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Ibercaja prepara su salida a bolsa exprimiendo a sus clientes y «colocandoles» seguros de vida

Ibercaja registró un beneficio neto de 75,9 millones de euros en el primer semestre de 2019, lo que supone un aumento del 93,4% respecto a los 39,3 millones de igual periodo del pasado año “gracias al vigor de la actividad comercial y la fuerte caída de los activos improductivos”, es decir Ibercaja se está deshaciendo del ladrillo y está exprimiendo a los clientes.

Según detalló este viernes el banco, sus ingresos recurrentes alcanzaron los 469,5 millones, un 1,1% más, y los gastos recurrentes disminuyeron un 4% interanual, permitiendo así que el beneficio antes de saneamientos aumentase un 11,0% y se sitúe en 176,1 millones. El banco está reduciendo costes al máximo y apretando la actividad comercial para preparar esa forzosa salida a bolsa que tiene que hacer antes de finales del 2020.

Sin embargo, en la línea de beneficio neto atribuido la mejora interanual se dispara y casi duplica la ganancia comparable de 2018 porque cae de forma abrupta, en un 40,5%, la partida de provisiones para saneamientos. No realiza provisiones para no estropear su balance, es decir, no realiza un ejercicio prudente de previsión con el fin de no empeorar su foto para los mercados.

La buena marcha de las cuentas recurrentes es fruto de la actividad comercial que permitió elevar un 2,8% los recursos gestionados, hasta los 58.526 millones, particularmente impulsados por la evolución de los activos bajo gestión y de los seguros de vida, que, en conjunto, suponen ya el 45,3% del total de los recursos de clientes. No crece de forma sana, basando su negocio en lo que debe hacer un banco, por el contrario se dedica a colocar seguros de vida a sus clientes, es decir, un ejercicio de inflar las cuentas de forma cortoplacista, basándolas en un producto que no es el suyo.

En este negocio la entidad destacó que el saldo administrado en fondos de inversión creció un 4,6% interanual y elevó así su cuota de mercado en 28 puntos básicos, hasta situarla en el 4,9%.

Por su parte, la cartera crediticia se redujo aún un 1%, hasta los 32.929 millones, pese a que las nuevas formalizaciones en la financiación con empresas subieron un 64% y su saldo en stock creció un 3% interanual.

El avance de la actividad comercial permitió al margen de intereses ascender un 0,4% y alcanzar los 278,1 millones de euros, mientras que los ingresos por comisiones aumentaron un 2,2% y sumaron otros 191,4 millones. Más comisiones a los clientes por el mismo servicio.

Así, la partida de ingresos recurrentes, que aglutina el margen de intereses y la recaudación por comisiones, creció un 1,1% y alcanzó los 469,5 millones de euros. Por su parte, los costes de explotación disminuyeron un 18,8% por la ausencia de gastos extraordinarios, ya que compara con un periodo en 2018 que encajó 55,5 millones por los costes del Expediente de Regulación de Empleo (ERE). Sin este impacto los gastos caerían un 4%.

En cuanto a la calidad del balance, el ratio de mora bajó en 234 puntos básicos y se situó por debajo del 5%, con provisiones que cubren al 50,5% la exposición problemática. El volumen de activos problemáticos brutos o suma de crédito dudosos y adjudicados se redujo un 40,5%, hasta los 1.587 millones, tras la venta de una cartera de 795 millones.