La Universidad Politécnica de Madrid quiere robots que se enamoren

Hasta ahora, la historia de amor entre Wall-E y Eva, de la conocida película de Disney, parecía quedarse únicamente en la ficción. Sin embargo, la Universidad Politécnica de Madrid parece haber enfocado sus esfuerzos tecnológicos en llevar la historia de amor entre estos dos robots a la vida real. Y es que el conocido centro de estudios ha lanzado un contrato público para el «diseño y desarrollo» de robots emotivos y virtuales para su proyecto, que ha sido denominado AMOR.

«En los últimos tiempos, hemos visto cómo Internet se ha convertido en un elemento esencial de la sociedad». Así han explicado desde la Universidad Politécnica la llegada de las nuevas tecnologías, tanto a nivel nacional como internacional. Desarrollo tecnológico y social, gracias especialmente a Internet, que no sólo ha traído buenas noticias, sino que también ha provocado manipulaciones y actos dañinos, destinados a crear brechas sociales desde la inmensidad de Internet.

«Internet también es empleada con fines negativos, tóxicos, lucrativos e incluso criminales, con fenómenos como las campañas orquestadas de desinformación o propaganda de grupos radicales» señalan desde la conocida universidad española en un informe de contratación. Unos fines que, tal y como destacan desde la Politécnica, se llevan a cabo aprovechando «la respuesta emotiva inconsciente de los individuos».

Manipulación negativa de las emociones de los ciudadanos españolas ante la que la Universidad Complutense ha decidido hacer un contrato público, de cerca de 200.000 euros públicos, para el diseño de unos robots emotivos que «enseñen» a los ciudadanos a «desarrollar competencias para potenciar el pensamiento crítico» con respecto a Internet.

En concreto, el contrato tiene una cuantía de 183.479 euros, que serán destinados al «diseño y desarrollo de un prototipo de laboratorio de interacción afectiva basada en robots emotivos y virtuales para el proyecto AMOR». Un proyecto que busca crear robots «sentimentales», al más puro estilo Wall-E, que nos ayuden a comprender y a mejorar nuestra relación con las nuevas tecnologías, y con el ancho mundo digital.

LOS ROBOTS QUE ENSEÑAN A USAR INTERNET

«El proyecto AMOR debe soportar el diseño de experimentos que permitan el análisis de emociones y sentimientos morales en textos de fuentes externas y cómo la intermediación de robots y visualizaciones novedosas puede ayudar a la población a desarrollar competencias para potenciar el pensamiento crítico […] para comprender cómo detectar y defenderse de fenómenos como la desinformación y la manipulación» destacan en el documento contractual que la Universidad Politécnica ha hecho público.

Así pues, parece que estos robots enseñarán a la ciudadanía, según el proyecto AMOR, a entender y estar alertas ante los posibles malos actos que estén presentes en Internet. Especialmente, de cara a «colectivos vulnerables, personas mayores, personas con dependencia, y zonas rurales con riesgo de despoblación». Población vulnerable que, según el estudio de la Universidad, podrían contar con el uso de «robots sociales, emotivos, reales y virtuales, que actúen como mediadores entre las fuentes de información y el usuario«.

Robots «maestros» para enseñar a usar Internet a sus propios creadores que deberán contar, según el contrato público, con reconocedores de emociones, mediante sensores visuales y auditivos, así como con un módulo de razonamiento, y capacidad para expresar emociones faciales, vocales e incluso emociones corporales.

Robots

Un planteamiento que parece volver a sacar a relucir la polémica sobre el desarrollo tecnológico, especialmente de los robots, siendo muchos los que dudan de si «humanizar» la tecnología pueda conllevar consecuencias aún más nefastas para la sociedad que la actual brecha digital. Dudas y polémicas que se han producido en los últimos años, pero que no parecen haber parado el interés de la Universidad Politécnica de Madrid para, a través de los fondos Next Generation de la Unión Europea, buscar la manera para que los robots consigan «enamorarse» de la capital española, y de sus ciudadanos, gracias al proyecto AMOR, y a las arcas públicas de la nación.