La Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Valencia ha condenado a dos años de prisión a un hombre por su participación en una compleja estafa que logró convencer a una víctima de la existencia de una millonaria herencia oculta. El acusado, junto a otros cómplices no identificados, ideó una trama elaborada que incluyó documentación falsa y cuentas bancarias ficticias para dar apariencia de legalidad a sus engañosas comunicaciones.
El perjudicado, un ciudadano extranjero desconocedor del idioma y los trámites oficiales españoles, llegó a desembolsar más de 122.000 euros en su intento por hacerse con la supuesta herencia de 9,3 millones de dólares estadounidenses, dejada por un individuo fallecido en un terremoto en China en 2008. Sin embargo, todo formaba parte de un ardid diseñado meticulosamente por el estafador condenado y sus colaboradores.
DOCUMENTOS FRAUDULENTOS Y CUENTAS BANCARIAS FALSAS
El acusado, obrando en connivencia con otros sujetos no identificados, envió una carta a la víctima haciéndose pasar por un abogado. En ella, le comunicaba que podía reclamar una cuantiosa herencia depositada en España por un ciudadano fallecido durante un terremoto en China años atrás.
No obstante, para poder acceder a dicha herencia, el supuesto letrado le exigía al perjudicado la realización de una serie de pagos en efectivo. Con el fin de otorgar credibilidad a sus demandas, el estafador y sus cómplices fabricaron documentación falsa, como una declaración jurada ante el Ministerio de Justicia, certificados de una empresa o documentos bancarios.
Además, el acusado abrió una cuenta bancaria a su nombre, utilizando un pasaporte falsificado, donde recibió 5.820 euros de la víctima. Pese a los evidentes errores de formato y contenido de los documentos presentados, la condición de extranjero del perjudicado y su desconocimiento del idioma español y los trámites oficiales en nuestro país, le hicieron caer en el engaño.
UNA CONDENA QUE NO LOGRA RESARCIR EL DAÑO ECONÓMICO
La sentencia ha reconocido la concurrencia de atenuantes, como las dilaciones indebidas y la reparación parcial del daño, ya que el acusado consignó 1.000 euros antes del juicio. Sin embargo, la víctima ya había abonado otras cantidades que superan los 122.000 euros a otros presuntos estafadores, cuyo paradero se desconoce.
Pese a la condena de dos años de prisión impuesta al estafador, la dificultad para recuperar la totalidad de los fondos suplantados evidencia la complejidad de este tipo de delitos y la necesidad de reforzar los mecanismos de prevención y persecución de estas redes delictivas a escala internacional.