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La difícil relación entre la reina Isabel II y Margaret Thatcher

Desde que Isabel II fuera nombrada monarca del Reino Unido han pasado un total de 15 primeros ministros, desde Churchill, hasta Boris Johnson. Todos han tenido que pasar por las manos de Isabel II, la reina más longeva de la historia del país, y sin lugar a dudas todos concuerdan que con la que más diferencias ha tenido fue con Margaret Thatcher. Estas dos figuras fueron las mujeres más influyentes a nivel político y solo se llevaban cinco meses de diferenciar, pero nunca llegaron a congeniar, ya que pertenecían a mundos totalmente opuestos y tenían ideales que no tenían punto en común sobre la manera de tratar a la sociedad.

Es un secreto a voces que la relación era fría y con constantes confrontaciones que les llevaron a tener que afrontar infinidad de conflictos. Todos los políticos, funcionarios o personas que rodeaban los altos poderes de Reino Unido apuntan a que esos años en los que ambas mujeres trataban de ganarse el respeto de la población fueron complejos y bastante difíciles. Y era evidente que estas dos personalidades iban a chocar y que no iban a dejarse intimidar por la otra, convirtiendo su enemistad en una guerra entre las ideas de extrema derecha de Thatcher y los indicios que dejaba entrever la reina sobre sus ideas izquierdistas.

Lo que se podría haber quedado como un problema de los poderes conflictos, se extrapolo en una de las épocas más violentas de la historia de Inglaterra. En poco tiempo los rumores se expandieron por todos los rincones del país, poniendo en la tesitura a la población de posicionarse entre Margaret Thatcher o la reina Isabel II. El punto de inflexión llegó en el año 1984 que crispo por completo la relación entre las dos figuras, pasando de ser un problema personal, a ser un conflicto de intereses a nivel nacional y más cuando estaba en juego la economía y el prestigio del país.

Durante esos años el sector de la minería decidió tomar cartas en el asunto y se plantó convocando una huelga que paralizó a más de la mitad de los mineros británicos. A posteriori, este hecho fue considerado la mayor disputa industrial de la posguerra británica, debido a que Margaret Thatcher se mostró firme y dejó en claro que se oponía rotundamente a la huelga, tratando de desprestigiar y quitarle poder a los sindicatos. La primera ministra siguió fiel a sus principios derechistas y no se dejó convencer por nadie, hasta el punto de que trató de extorsionar a las esposas de los mineros para que dejarán de hacer huelga y volvieran a su puesto de trabajo.

La reina Isabel II estuvo observando toda esta situación y planeando su jugada como si estuvieran jugando una partida de ajedrez. Y entró a jugar la partida en el mejor momento, ya que, después de que Thatcher tildase la huelga como una guerra entre Inglaterra y los mineros, la reina comunicó oficialmente que se colocaba en el bando de los mineros e instaba a los trabajadores a reclamar su derecho a huelga. Esto crispó aún más la relación entre Thatcher y Isabel II y comenzó una Guerra Fría que siguió durante el archiconocido ‘apartheid’ en Sudáfrica, donde por enésima vez, las dos mujeres sacaron a relucir su enemistad al posicionarse una en contra de las sanciones que se habían aplicado al país africano, en este caso la primera ministra, y, por otro lado, la reina Isabel II apoyó desde el primer momento las penalizaciones a Sudáfrica.

A nivel profesional nunca llegaron a un acuerdo, ni firmaron una tregua hasta que Margaret Thatcher fue destituida de su puesto en el año 1990. Podríamos pensar que su relación no fluía por sus diferencias políticas, pero la realidad es que eso era solo la punta del iceberg. Thatcher provenía de una familia trabajadora de un zona pobre de Inglaterra y fue educado bajo el ideario conservador que se lo grabaron a fuego sus padres, mientras que el expediente de Isabel era como el día y la noche, viviendo toda su vida las comodidades y las excentricidades de la realeza inglesa. Esta diferencia social fue uno de los principales motivos por los cuales dos de las figuras más importantes de la política inglesa del siglo XX nunca llegaron a buen puerto.

Por si fuera poco, no solo sus orígenes y principios era lo que generaba constantes rifirrafes entre las dos entidades, sino que su personalidades estaban creadas para chocar entre ellas. Ambas mujeres eran como el día y la noche, como el agua y el aceite, la primera ministra siempre se ha caracterizado por ser una persona seria, firme y con poco sentido del humor, mientras que los allegados a la monarca han afirmado en multitud de ocasiones que Isabel es una mujer con un sentido del humor muy peculiar y seco.

Fue tal la rivalidad que se generó que, tanto Thatcher como Isabel II, analizaron cada uno de los movimientos y los pasos falsos que daba la otra. Los espectadores que presenciaron de primera mano la confrontación y las trabas constantes que se ponía la una a la otra, llegaron a afirmar que, no solo crearon un ambiente de competitividad y reproches, sino que llegaba a incomodar a todo aquel que trataba de mediar entre ellas. La periodista Judy Wade, que estuvo trabajando con la realeza buena parte de su carrera profesional, aseguró que Thatcher trataba de conocer hasta el más mínimo detalle de la vida de Isabel, hasta el punto de preguntar los vestidos, que tan icónicos han sido para el mundo del estilismo, que iba a utilizar la reina en los eventos para no coincidir ni en diseño, ni color, ni estilista.