborando con la Patrulla Galáctica para enfrentarse a Moro, el devorador de planetas, y continuará con la historia de Granola. De este modo, se confirma que el remake de Super no se limitará a rehacer lo ya emitido, sino que servirá de puente hacia la animación de todo el material pendiente desde 2018.

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