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Europa después de la Segunda Guerra Mundial: Ajedrez y geopolítica


En un artículo anterior contaba lo que fue el Dia D y sus consecuencias. En esta ocasión me quiero centrar en lo que pasó después de la segunda guerra mundial, ya que era muy importante saber qué bloques se formarían en una Europa posterior de un suceso de tal magnitud. Las claves estaban en las posiciones entre la Unión Soviética y los Estados Unidos por ganar áreas de influencia, y golpearse una a la otra, utilizando a Europa como un campo de batalla político, y un posible trampolín de sus aspiraciones.

La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto bélico que marcó nuestro mundo. El fin de la guerra en Europa, conocido como Día de la Victoria en Europa, no fue el último episodio de la contienda. Aún faltaba la derrota de Japón. Sin embargo, fue un gran hito que marcó el paso hacia un nuevo orden mundial. Estados Unidos emergió como gran potencia militar del conflicto, adelantando a Moscú en el desarrollo de armas nucleares. Desde ese momento, se convirtió en el actor primario del poder estratégico global.

Pero la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se puso rápido al día. Y su decisión de retener el control en gran parte de Europa del Este frustró a aquellos que esperaban un nuevo orden con menor confrontación.

Se creó la idea de Occidente, una alianza de valores que no solo se basaba en las fronteras, sino también en las ideas. Aquel día de la victoria en Europa como decía antes, no significó el fin del conflicto, pero marcó la geopolítica de las décadas posteriores.

Quedó muy poco de la estructura de instituciones internacionales de antes de la guerra. Hubo un consenso generalizado, sin duda mayor que él se dio después de la Primera Guerra Mundial, de que era necesario construir un orden global.

Tras el fin de la guerra, estaba claro que los dos únicos claros ganadores fueron la Unión Soviética, pese al gran número de muertes en sus filas y los Estados Unidos a pesar de los gastos económicos que le supuso la contienda. Estas dos naciones, habían obtenido gran peso en la política internacional, y una gran influencia en el continente europeo.

Europa quedó devastada tras esta guerra, perdiendo no sólo importantes infraestructuras, sino muchas vidas humanas, lo que la llevaría a experimentar un retroceso gigantesco, en materia económica, industrial, agrícola y política, llegando a perder incluso la mayoría de sus colonias.

Pero por fortuna para Europa, su bienestar pasó a ser de gran interés para las dos principales potencias, ya que a Estados Unidos le preocupaba tener un socio comercial que evitara una crisis de superproducción estadounidense, y a la Unión Soviética le importaba que Europa no cayera en manos de Estados Unidos.

Europa después de la segunda guerra mundial

Estados Unidos creó programas de ayuda económica, mientras que la Unión Soviética intentó ejercer influencia a través de los partidos comunistas.

Este escenario suponía para Europa una nueva oportunidad, la cual era servir como un agente de equilibrio entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, para ello la unificación debía empezar a construirse con el fin de obtener más fuerza. Pero mientras esto ocurría, Estados Unidos temía que la Unión Soviética tuviera un ánimo expansionista sobre Europa, y contrariamente, la URSS temía un expansionismo capitalista estadounidense.

En 1946, había surgido finalmente “un telón de acero” así lo describiría Churchill, entre el Este y el Oeste.

Tras el fracaso de la primera unificación europea, surgió la idea de un bloque occidental, que adquirió más fuerza con la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en 1949(OTAN), como un medio de protección militar, que evolucionó para convertirse en un instrumento defensivo.

En 1953, tras la muerte de Stalin, la política exterior de la URSS cambió, y pasó de ser una política antioccidental a una de coexistencia pacífica entre el este y el oeste.

Finalmente, en la década de los 50, con el florecimiento económico, Europa logró consolidarse en dos bloques, uno occidental, alineado alrededor de la OTAN, y otro bloque oriental, alineado alrededor del Pacto de Varsovia. Tanto la Unión Soviética como los Estados Unidos habían asegurado sus áreas de influencia, y con ello, logrado un equilibrio relativo en Europa, que acabó dividida, y acotada en sus propios márgenes de acción política.

Europa después de la segunda guerra mundial

La “Guerra Fría”, como se le denomino, era una muestra del constante deseo de poder, y la lucha desgarradora entre los países, principalmente entre las dos superpotencias, por intentar imponerse al resto del mundo, y en este caso más que patente en el contexto europeo, que si bien fue un área clara en disputa, no fue la única, ya que también América Latina y el sureste asiático quedarían atrapados en este caos bipolar.

La historia, está caracterizada por el conjunto de momentos en que lo imposible o absurdo suele dominar, la Guerra Fría, la Europa post-bélica, y el antagonismo Estados Unidos-URSS, sólo muestran que este patrón se repite, dejando en manos de los países, o en su defecto, de unos cuantos líderes las políticas de conveniencia, orientadas no a mejorar el panorama, sino a no empeorarlo a través del posicionamiento de sus intereses.

Cabe decir, que Europa se tambaleó entre la decisión de ser títere de la Unión Soviética o de los Estados Unidos, del capitalismo o del socialismo, lo que se aprecia en aquella famosa opinión de Winston Churchill: “El defecto inherente del capitalismo es el reparto desigual del beneficio. El beneficio inherente del socialismo es el reparto equitativo de la miseria”. ¿Cuál era mejor?, Europa no lo supo en su debido momento, por lo que cada mitad intentó un camino distinto.

La creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) fue un logro clave. También el sistema económico de Bretton Woods, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Casi todas las instituciones internacionales dependían de los intereses de EE.UU. y apoyaban su sistema. A partir de ese grupo de organizaciones dominadas por Occidente, un orden internacional muy distintivo evolucionó durante las décadas de crecimiento de los años 50 y 60.

Incluso existe la tendencia que las grietas en el sistema de valores occidentales actual se deben a que pocos políticos, por no decir casi ninguno, pertenece a la generación inmediata de la postguerra.

Y es que la ignorancia de la historia contemporánea está siendo otro problema.

China, el gigante asiático no ha entrado en escena solo recientemente, ya que fue uno de los miembros originales permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

Europa después de la segunda guerra mundial

Por eso la URSS retuvo gran parte de su control en Europa del Este para hacer frente al poder hegemónico de EE.UU en Occidente.

Estados Unidos siempre se preocupó por China antes y después de la guerra. China pasó de ser un país pobre y rural a una superpotencia mundial

Estados Unidos siempre consideró que la China precomunista sería un gran poder en el nuevo mundo y que, de forma natural, contrarrestaría el antiguo poder imperial de Francia y Gran Bretaña. Además, quedó tan traumatizado cuando perdió China ante los comunistas en 1949 que no lo superó hasta 1972 e incluso ahora puede que esté experimentando, otra vez, un síndrome de desilusión ante el rol de China en el mundo.

A diferencia de hoy, la China del siglo XX no era vista como una amenaza económica y tecnológica.

El nuevo y emergente orden mundial, está basado en el simple hecho de que más de la mitad de la población mundial vive dentro de un círculo que puede dibujarse alrededor de China, India y el sudeste asiático.

Estamos ante una geografía económica del mundo que se debía traducir en un orden político nacional, que luego conducirá a nuevas estructuras políticas internacionales.

Setenta y siete años después del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, es interesante observar que el mundo, se prepara para un nuevo orden global. Probablemente sea prematuro establecer conclusiones sobre cómo será el mundo en la era post-coronavirus.

Tras la Segunda Guerra Mundial emergió un sentido de servicio público y solidaridad. Sería una gran noticia si algo similar ocurriese ahora, aunque el suceso es diferente, pero tristemente no hay signos de que este vaya a ser el caso.

Es indudable que la paz más injusta siempre es mucho más justa que cualquiera de las guerras. Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren, pero el hombre tiene que establecer un final para siempre a las guerras, porque si no, serán estás las que establecerán un fin para la humanidad.