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Qué es el absolutismo

El antiguo régimen del periodo histórico previo a la Revolución Francesa de 1789, tenía un sistema de gobierno denominado absolutismo, cuya ideología radicaba en que el poder político del gobernante, es decir, el Rey, solo lo limitaba la ley divina o Dios.

Es decir, el poder del monarca es único,  incontrolable inalienable, indivisible y pleno, considerándose un poder absoluto, proviniendo de allí el nombre de su ideología “absolutismo”. El Rey es quien decide qué y cómo deben hacerse las cosas.

Las leyes son decretadas de acuerdo a sus intereses, y a los de la nobleza, quienes aconsejan al Rey aunque siempre este último es quien tiene la última palabra.

Como se mencionó anteriormente, el poder recae en el Rey, aunque éste cuenta con burócratas y funcionarios públicos quienes cumplen el correcto funcionamiento del sistema, embajadores y delegados los cuales firman tratados comerciales y de guerra, también cuenta con un ejército quien controla el orden.

absolutismo

Para este sistema de gobierno, el Rey es el Estado, por lo que los poderes públicos debían acatar la voluntad del Rey, éstos debían permanecer subordinados a su consideración. La autoridad existente era la palabra del Rey.

En el sistema de gobierno como lo es el absolutismo, la figura de Estado no existe, por lo tanto, tampoco hay separación de poderes ni pueden existir partidos políticos, dado que en esta forma de gobierno la ley es la voluntad del Rey, quien gobernaba de forma vitalicia.

Inicios del absolutismo

Inicios del absolutismo

Se considera su inicio entre los siglos XVI al XVIII, época que fue gobernada por el sistema monárquico quienes rigieron a Europa durante esa época, en este tiempo comenzó la teoría del derecho divino del poder real. Esto se debió al desprestigio del papado y de la iglesia, quienes como institución fungían el control moral y social, trasladándose esta legitimidad al monarca, cuya voluntad se consideró la misma voluntad de Dios en la tierra, concentrándose así todos los poderes en el Rey.

El régimen de absolutismo regio fue el definido en torno a Luis XIV, quien reinó en Francia desde finales del siglo XVII hasta comienzos del siglo XVIII.

En este período convivió la ilustración con un absolutismo nombrado como “despotismo ilustrado”.

Este sistema se mantuvo durante la revolución burguesa o revolución liberal a finales del siglo XVIII, e inicio del siglo XIX, culminando con la Santa Alianza que desde el Congreso de Vena (1814) impuso la continuidad de los reyes legítimos, manteniéndolos en sus tronos incluso contra la voluntad de sus pueblos.

Este poder es hereditario, al morir el Rey su primogénito ocupa su lugar. La iglesia también es administrada por el Rey sobre todo lo relacionado a las riquezas, la iglesia solo se encargaba de la fe y las creencias del soberano.

Nacionalismo y reformas institucionales

La fuerte reivindicación del sentido nacionalista, fue fundamental para la creación de las monarquías absolutas, donde el mandatario debía pertenecer a este territorio teniendo el control absoluto sobre él. Entre los compromisos adquiridos por el mandatario era levantar una iglesia Nacional que uniera a todos los habitantes de ese territorio además de velar por sus intereses morales.

Esto último no se llevó a cabo completamente pues muchos soberanos se mantuvieron fieles a los mandatos de Roma, sin embargo, dado que no todos acataron esta misma opinión ocasionó las reformas de la iglesia, por lo que surgieron las Iglesias Nacionales.

Lutero y Calvino fueron quienes lideraron este movimiento nacionalista, basándose en su teoría sobre el origen divino del poder real, lograron separarse de la iglesia romana, obteniendo el poder absoluto en su jurisdicción, los monarcas podían anular los derechos del pueblo ejerciendo así su absolutismo; dado que con una ley divina y una natural controlaban todas las acciones del pueblo.

A los ciudadanos no sentirse representados por el absolutismo, ya que se había dividido la clase gobernante, iniciaron las revoluciones, permitiendo la formación de diversos Estados, siendo éstas integradas por individuos de la localidad asegurándose que representaran sus intereses manteniéndose en éstas

Economía y sociedades

Las bases económicas generalmente preindustriales seguían manteniendo el modo de producción feudal o régimen señorial en el campo, que era un verdadero centro de la producción.

El capitalismo ya había nacido en las ciudades medievales continuando en una fase inicial o de transición del feudalismo al capitalismo, aunque se restringía a ciertos grupos comerciales y financieros.

Aun existiendo una relación de interés y apoyo mutuo entre la monarquía absoluta, el feudalismo y el capitalismo, habiendo consenso en denominar el pensamiento económico identificable con el periodo del absolutismo como “mercantilismo”.

El Estado respaldaba sus riquezas en las reservas materiales de metales preciosos como el oro y la plata, además de una política arancelaria que forzó la sustitución de importaciones por una producción interior controlada por el Rey de todo tipo de productos, pero especialmente los de lujos y estratégicos, todas estas medidas tenían como fin aumentar la riqueza interior garantizando así el aumento de los ingresos del Estado.

El intervencionismo aumentaba las regulaciones y controles, ignorando cualquier concepto de mercado libre.

En el sistema económico fungían un papel importante las preeminencia y monopolios de origen feudal o los nuevos creados por decisión del Rey; como exenciones fiscales estamentales a la nobleza y claro, monopolio de los gremios tradicionales, de las compañías comerciales y manufacturas reales.

La sociedad dominante más cerrada en la edad media daba pocas oportunidades para el ascenso social, entre las carreras destacaban la eclesiástica, universitaria y burocrática (nobleza de toga), y la adjudicación de cargos o la compra de títulos de nobleza.

El interés de la monarquía hacia la corte regia, acabó con la descentralización y ruralización de la Edad Media, sometiendo a patrones de limitación en el lujo, la forma de vida y el servicio al Rey, cuyo modelo más destacable fue el palacio de Versalles.

Se presentaron en forma frecuente revueltas interiores demostrando las resistencias particularistas y el descontento social incrementado en las coyunturas críticas.

Estrategias económicas de la monarquía

Estrategias absolutista

La parte económica de cuyos recursos dependía la monarquía se comparaba con el naciente mercado nacional, es decir, uno que representaba las dimensiones del territorio de la monarquía, limitado por su frontera política, regulado a sus impuestos y legislación comercial, además que circulara su moneda y se aceptaran pesos y medidas comunes.

Fin del absolutismo

Fin del absolutismo

El poder absolutista tuvo su fin a raíz de la Revolución Francesa ocurrida en 1789,  y dio paso a las ideas de la ilustración, pero por paradójico que parezca, convivió en otras naciones europeas con el absolutismo en lo que se denominó “Despotismo ilustrado”

A pesar que las revoluciones burguesas implementaron las bases del futuro orden capitalista que no pudieron deshacerse de la figura de los reyes, como en el caso de la Rusia zarista donde perduró éste sistema monárquico hasta inicio del siglo XX (La revolución rusa fue en 1917).

De las revoluciones ocurridas en el absolutismo, la más importante fue la revolución de 1848, denominada “La Primavera de los Pueblos” pues esta se encargó de deshacer el retorno del régimen absolutista que se mantuvo en el siglo XIX

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