Los diez casos más extraños a los que se ha enfrentado el FBI

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La Oficina Federal de Investigación, el FBI por sus siglas en inglés, comenzó su actividad en 1908, y desde entonces ha investigado infinidad de casos a lo largo y ancho de Norteamérica y el resto del mundo, así que no es de extrañar que los agentes se hayan visto envueltos en investigaciones capaces de dejar con la duda al más experimentado de los sabuesos. Un aspecto a tener en cuenta es que ‘los chicos de la oficina’ no sólo se han dedicado a husmear casos criminales, han mirado con lupa hasta canciones de la música rock.

En esta lista recopilamos algunos de las casos más extraordinarios inspeccionados por la agencia.

Estas son las pruebas:

El caso de Majestic 12

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Durante la década de 1980, un supuesto expediente filtrado por el gobierno comenzó a circular entre los amantes de la ufología. En él se hacía referencia a una organización denominada Majestic 12 o MJ-12, formada en 1947 por líderes mundiales, altos mandos militares y científicos, que bajo la supervisión del presidente Harry Truman, se dedicaba a la investigación y recuperación de naves espaciales que supuestamente habían aterrizado en la Tierra, una especie de organización como la ideada en la película ‘Men in Black’.

Entre los miembros del MJ-12, se encontraban personalidades de la talla del científico Vannevar Bush, el primer secretario de Defensa de los Estados Unidos, James Forrestal, o el biofísico Detlev Bronk, además del mismísimo primer mandatario, Harry Truman.

El FBI estuvo analizando durante años el memorando fechado en 1952, y los agentes concluyeron que era completamente falso: el MJ-12 nunca existió y la firma del presidente Truman, que rubricaba el documento, era una copia de una fotocopia.

Pueden revisar el expediente completo pinchando aquí.

El caso de la canción ‘Louie, Louie’

Extraño pero cierto, el famoso tema musical ‘Louie, Louie’, popularizado por la banda The Kingsmen en 1966, y compuesto por Richard Berry en 1955, también estuvo bajo la lupa de los investigadores.

Jack Ely, líder y vocalista de la banda tenía una peculiar forma de cantar en la que  arrastraba las palabras hasta hacerlas casi ininteligibles.

Su particular estilo vocal provocó que numerosos padres se preguntaran que decía aquella canción que tanto escuchaban sus hijos. Pronto se corrió el rumor de que la letra era obscena y contenía mensajes ocultos.

Miles de progenitores preocupados protestaron enérgicamente ante las instituciones, alegando que las inmundicias del rock estaban corrompiendo a los jóvenes norteamericanos. El FBI tomó cartas en el asunto.

Durante dos años, los investigadores estudiaron la canción de cabo a rabo. y elaboraron un documento de más de 100 páginas, donde plasmaron sus investigaciones.

Los agentes escucharon el tema ralentizado, acelerado, y hasta del revés, para concluir que ‘Louie, Louie’ era una canción «indescifrable a cualquier velocidad».

El caso del Bigfoot

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El FBI también se dedica a realizar averiguaciones «en interés de la investigación científica».

Durante la década de 1970, Peter Byrne, un conocido criptozoólogo norteamericano, aseguraba tener evidencias de la existencia del Bigfoot, una criatura de gran tamaño que supuestamente habitaba en los bosques del país, y que surgió de la cultura popular.

En la década de los 60, Byrne había creado en el estado de Oregon el «Centro de Información y Exposición del Bigfoot», dedicado al estudio de esta bestia mitológica. Una década más tarde, encontró algunas muestras de cabello y piel que creía pertenecían al Bigfoot.

Al carecer del instrumental necesario para hacer las pruebas de ADN, Byrne solicitó la ayuda del FBI. En 1976, el subdirector de la agencia, Jay Cochran, de la división de servicios Científicos y Técnicos, se dispuso a examinar las evidencias.

Los analistas del FBI  concluyeron que los restos de piel y pelo pertenecían a un ciervo y no al Sasquatch, nombre por el que también es conocido el supuesto monstruo.

Caso cerrado.

El caso de la nota de Hottel

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Según el FBI, el caso de la Nota de Hottel, ha sido el archivo más visitado durante los dos últimos dos años en la página web de la agencia gubernamental, con más de un millón de clicks.

Se trata de un memorando de una sola página, fechado el 22 de marzo de 1950, y escrito por Guy Hottel, entonces jefe de la oficina en Washington, D.C.

En el documento, Hottel recoge el testimonio de un testigo que relataba el encuentro paranormal de un empleado de la Fuerza Aérea estadounidense.

El militar aseguraba haber avistado tres «platillos volantes» en Nuevo México, y proporcionó el siguiente detalle: «Las naves eran de forma circular con centros ovalados, aproximadamente de 50 pies de diámetro, cada uno de ellas estaba ocupada por tres cuerpos con forma humana pero de solo tres pies de altura, vestidos con una tela metálica de una textura muy fina. Cada traje estaba configurado de manera similar a los utilizados por los pilotos de velocidad y los pilotos de prueba».

La nota constituía una evidencia de que el famoso ‘Caso Roswell’, lugar de Nuevo México en el que en 1947 se habían encontrado supuestament los cadáveres de tres extraterrestres, podría ser real, pero el expediente nunca fue investigado. Primero, porque la nota fue escrita tres años después de la presunta aparición de los cuerpos de los alienígenas en el desierto de Nuevo México, y no existían pruebas que vinculasen el expediente con el caso. Segundo: años después del incidente de Roswell, el Director Hoover ordenó a sus agentes, por petición de la Fuerza Aérea, que verificaran cualquier avistamiento. Esa práctica finalizó en julio de 1950, cuatro meses después del memorando de Hottel, lo que sugiere que en las oficinas de Washington no consideraron la nota lo suficientemente consistente como para investigar el caso.

El caso de Ricky McCormick

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Desde el año 2011, el FBI ha solicitado la colaboración ciudadana para resolver el misterioso asesinato cometido en 1999 de Ricky McCormick.

El 25 de junio de 1999, el cuerpo de Ricky McCormick, un afroamericano de 41 años que había pasado unos los últimos recluido en una cárcel por abuso sexual, desapareció para siempre.

Cinco días después, su cadáver fue encontrado en un campo de maíz del condado de Saint Charles, en Misuri.

Su cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición, y junto al mismo los agentes hallaron dos notas encriptadas, compuestas por letras y números al azar, a veces separados por un paréntesis.

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El FBI puso a la Unidad de Criptoanálisis y Registros Racketeering (CRRU) al frente del caso, pero los expertos fueron incapaces de descifrar el código, por lo que la agencia comenzó a solicitar la ayuda de todo aquel que pudiera aportar cualquier información sobre los mensajes.

El Caso de la heredera secuestrada

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‘El caso de la heredera secuestrada’ es una las investigaciones que más personal del FBI ha involucrado para resolverlo, debido a la repercusión mediática de su protagonista.

Patty Hearts, nieta del magnate de los medios de comunicación, William Randolph Hearst, fue secuestrada el 4 de febrero de 1974 en California por un grupo terrorista de izquierda denominado Ejército Simbiótico de Liberación (Symbionese Liberation Army o SLA).

Los terroristas solicitaron un rescate y la familia acabó donando 6 millones de dólares para los pobres, después de lo cual, no recibieron noticia alguna de la cautiva.

El 5 de abril de 1974, mientras el FBI estudiaba las imágenes de un robo captadas por la cámara de seguridad de un banco, se percataron de que la joven desaparecida era una de las integrantes del grupo de atracadores. Fue fotografiada portando un rifle de asalto durante el golpe.

Hearst había cambiado su nombre por el de Tania y se había comprometido con las fuerzas del Ejército Simbiótico de Liberación. En septiembre de ese mismo año fue arrestada durante una redada en la que murieron abatidos el resto de sus compinches.

Durante el juicio, celebrado el 20 de marzo de 1976, Hearst declaró que había sido encerrada en un armario y sometida a abusos físicos y sexuales a lo largo de su cautiverio, lo que le causó un caso extremo de síndrome de Estocolmo, por el cual los rehenes acaban compadeciéndose de los captores.

Sin embargo Hearst fue sentenciada, y más tarde, puesta en libertad el 1 de febrero de 1979.

El caso de los francotiradores

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Los ataques de los francotiradores de Beltway‘ fueron una serie de acciones coordinados que se sucedieron en el área metropolitana de Washington a lo largo de tres semanas en octubre de 2002, y que dejaron un balance de 10 muertos y varios heridos críticos.

John Allen Muhammad, entonces de 41 años, y su hijo adpotivo Lee Boyd Malvo, de 16, fueron detenidos como los autores de las matanzas. Ambos recorrieron Estados Unidos a bordo de su Chevrolet Caprice, dejando tras de sí un rastro de terror y sangre.

Antes de los tiroteos de Beltway, la pareja había acabado con la vida de siete personas, y dejado heridas a otras tantas, con disparos a larga distancia.

Su particular modus operandi hizo que la captura de los asesinos se convirtiera en una tarea casi imposible. Los tiradores habían realizado un agujero en la parte trasera del vehículo por el que disparaban el rifle, ocultos en el maletero. Los asesinos podían desplazarse por toda la ciudad sin levantar sospechas.

El 2 de octubre de 2002, en el área metropolitana de Washington, comenzó su masacre.

A las 17:20 dispararon a través de la ventana de un comercio de Aspen Hill contra el cajero de la tienda. Afortunadamente no le alcanzaron, pero una hora después acertaron de pleno en el aparcamiento de un supermercado de Wheaton, donde abatieron a un hombre de 55 años.

En la mañana del 3 de octubre, cuatro personas murieron en un lapso de tiempo de dos horas en Aspen Hill y otras áreas cercanas al Condado de Montgomery. Por la noche, dieron caza a otra persona más en el Distrito de Columbia. Cada una de estas víctimas murió de un único disparo–

El 4 de octubre hirieron a una mujer en el pecho mientras cargaba la compra en su automóvil y el día 7, a un estudiante de 13 años. Dos días después asesinaron a un hombre mientras repostaba en una gasolinera, lo mismo hicieron el día 11 con otra persona en Virginia.

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El 14 de octubre mataron a Linda Franklin, analista del FBI, en el aparcamiento de un centro comercial. Tras su muerte, los disparos cesaron durante cinco días, hasta que el día 19 volvieron a asesinar a otra persona.

El 22 de octubre, mientras estaba sentado en su autobús, Conrad Johnson, de 35 años, recibió un disparo. Se convirtió en la última de las víctimas.

El 24 de octubre Muhammad y Malvo fueron encontrados durmiendo en su coche en un área de descanso de Maryland, tras una llamada de una vecina que sospechó de los ocupantes.

El caso de las habilidades extrasensoriales

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Durante la década de los 50, el FBI centró su atención en la percepción extrasensorial tras  pesar que, si era posible tener semejantes habilidades, el poder controlarlas resultaría un arma infalible para combatir el crimen y el espionaje.

Los agentes no podían permitirse el lujo de no «investigar el asunto en profundidad», pero debían hacerlo en el más absoluto de los secretos, ya que, debido a la naturaleza de sus pesquisas, podrían convertirse en el hazmerreír de los norteamericanos.

La investigación principal se centró en William Foos, un vecino de Richmond, Virginia, muy popular por sus supuestas habilidades extrasensoriales. Foos afirmaba que era capaz de proyectar imágenes en la cabeza de las personas invidentes, logrando así que éstos pudieran ver.

En 1957, el FBI contactó con Foos, que aunque se negó a someterse a ninguna prueba científica, sí realizó alguno de sus ejercicios mentales frente a los agentes.

Lo que los investigadores vieron no debió impresionarles mucho y descartaron que Foos tuviera cualquier tipo de poder mental.

Con el tiempo, la agencia dejó de interesarse por la materia gris.

El caso Unabomber

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Unabomber ha sido una de las investigaciones más costosas de la historia del FBI. Durante 17 años, Theodore John Kaczynski envió 16 bombas que acabaron con la vida de tres personas e hirieron a otras 28.

Nacido en 1942, Kaczynski fue considerado un genio de las matemáticas. Durante su carrera universitaria publicó decenas de interesantes artículos en revistas científicas, y en 1967 se convirtió en el profesor asistente más joven de la Universidad de Berkeley.

En 1971 tomó la decisión de retirarse a una cabaña asilada en las montañas del estado de Montana. Desde allí, elaboró un plan para reventar los cimientos de la sociedad. En mayo de 1978, envío una carta bomba a Buckley Crist, un profesor de la Universidad Northwestern. Su primer atentado dejó un herido leve.

Cuando ese mismo año colocó una bomba fallida en un avión, el FBI, tomó las riendas del caso.

Cometería otros 8 atentados parcialmente fallidos antes de causar la primera víctima mortal: Hugh Scrutton, el propietario de una tienda de venta de computadoras en Sacramento (California). Luego realizaría otros cinco atentados mas, el último de ellos en 1995, causó dos muertos.

Ese año, Kaczynski envió a los medios de comunicación un ensayo titulado «La sociedad industrial y su futuro», bajo la promesa de que si lo publicaban dejaría de poner bombas.

El «Manifiesto de Unabomber» afirmaba que «la revolución industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana». El FBI animó alNew York Times y al Washington Post para que hicieran público el documento, lo que finalmente condujo a su detención.

Los agentes pensaron que la divulgación del manifiesto podría facilitar la identificación de su autor y ofrecieron una recompensa de un millón de dólares a quien ofreciera cualquier información que facilitara su arresto.

¡Bingo! David Kaczynski, el hermano del terrorista, reconoció similitudes entre el manifiesto y alguna de las ideas de su hermano​. El 3 de abril de 1996, Unabomber fue detenido en la cabaña en la que vivía.

El Caso de D.B. Cooper

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El 24 de noviembre de 1971, un pasajero que viajaba bajo el nombre de Dan Cooper embarcó en el Aeropuerto Internacional de Portland en el vuelo 305 de la compañía aérea Northwest Orient con destino Seattle, Washington.

Cuando el avión despegó, Cooper entregó una nota a una de las azafatas. «Tengo una bomba en mi maletín. La usaré si es necesario. Quiero que se siente junto a mí», rezaba su encabezado. Entre sus reivindicaciones, el pasajero exigía 200.000 dólares y cuatro paracaídas, además de aterrizar en Seattle cuando sus deseos fueran satisfechos.

El piloto comunicó con el control del tráfico aéreo de Seattle-Tacoma para avisar de lo que estaba sucediendo en el aire, y éstos a su vez se pusieron en contacto con la Policía de Seattle y el FBI.

La agencia comenzó a recolectar billetes para cumplir con las exigencias del secuestrador, pero decidió utilizar únicamente aquellos impresos en 1969, con números de serie empezando con la letra ‘L’, y emitidos por el Banco de la Reserva Federal de San Francisco. Cuando le avisaron que sus demandas habían sido cumplidas, el criminal ordenó al piloto tomar tierra.

Un empleado de Northwest Orient entregó el dinero junto con los cuatro paracaídas, y a cambio Cooper liberó a todo el pasaje a excepción de cuatro miembros de la tripulación que permanecieron en la aeronave. Tras repostar en la pista, el avión se dispuso a reemprender el vuelo.

Los agentes del FBI se preguntaban por la utilidad de los cuatro paracaídas, ¿estarían destinados para los cuatro rehenes? Nunca antes se había intentado un salto desde un vuelo comercial, y los investigadores consideraban la idea, suicida.

El avión despegó rumbo a México y Cooper advirtió al piloto para que volara a baja altura y no despresurizara la cabina. Tras unos minutos, reunió a los rehenes, a los que encerró en la cabina. En el cuadro de mandos, las luces que avisaban de que una de las puertas del avión se estaba abriendo, se encendieron. Cooper había saltado.

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Nunca más se supo de él. Además de algunas huellas, los agentes sólo pudieron obtener un retrato robot del secuestrador.

El FBI rastreó los billetes usados en el rescate, dando a conocer los números de serie a diferentes bancos, compañías financieras y otros negocios, sin resultado alguno.

El 10 de febrero de 1980, Brian Ingram, un niño de ocho años que estaba de pic-nic con su familia, encontró 5.880 en dólares en billetes de 20 semidestruidos. Tras su análisis se determinó que el dinero era parte del botín.

El descubrimiento respaldó la teoría del FBI de que Cooper no sobrevivió al salto, aunque, por el momento, no han conseguido demostrarlo.