Besalú, el rincón de Girona que recuerda a Alsacia con casas de colores y vino caliente

La sorpresa de encontrar fachadas de colores vivos y el ambiente de un cuento alsaciano es lo que hace única a esta escapada en Girona. Más allá de su belleza monumental, el pueblo esconde un legado judío con un miqvé casi intacto y una gastronomía con carácter propio.

Visitar Besalú es como abrir un libro de historia y caer de lleno en una de sus páginas más bonitas. Este rincón de Girona tiene un poder casi mágico, uno que te hace dudar del año en el que vives mientras cruzas su icónico puente de piedra, la sensación de haber viajado en el tiempo a un lugar que parece sacado de un cuento de hadas centroeuropeo. ¿Es posible encontrar la esencia de la Alsacia francesa sin salir de Cataluña? Sigue leyendo y descúbrelo.

La respuesta se intuye nada más poner un pie en sus calles empedradas y mirar alrededor. No es solo la imponente arquitectura medieval lo que te atrapa, sino una atmósfera muy particular que esta joya de la Garrotxa ofrece a quien sabe mirar, sus fachadas de colores vivos y el aroma a especias evocan una estampa más propia de la Alsacia francesa. Es una promesa de belleza que te invita a perderte y descubrir por qué este pueblo es completamente diferente a cualquier otro.

BESALÚ¿UN PUENTE DE PELÍCULA? LA ENTRADA A OTRO MUNDO

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Pocos lugares tienen una carta de presentación tan imponente y fotogénica como este pueblo medieval. La primera imagen que te asalta es la de su puente, una estructura románica angular que parece sacada de una superproducción de época y que te obliga a detenerte, su imponente puente del siglo XII se convierte en el guardián de un laberinto de calles empedradas. No es solo un paso sobre el río Fluvià; es un umbral que te transporta de inmediato a otro tiempo.

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Una vez que lo cruzas, el murmullo del mundo moderno parece desvanecerse por completo. Esta escapada a la Cataluña interior te sumerge en un silencio solo roto por tus propios pasos sobre los adoquines, dejas atrás el presente para sumergirte en una atmósfera donde cada piedra susurra leyendas de condes y caballeros. Es entonces cuando entiendes que la verdadera experiencia no consiste en ver el pueblo, sino en sentirlo y caminarlo sin prisa.

EL SECRETO MEJOR GUARDADO: UN LEGADO JUDÍO ÚNICO

Si te desvías del camino principal, te adentrarás en uno de los secretos mejor guardados de este enclave histórico. El antiguo barrio judío, con sus callejones estrechos y su atmósfera cargada de memoria, es una visita imprescindible, Besalú alberga uno de los baños de purificación judíos o miqvé mejor conservados de toda Europa. Bajar a esta sala subterránea del siglo XII es conectar directamente con una parte fundamental de la historia catalana.

El legado de la comunidad judía que aquí habitó sigue muy presente en el ambiente. Mientras recorres la zona, es fácil imaginar el bullicio de sus mercados y la vida de sus habitantes, pasear por su antiguo call es conectar con un legado cultural que ha sobrevivido milagrosamente al paso de los siglos. Más que una simple visita turística, es un ejercicio de memoria que enriquece enormemente el viaje a la villa condal.

FACHADAS QUE PINTAN UN PAISAJE DE CUENTO

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Y entonces, de repente, entiendes la comparación que te rondaba la cabeza desde el principio. Al asomarte al río, dejas por un momento este viaje al medievo para ser transportado a otro lugar, la hilera de edificios con fachadas en tonos ocre, pastel y teja crea un reflejo en el agua que recuerda a las postales de Colmar. Esta estampa, inesperada en un pueblo románico, es la que le da ese toque tan especial y diferente.

No es la típica imagen de la Cataluña medieval, adusta y de piedra desnuda. Aquí hay una alegría cromática que lo cambia todo y lo convierte en un destino gerundense único, esta paleta de colores vibrantes es precisamente lo que otorga a Besalú ese aire alsaciano tan inesperado y encantador. Es la prueba de que se puede ser un referente histórico sin renunciar a una belleza que te saca una sonrisa y te pide otra fotografía.

SABORES QUE ABRAZAN: EL VINO CALIENTE Y OTRAS DELICIAS

¿Y qué mejor para completar esa sensación de estar en un cuento centroeuropeo que un sabor que te transporte? En los meses más fríos, la atmósfera invita a buscar el calor de una bebida reconfortante, la idea de disfrutar de un vino caliente especiado mientras paseas refuerza esa mágica sensación de estar en un mercado navideño de la Alsacia. Este detalle, cada vez más presente, hace que la visita a Besalú sea una experiencia sensorial completa.

Pero el viaje de sabores no termina en esa copa humeante que evoca paisajes franceses. El corazón de la Garrotxa tiene una identidad gastronómica potente y con mucho carácter, la gastronomía local, con sus embutidos y licores como la ratafía, te ancla de nuevo en el sabor auténtico del Pirineo de Girona. Es el contraste perfecto, una dualidad que convierte esta localidad catalana en un destino inolvidable para el paladar.

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MÁS ALLÁ DE LA POSTAL: EL ALMA QUE NO SE VE A PRIMERA VISTA

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Cuando crees que ya lo has visto todo, este tesoro escondido te demuestra que aún guarda ases en la manga. La clave es abandonar las rutas marcadas y dejarse llevar por la intuición, es al perderse sin mapa cuando descubres los pequeños talleres de artesanos y los patios silenciosos que guardan el verdadero pulso de la villa. Ese es el alma que lo diferencia de un simple decorado alsaciano y le confiere una personalidad propia e irrepetible.

Al final del día, te das cuenta de que lo que te llevas de este mágico lugar no es solo una colección de imágenes espectaculares. La magia de Besalú es precisamente esa: ser inconfundiblemente catalán y, a la vez, evocar la fantasía de un cuento en la Alsacia, la memoria de sus piedras te acompaña mucho después de haberte ido, dejando una estela de nostalgia y el deseo irrefrenable de volver.

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