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El exconseller de la Generalitat de Cataluña Santi Vila, que abandonó el Govern cuando se hizo patente que el referéndum no sería pactado con el Ejecutivo de Mariano Rajoy, expresó este miércoles su “plena confianza” en el tribunal que juzga a los impulsores del 1-O y pidió que su sentencia “forme parte de la solución y no agrave el problema”. “Nada de leyenda negra en España, nada de fatalidades, pero en nuestra historia ya ha habido demasiados retrocesos”, dijo Vila justo antes de hacer esta petición a la sala.

Vila, que está acusado de malversación y desobediencia por la Fiscalía y la Abogacía del Estado, hizo referencia al “sufrimiento” que todo este proceso está causando en la sociedad catalana y en la española y se preguntó: “¿Cómo hemos podido llegar a este punto, a este despropósito y, quizá, cómo podemos llegar a enderezarlo?”.

Ilustró la dureza de la situación para los que están en prisión y que, como él, “habrán tenido como mucho alguna multa por exceso de velocidad o por tirar la basura de manera inoportuna”.

Defendió que tanto él como sus compañeros “actuamos siempre de buena fe. Yo actué siempre fiel a mis profundas convicciones y respetando la legalidad”. Insistió en que “siempre” tomó sus decisiones con respeto a la Constitución “que describe España como una nación de naciones o un conjunto de nacionalidades y regiones. Fiel a esta convicción, también he recibido mis palos en Cataluña al oponerme a una decisión unilateral”.

Según la versión que desveló en su intervención ante el tribunal, “no fue ingenuo pensar que finalmente el diálogo sería posible. Como dijo Urkullu, el acuerdo estuvo a punto de ser conseguido para evitar el colapso de octubre de 2017. Lo intentamos hasta el último minuto”.

Y al final, desveló, “una ministra del gobierno” le explicó que no se pudo llegar a un entendimiento “porque no se han dado las condiciones de confianza, porque entre todos habíamos roto el marco de las condiciones de confianza necesaria…”.

En este fracaso fundamentó los motivos de su dimisión. “En ningún caso dimití porque pensara que mis antiguos compañeros de govern fueran a cometer alguna ilegalidad. Dimití frustrado porque el president no podía o no quería convocar elecciones al Parlamento”.

“España, como democracia, tiene sus limitaciones, sus defectos, sus fantasmas, sus puntos fuertes y sus virtudes. Estamos en una encrucijada en la que podemos entroncar con la peor o con la mejor de nuestras tradiciones” y reclamó del tribunal que con su sentencia “forme parte de la solución y no agraven el problema”.