España encabeza las listas de superficie dedicada al cultivo ecológico en Europa, pero este éxito no se refleja en la cesta de la compra nacional. El sector ha crecido de forma exponencial impulsado por la demanda exterior, convirtiendo nuestro país en la despensa 'bio' de naciones como Alemania, Francia o Reino Unido.
Las infraestructuras logísticas y los contratos de las grandes distribuidoras están diseñados para que el producto salga de nuestras fronteras apenas unas horas después de ser recolectado. Esta dinámica ha creado un escenario donde el productor español prefiere la seguridad del mercado europeo, mucho más maduro y dispuesto a pagar por el valor añadido, dejando el mercado doméstico en un plano secundario.
ESPAÑA LIDERA LA SUPERFICIE 'BIO' EN LA UE PERO EXPORTA EL 80% DE SU HUERTA ECOLÓGICA
La principal barrera para el consumidor residente en España es el coste final en el supermercado. A pesar de que el producto se cultiva a pocos kilómetros del punto de venta, la falta de una red de distribución local eficiente encarece el producto ecológico hasta niveles prohibitivos.
Y es que en muchas ocasiones, un kilo de hortalizas ecológicas puede costar un 100% más que su equivalente producido de forma intensiva. Esta diferencia de precio no siempre responde a los costes de producción, que son mayores debido a la menor rentabilidad por hectárea y la necesidad de más mano de obra, sino a un sistema de márgenes comerciales que castiga al producto local frente al de exportación.

Resulta paradójico que un sistema de producción nacido para proteger el medio ambiente termine generando una huella de carbono considerable debido al transporte de larga distancia. Y es que al exportar el grueso de la huerta ecológica, estamos enviando nuestros recursos naturales, como el agua de zonas con alto estrés hídrico como Almería o Murcia, para abastecer mercados situados a miles de kilómetros.
EL PEAJE DE LOS INTERMEDIARIOS: LA AUSENCIA DE CANALES CORTOS DE COMERCIALIZACIÓN 'BIO'
Mientras tanto, en España se importan productos de menor calidad o incluso alimentos ecológicos de terceros países para cubrir nichos de demanda específicos, creando un flujo de mercancías que contradice los principios básicos de la sostenibilidad y el consumo de proximidad.
El control que ejercen las grandes cadenas de supermercados en España es otro de los factores clave para entender por qué pagamos tanto por lo que producimos. Estas plataformas priorizan el volumen y la homogeneidad de la agricultura intensiva, relegando lo ecológico a secciones 'gourmet' con envases plásticos excesivos y precios inflados.
en España el pequeño productor encuentra enormes dificultades para colocar su mercancía en los comercios de barrio sin pasar por intermediarios que multiplican el precio final
ESPAÑA EXPORTA 2.000 HECTÓMETROS DE AGUA EN FRUTAS A EUROPA
A diferencia de lo que ocurre en el centro de Europa, donde el producto ecológico está integrado en el consumo diario y cuenta con canales de venta directa más desarrollados, en España el pequeño productor encuentra enormes dificultades para colocar su mercancía en los comercios de barrio sin pasar por intermediarios que multiplican el precio final.

Claro que también existe una brecha en la percepción del valor del producto ecológico en la sociedad española. Durante décadas, la prioridad del mercado nacional ha sido el precio y el aspecto visual de la fruta y la verdura, dejando en un segundo plano los beneficios para la salud y el entorno.
Sin campañas institucionales potentes que fomenten el consumo interno y sin incentivos fiscales que reduzcan el IVA de estos alimentos esenciales, la huerta ecológica seguirá siendo un negocio de exportación. El resultado es un país que produce salud para sus vecinos mientras su propia población se ve obligada a elegir entre comer sano o ahorrar a final de mes.
- Más información: Beneficios de los alimentos ecológicos para la salud.







