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Gestión de residuos, clave para la economía circular

Gestión de Residuos para reciclar, transformar o eliminar los materiales ya utilizados es uno de los ejes de la economía circular.
La vida útil de plásticos, bricks, botellas incluso residuos orgánicos llega más allá del contenedor. 

Por Gestión Integral de Residuos se entiende al conjunto articulado e interrelacionado de acciones regulatorias, operativas, financieras, administrativas, educativas, de planificación, monitoreo y evaluación para el manejo de los residuos, desde su generación hasta la disposición final.

La gestión de residuos abarca sólidos, líquidos y gases con sus correspondientes métodos para cada uno de ellos, por lo que no se puede hablar solamente de residuos sólidos para el caso de los residuos urbanos o residuos municipales, por ejemplo, pues en este caso, los residuos llamados sólidos se van transformando en el transcurso de las etapas, desde su generación hasta la disposición final liberando gases y dándose los lixiviados. Por este motivo se suele definir el modelo como Gestión Integral de Residuos.

Consideramos gestión integral de residuos a los aspectos relacionados con la generación, separación y tratamiento en la fuente de origen de los residuos, así como su recolección, transferencia y transporte, tratamiento en plantas especializadas, reciclaje y distribución de vuelta a los procesos productivos y, de nuevo, a los ciclos de consumo humano.

NO SON RESIDUOS, SINO ACTIVOS

Los responsables del tratamiento de los residuos consideran que la sociedad debería cambiar de criterio y, en primer lugar, sería conveniente considerar estos materiales no como un residuo sino como un activo.

Hace décadas, todo lo que teníamos en casa y en las empresas era valioso y se reaprovechaba. Así, los traperos recibían papel, plástico, ferralla y cables para llevarlos a lugares donde se reaprovechaban. A cambio, recibíamos una pequeña cantidad de dinero.

Los sistemas de economía circular se basan en este principio, aunque no nos paguen directamente por cada elemento que llevamos a los contenedores o a los puntos limpios. De allí se distribuye a las empresas receptoras que lo tratan, limpian y reciclan, devolviéndolo a la sociedad a través de los productores, que vuelven a utilizar esos materiales. De todo ello debemos tener conciencia, sabiendo que el coste de esta gestión lo asumimos todos, bien al pagar un producto que compramos, bien al asumir el coste de reciclaje, como ocurre con los neumáticos o el aceite usado.

Los residuos se pueden clasificar según su origen o según su composición. En cuanto al origen, tenemos los siguientes:

  • Domésticos: generados en los hogares
  • Comerciales: generados en los comercios
  • Industriales: generados en las industrias y fábricas
  • Biorresiduos: residuos biodegradables de jardines y parques, residuos alimenticios y de cocina
  • De la construcción: todos los generados en obras de reforma y construcción
  • Sanitarios: generados en los hospitales
  • Mineros: residuos generados en las actividades de extracción y minería
  • Radioactivos: residuos generados en actividades que trabajan con elementos químicos radioactivos.

Según su composición podemos encontrar:

  • Residuos orgánicos: es cualquier residuo de origen biológico, como plantas o alimentos
  • Residuos inorgánicos: es cualquier residuo que no sea biológico, como un plástico o metal
  • Mezclas de residuos: es una fracción de residuos que mezcla las dos anteriores
  • Residuos peligrosos: es cualquier residuo con potencial altamente tóxico o peligroso, como disolventes, pinturas, etc.

La gestión de residuos abarca también los considerados como peligrosos. Además, el proceso varía en función de zonas del planeta, países más o menos desarrollados y, en España, en zonas rurales o en ámbitos urbanos. Por ejemplo, en calles estrechas con muchas viviendas, normalmente en el centro de las urbes, los contenedores son más pequeños, individuales para cada vivienda o bloque. Hay municipios en los que la recogida es diaria y, cada jornada retiran un tipo concreto: orgánicos, residuos, papel, plástico, vidrio, etc. En otras zonas se distribuyen grandes contenedores a los que acuden los ciudadanos a reciclar.

En paralelo, se crean espacios, llamados Punto Limpio, a los que podemos llevar todo tipo de residuos y depositarlos cada uno en su contenedor.

ESTÁ EN NUESTRA MANO

Para los residuos que producimos a título individual o familiar, se ha creado un sistema que empieza por la distribución de contenedores en los que dejamos las bolsas con los productos y elementos que ya no vamos a utilizar.

Para ello es de vital importancia que nos concienciemos en separarlos para llevarlos a los contenedores más apropiados.

Disponemos de colores para cada uso. En cada país pueden variar.
En España, éstos son los colores más habituales:

  • Azul. papel y cartón. Debemos tirarlos lo más estirados posibles y siempre, en solitario, no en una bolsa de plástico que luego se quede dentro.
  • Verde con forma de iglú. Sirve para cualquier tipo de cristal que se recicla para crear nuevas botellas, envases y otros productos de vidrio.
  • Amarillo. En este contenedor van todos los plásticos y los envases. Si no es un iglú todo amarillo, se utiliza contenedor de otro color, pero con tapa amarilla.
  • Marrón. Este color se asocia a los residuos orgánicos, es decir, todos aquellos restos que pueden servir para elaborar compostaje. En algunos lugares es un contenedor verde, pero rotulado con la señal de orgánico.
  • Rojo. Está pensado para desechar residuos hospitalarios o componentes sanitarios contaminados. Requiere de un tratamiento especial.
  • Gris. En este contenedor se desecharían los restos, es decir, lo que no tenga cabida en ninguno de los anteriores.
  • Otros: existen contenedores pequeños, al lado de los iglús de vidrio que sirven para depositar pilas y baterías. En algunas ciudades están en las marquesinas de los autobuses.
  • Contenedores para ropa: Son cuadrados, altos y con una tapa basculante que se abre empujando una maneta metálica. En ellos podemos depositar la ropa que no utilizamos, en bolsas atadas para reconvertir la tela en materia prima reciclada o para utilizarla en locales de ayuda y solidaridad.
  • Contenedores de aceite usado. En algunos lugares existen unos pequeños cubículos para este fin. El aceite nunca hay que echarlo al desagüe por el fregadero ni por el Wáter. Un litro de aceite puede contaminar 40.000 litros de agua.

Todos estos elementos continúan se llevan en transportes apropiados hacia los lugares de reciclaje en los que separan y reconvierten la mayoría de residuos en productos de uso industrial. De este modo, podemos encontrar papel, vidrio, brick, plástico, aceite, energía de los orgánicos y telas que han salido de la transformación de estos productos previamente reciclados.

De este modo, las autoridades implementan acciones y normativas para lograr estos objetivos: minimizar en lo posible la generación de residuos; reutilizar el máximo de materiales reciclando; concienciar y educar sobre la gestión de residuos; mejorar el alcance de la gestión integral de éstos para que llegue a todas partes del país; usar métodos de tratamiento y eliminación que permitan recuperar material, energía y creación de nuevos productos y de combustibles y, también, maximizar el reaprovechamiento del resto de residuos para abono y fertilización.

Para todo ello debemos fomentar las nuevas tecnologías de esta cadena circular, que sean más ecológicas y menos dañinas que los métodos tradicionales como era la incineración de basuras. Esta tecnología permite ahora realizar pirólisos o incineración en tanques con poco oxígeno para no contaminar y generar energía o, incluso, combustible. También el reprocesamiento biológico para materia orgánica y papel, que se descompone y sirve de abono para la agricultura. En paralelo, fomentar el reciclado del material aprovechable como aluminio, plástico y papel. En cuanto a las aguas residuales, tratarlas extrayendo lodos y tratándolas para obtener agua de riego y convertir los lodos en fertilizantes agrícolas.

En cuanto a los residuos peligrosos, que incluyen explosivos, inflamables, sustancias que producen patologías, radiactivos y tóxicos de gran peligro para el ecosistema, las empresas responsables de ello los almacenan, etiquetan y tratan, aprovechando todo lo que sea posible sin causar apenas daños al medio ambiente.