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El Papa aborda con Michel la crisis de refugiados afganos

El Papa se ha reunido este sábado en el Vaticano con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, con el que ha abordado «la situación de los refugiados afganos», un día antes de que el pontífice viaje a Hungría y Eslovaquia, dos de los países europeos con políticas más beligerantes contra la acogida de inmigrantes.

Según ha manifestado la oficina de prensa de la Santa Sede, el encuentro que se desarrolló «en una atmósfera cordial, se trataron algunos temas políticos internacionales y regionales, con atención a la situación de los refugiados afganos».

«Sucesivamente en la conversación se hizo referencia a los próximos desafíos que esperan al continente en la perspectiva de la Conferencia sobre el Futuro de Europa», se lee en el comunicado.

Michel además reveló en sus redes sociales que había mantenido con el pontífice un «diálogo sobre los retos globales». «El futuro de la UE es una obra de constante progreso. Nuestros valores para proteger y mejorar la vida de las personas son ahora más esenciales que nunca. Los acontecimientos recientes en Afganistán y Etiopía requieren nuestro apoyo incansable», añadió. Como es habitual en este tipo de visitas oficiales, Michel se reunió después del encuentro con el Papa con el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin y con el secretario para las Relaciones con los Estados, Paul Richard Gallagher.

Hungría y Eslovaquia, adónde el Papa se desplaza este domingo en un viaje de 3 días, conforman junto a Polonia y República Checa el bloque de países más reacios a la acogida de migrantes en Europa. Sus posiciones pretenden que ningún refugiado pueda pisar territorio europeo hasta que un Estado miembro le conceda asilo y que las solicitudes se tramiten en centros de registro fuera de la UE.

Este criterio contrasta con el plan migratorio respaldado por la Comisión Europea que incluye una solidaridad obligatoria entre los países del bloque europeo con cuotas que repartan los inmigrantes. Y también se sitúa en un plano diametralmente opuesto a la posición del Papa que ha hecho de la acogida de migrantes y refugiados uno de los caballos de batalla de su pontificado.