Nicaragua, cuando ser madre es algo obligatorio en la adolescencia

Cada lunes Sebastían Laguna, director del Hogar Lucero del Amanecer, organiza la semana con su equipo. El objetivo más importante es la búsqueda de menores embarazadas por las diferentes calles y comunidades que forman Camoapa, una pequeña ciudad dentro del departamento del Boaco en el centro de Nicaragua, algo que hacen desde 2014.

Las chicas embarazadas que buscan tienen edades que oscilan entre los 11 y los 17 años, con especial atención a las niñas de entre 11 y 15 años, pues en estas últimas los embarazos suelen ser de alto riesgo para su salud.

METODOLOGÍA DE BÚSQUEDA

Sebastián para esta búsqueda se coordina con las comunidades de los diferentes barrios y pueblos cercanos de la zona y de las instituciones educativas, también se pregunta por los diferentes centros de salud público y a personas de «prestigio» dentro de las poblaciones cercanas a Camoapa, el embarazo a estas edades es un fenómeno bastante generalizado pero oculto debido al estigma social al que la mujer está sometido en el país centroamericano.

Todo esto se encuentra dentro del programa ‘Una vida a la vez’. Una iniciativa social que intenta dar atención sanitaria, acceso a la educación y formación laboral a los niños y niñas de esa región de Nicaragua, una de las más humildes del país. La metodología de trabajo también tiene muy en cuenta las zonas rurales cercanas, pues en esos ambientes donde se registran los mayores índices de embarazos en niñas y adolescentes.

La labor se desarrolla dentro de la ong Hogar Luceros del Amanecer, una entidad que desde 2004 trata de mejorar la situación de los menores de Camoapa, una población situada a poco más de 100 kilómetros de Managua. Las líneas principales del trabajo de la organización se basan en la educación y la sanidad intentando crear una base para la protección a los niños y niñas de la región.

Y es que hay que recordar que Nicaragua es un país donde un tercio de los 6 millones de su población vive bajo el umbral de la pobreza, el índice de miseria y los embarazos no deseados es vinculante al nivel cultural y de formación de las chicas según cuenta el director de Luceros del Amanecer y otras entidades.

«estos niños no deseados suelen crecer sin padre, un gran número de las embarazadas suele ser abandonas por el padre del recién nacido, y esta situación de abandono y marginalidad avoca a las chicas a la prostitución, el narcotráfico y las pandillas para ganarse la vida o buscar un sistema de protección dentro de sociedades marcadas por la marginalidad»

Ante está situación, Laguna explica que «estos niños no deseados suelen crecer sin padre, un gran número de las embarazadas suele ser abandonas por el padre del recién nacido, y esta situación de abandono y marginalidad avoca a las chicas a la prostitución, el narcotráfico y las pandillas para ganarse la vida o buscar un sistema de protección dentro de sociedades marcadas por la marginalidad».

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Control y entrevista a una adolescente embarazada

Nicaragua cómo reflejo de Centroamérica

Este fenómeno es bastante común en Centroamérica y el Caribe. Según un estudio de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) la tasa media en el mundo de embarazos en adolescentes de entre 15 y 19 años es de 46 embarazos por cada 1000 adolescentes, mientras que en Centroamérica y el Caribe este índice está disparado por encima de los 55.

A la cabeza de estas estadísticas se encuentran Nicaragua y la República Dominicana con 66, solo superadas por algunas zonas del África subsahariana. Estas cifras son similares a las ofrecidas por el Banco Mundial y el Repositorio Centroaméricano SIIDCA-CSUCA, que señala que en el país centroamericano el 25% de las chicas de entre 14 y 19 años quedan embarazadas.

‘Una vida a la vez’

Para combatir esta problemática a partir del año 2015 el Hogar Luceros del Amanecer comenzó a trabajar en el programa ‘Una vida a la vez’ para paliar la situación de extrema precariedad de la mayoría de las afectadas por estos embarazos prematuros. «Nuestra misión es ayudar a la salud de la embarazada y del futuro niño, las chicas viven rodeadas de miseria y violencia.  Intentamos asesorarlas de cara al futuro y a su nueva realidad, que se mantengan dentro de sus estudios e incluso formamos profesionalmente a las que podemos para que intenten tener un futuro profesional», señala Sebastián.

Las chicas a las que atiende el Hogar suelen tener entre 15-18 años, aunque ha aumento mucho el segmento de entre 10-14 años. Suelen ser embarazo en su primera relación afectiva, pobres, de nivel cultural bajo y que en muchos casos viven en zonas rurales. «Estas relaciones no se realizan en ambientes saludables, sin higiene o métodos anticonceptivos sobre los que existe un enorme tabú en la sociedad nicaragüense», comenta Laguna. En estas circunstancias también hay que recordar que el aborto en Nicaragua esta prohibido desde 2006 en cualquier circunstancia y penado de manera bastante dura por las autoridades.

Necesidad de atención sanitaria

Dentro del apartado sanitario desde la entidad siempre remarcan que las niñas embarazadas necesitan de manera urgente atención sanitaria, pero es difícil dispensarla puesto que muchas de ellas esconden sus embarazos por el sentimiento de culpabilidad que la propia sociedad les transmite. Además, hay que añadir que en la mayoría de los casos han quedado embarazadas dentro de unas relaciones de desigualdad claras entre el hombre y la mujer, donde los hombres poseen un poder absoluto y el machismo está presente.

A esta situación hay que añadir que la violencia sexual, que en ocasiones es intrafamiliar, es la que ha propiciado los embarazos, un dato aterrador y que también complica la localización de estas menores. En este entorno el sexo temprano sin afectividad y con vínculos afectivos pobres es tremendamente doloroso para las chicas según indican el departamento psicológico de la organización. Además, añaden que estos embarazos no deseados «crean unas relaciones muy pobres en afectividad entre las madres y los niños y las madres y sus entornos familiares. Bebés abandonados, otros cuidados por abuelos y bisabuelos, padres que echan a las niñas de casa, circunstancias muy duras en un entorno de pobreza enorme y una terrible inseguridad física para niñas que de la noche a la mañana se vuelven madres sin apenas educación y medios para ello».

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Los cuidados sanitarios son prioritarios para las adolescentes de Nicaragua

Ayuda psicológica para revertir la situación

Desde hace un par de años en el programa han añadido la atención psicológica para atender a estas niñas y adolescentes. En este sentido Sebastián Laguna remarca que «a parte del peligro físico y del daño social nos dimos cuenta que teníamos que prevenir y combatir un peligro bastante oculto: el daño emocional». «Tenemos el deber de revertir el impacto emocional que supone ser madre a tan temprana edad, que las chicas vuelvan a aceptarse y pasen página para proseguir su vida», señala.

Por ese motivo, gracias a la colaboración de la asociación española Gentinosina Social, crearon en 2021 el Servicio de Atención Psicológica en Camoapa que en su primer año de existencia ha atendido a más de 40 niñas y adolescentes embarazadas de alto riesgo y a otros 250 niños y niñas que acuden al Hogar Luceros del Amanecer.

Con este tipo de ayuda se invita a combatir el estigma y las dificultades que las chicas Camoapa enfrentan. Entre los objetivos del programa no solo se intenta educar a las chicas, también es prioritario poner el foco en los hombres, los profesionales del programa intentan hacerles ver que otra masculinidad es posible y dejar de estigmatizar la virginidad de las mujeres debido a la escasa educación sexual que se da a los jóvenes en el país.

En este sentido, hay que señalar que la educación sexual es un tabú en Nicaragua y el acceso a los métodos anticonceptivos muy difícil e incluso, en las zonas rurales, inexistente. Además, en el programa no solo se trata de salvar su infancia, también es importante ser una base a futuro. Por eso se ofrece un soporte y un control posterior al parto, intentando que reconduzcan su vida de forma material y mental.

El trabajo del programa también va encaminado a combatir la soledad que sienten, tanto a nivel mental como físico, muchas son expulsadas de sus casas familiares y abandonadas por sus parejas. Por eso, además el Hogar intenta cambiar la cultura de violencia que se da desde la sociedad hacia las niñas embarazadas. Siendo la recuperación de la autoestima fundamental para su futuro.

Nicaragua es uno de los países más pobres de América y su mentalidad conservadora en torno a las relaciones sexuales no ayuda en la labor de evitar estos embarazados. Por este motivo, desde este programa se quiere poner el foco en la educación de las nuevas generaciones y que ser madre no sea algo interpuesto eliminado la maternidad infantil.