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‘La tabernera del puerto’ vuelve a la Zarzuela con una historia «de amor y contrabando teñida de leyenda»

‘La tabernera del puerto’ de Pablo Sorozábal regresa al Teatro de la Zarzuela desde este viernes 19 hasta el 28 de noviembre con una historia de «contrabando y de amor en un pueblo marinero, teñida de leyenda», en palabras del director Mario Gas.

«Este romance marinero no es una obra realista ni lo pretende; se trata de un relato teatral teñido de un vapor de leyenda, o elemento poético, en el que se explica una historia de contrabando y de amor en un pueblo marinero», ha explicado Gas durante la presentación, añadiendo su deseo de «ser fiel a la obra».

«Hay que lograr que los intérpretes ayuden a contar la historia con todo el sentimiento y toda la verdad que permite el teatro, porque aquí se combina la pasión teatral con la cultura popular», ha explicado el director, cuyo padre, Manuel Gas, participó en el reparto del estreno de ‘La tabernera del puerto’ en el Teatro de la Zarzuela el 23 de marzo de 1940.

‘La tabernera del puerto’ fue estrenada en el Teatro Tívoli de Barcelona en mayo de 1936 –pese al éxito indiscutible, con no pocos problemas para el compositor debido a los tiempos convulsos que dos meses después derivarían en la Guerra Civil–, y en Madrid en marzo de 1940 –una vez terminada la contienda– en el Teatro de la Zarzuela.

El libreto original lo firman los dramaturgos Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, mientras que la escenografía y el vestuario están firmados respectivamente por Ezio Frigerio y la oscarizada (‘Cyrano de Bergerac’, 1991) Franca Squarciapino.

«La de ‘La tabernera del puerto’ es una partitura evocadora, de atmósfera impresionista y repleta de aires portuarios, de ultramar, de mestizaje y de fusiones modernas», señalan desde el teatro. El director musical, Óliver Díaz, asegura que la música de esta obra es «hija de su época».

«Responde a lo que ya se hacía en el resto de Europa: por una parte está el verismo y por otra el impresionismo. El compositor emplea magistralmente acordes, sonoridades y colores orquestales para describir el ambiente marinero del pueblo, recrear un acordeón en una de las canciones o dar vida a una galerna en escena», ha concluido.