La vida de Teresa Rabal: deudas, enfermedades y secretos familiares

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Desde hace ya varios veranos, Televisión Española tiene una apuesta segura para su parrilla. “Lazos de sangre” no ha defraudado hasta ahora, ni a la cadena ni a la audiencia. En la desolación televisiva que suele caracterizar al verano, este programa sobre las historias de las sagas más conocidas de nuestro país es garantía de emoción y entretenimiento.

Este verano se ha puesto al frente Boris Izaguirre y, en las últimas semanas, “Lazos de sangre” ha abordado las biografías de José Bono, Carmen Sevilla, Sara Montiel o Manolo Escobar. Ayer le tocó el turno al cineasta Francisco Rabal y su mujer la actriz Asunción Balaguer. La pareja vivió una hermosa historia de amor que tuvo que sobreponerse a infinidad de obstáculos. Ambos formaron una pareja perfecta pese a sus diferencias sociales, siendo él hijo de un minero murciano y ella perteneciente a la burguesía catalana.

Aportaron sus testimonios al respecto grandes nombres del cine español: Carmen Maura, Javier Gutiérrez, Emilio Gutiérrez Caba, María Barranco o Pepe Viyuela. Y, lo más relevante, el debate posterior al documental participó Teresa Rabal, la hija mayor del matrimonio, que aportó claves indispensables para acercarse a la realidad de esta mítica familia.

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Un amor a prueba de infidelidades

La relación entre sus padres no fue siempre fácil. Les separaba, en primer lugar, todo un abismo social, pues procedían de ambientes muy distintos. Sin embargo, el amor triunfó por encima de todos los obstáculos. Paco Rabal se declaró en mitad de un autobús, camino de Córdoba a Algeciras y se dieron el “sí, quiero” en 1951, tan solo un año después de conocerse. Para ella fue el único hombre de su vida.

Pero no sucedió lo mismo al contrario. Es decir, Asunción no fue la única mujer de la vida de Paco. “Mi padre hizo lo que quiso”, reconoció Teresa Rabal. Asunción tuvo que acostumbrarse a que su marido saliese de juerga y no volviese a casa hasta por la mañana. Prefería no preguntar con quién pasaba la noche, aunque “Paco le dejaba miguitas para que entendiera”. Aunque a veces es mejor no entender.

Y es que Rabal fue uno de los grandes galanes de su tiempo, un seductor nato y un mujeriego empedernido. “Nunca se lo llegaron a recriminar”, recordó Teresa. Aunque alguna que otra bronca sí que hubo en casa.