Sébastien Loeb se deja el físico en el desierto: 22º en el Dakar tras una etapa heroica sin dirección

Loeb, nueve campeón del WRC, terminó encarnando la cara más amarga y heroica del espíritu dakariano: conducir un Dacia Sandrider de casi dos toneladas sin asistencia en la dirección.

El Rally Dakar 2026 ha vuelto a demostrar por qué es la carrera más dura del mundo. Sébastien Loeb, el piloto alsaciano con nueve títulos mundiales de WRC en su palmarés, ha protagonizado una gesta heroica a la par que dolorosa durante la novena etapa, la primera parte de la segunda maratón de esta edición.

Y es que 9 títulos mundiales de WRC y una vida dedicada a domar máquinas no han sido suficientes para evitar que Sébastien Loeb sufriera este 13 de enero una de las jornadas más brutales de su trayectoria deportiva.

Sébastien Loeb encarna una etapa amarga y heroica al más puro estilo Dakar

El francés, que buscaba en esta novena etapa dar el golpe definitivo a la general, terminó encarnando la cara más amarga y heroica del espíritu dakariano: conducir un Dacia Sandrider de casi dos toneladas sin asistencia hidráulica, convirtiendo cada duna y cada giro en un suplicio que ha dejado huellas físicas en sus manos y muñecas.

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sebastien loeb dakar 2026 Fuente: Red Bull Content Pool
Sébastien Loeb durante la etapa 9 del Rally Dakar 2026 Fuente: Red Bull Content Pool

Conducir un vehículo de competición moderno sin dirección asistida no es solo una cuestión de incomodidad; es una tarea físicamente imposible para la mayoría de los seres humanos. Loeb tuvo que lidiar con 180 kilómetros de terreno roto, piedras y arena blanda, donde cada irregularidad del terreno se transmitía directamente al volante con una violencia extrema. El esfuerzo necesario para girar las ruedas del prototipo obligó al alsaciano a forzar sus articulaciones hasta el límite de la resistencia ósea.

"Me he roto los pulgares y las muñecas", relata Loeb

Al llegar al campamento, la imagen de Sébastien Loeb no era la de un piloto frustrado, sino la de un hombre quebrado físicamente. "Me duele todo el cuerpo, me he roto los pulgares y las muñecas", relataba visiblemente exhausto ante los medios. Para poder negociar las curvas más cerradas, el francés admitió haber tenido que realizar giros de 360 grados sobre sí mismo con el coche para encarar la dirección correcta, ante la imposibilidad de mover el volante con la fuerza de sus brazos. Cada bache era una descarga de dolor que subía desde las manos hasta los hombros.

Esta edición 2026 está resultando especialmente cruel para el equipo Dacia. A pesar de contar con una de las estructuras más potentes del vivac, los problemas de fiabilidad y los pinchazos han lastrado a un Loeb que, un año más, ve cómo el preciado trofeo del Touareg se aleja. "Podríamos haber dado un gran salto hoy, casi ponernos en cabeza, es una pena", reconocía el piloto en sus redes sociales, dejando entrever que el daño moral es casi tan profundo como el físico.

La soledad del piloto en la etapa maratón

La dificultad de este incidente se multiplica al ocurrir en una etapa maratón. Al no haber asistencia técnica permitida, Loeb y su copiloto, Edouard Boulanger, han pasado gran parte de la noche intentando reparar los daños con sus propias manos, las mismas que horas antes sufrían para no soltar el volante. Esta falta de descanso añade una capa de fatiga crítica de cara a la segunda parte de la maratón que culminará en Bisha.

En el plano deportivo, las consecuencias son devastadoras para las aspiraciones del francés. Aunque logró cruzar la meta en la posición 22, salvando los muebles de forma milagrosa, ha caído a la sexta posición de la general, a más de 21 minutos del liderato. Es cierto que el Dakar es una carrera de eliminación y que figuras como Nani Roma o Carlos Sainz ahora dominan la tabla de pasada tras los problemas ajenos, pero para Loeb, la lectura es de oportunidad perdida.

Un referente que no se rinde

A pesar de las lesiones y del "infierno" vivido, Loeb no ha mencionado la palabra abandono. Su balance en el Dakar demuestra una resiliencia fuera de lo común. Sin embargo, este 2026 pone a prueba su capacidad de recuperación: con cuatro etapas por delante y un cuerpo maltrecho, el piloto alsaciano deberá demostrar si su talento es suficiente para remontar los 20 minutos que le separan del podio mientras sus muñecas intentan sanar a contrarreloj.

El Dakar 2026 seguirá su curso, y mientras los españoles celebran su posición de privilegio en la tabla, el vivac no deja de comentar la gesta de un Loeb que, aunque herido, sigue siendo el mayor espectáculo del desierto. La pregunta ahora es cuánto podrá aguantar un piloto que ha conducido 180 kilómetros con el cuerpo roto por la pura voluntad de no rendirse.

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