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Educación: una revolución en marcha

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El mundo de la educación está en plena ebullición. El replanteamiento de prácticas obsoletas es constante, y la necesidad de establecer nuevos marcos de actuación se hace cada vez más evidente. Con el propósito de hacer frente a estos nuevos retos, las EduCaixa Talks proponen una serie de encuentros con profesionales de la educación donde se abordan las claves de esta revolución en marcha en torno a la formación del siglo xxi. El pasado 7 de octubre, cuatro profesionales de la educación debatieron sobre cómo liderar en tiempos de cambio en este webinar formativo y nos desvelaron algunas de las claves que bien podrían definir la enseñanza del futuro.

“Liderar con éxito en tiempos de cambio”: el reto es mayúsculo pero necesario si queremos una educación que responda a los retos que nos plantea el mundo a corto y largo plazo. En esta acción formativa on-line, que tuvo lugar el pasado 7 de octubre, la directora científica del programa de Liderazgo para el Aprendizaje de EduCaixa, Anna Jolonch, acompañó a Aitor Pagalday, director de Lauaxeta Ikastola (Vizcaya), a Leonor Villaluenga, directora del centro integrado de formación profesional Fundación Laboral de la Construcción (Zaragoza), y a Jesús Pérez Molina, director de la escuela pública Joan Miró (Canovelles – Barcelona) en un debate acerca de las estrategias que se pueden seguir para lograr una educación más participativa y eficaz, que logre una máxima conexión entre las necesidades de los alumnos y lo que ofrecen los centros formativos. El cambio planteado en este debate se centra en una concepción del liderazgo que, lejos de ser una imposición marcada por las autoridades educativas, propone distribuirlo entre todos los componentes del centro (dirección, profesorado y alumnado) para asegurarse de que se va en la misma dirección.

Esta concepción del liderazgo también ayuda, según Leonor Villaluenga, “a empoderar a los alumnos y a que sean conscientes de sus propias fortalezas”.

Jesús Pérez también incide en la importancia de incorporarles en la toma de decisiones, y subraya que este “debe ser el centro de todo el proceso. Y en cuanto sienten que son protagonistas de su proceso de aprendizaje, muchos de los conflictos habituales, como la falta de interés o de disciplina, se desvanecen. Una vez presentado el reto, el alumno va creando el camino para resolverlo o adquirirlo. Esto se hace mediante la reflexión conjunta en clase, guiada por el profesor”.

Para este profesor catalán, se dibuja un cambio de perspectiva que dejará atrás un sistema que, con sus notas y clasificaciones, excluye a ciertos perfiles a muy temprana edad: “Lo importante no debe ser la materia, sino el alumno”.

Aitor Pagalday, por su parte, considera que el proceso debe “incorporar los puntos de vista de los demás para mantener un equilibrio emocional con los que nos rodean”. Esta necesaria colaboración queda patente, por ejemplo, en la escuela Joan Miró, dirigida por Jesús Pérez. En este centro, los profesores se organizan en pequeños grupos y, tras haber definido el objetivo de su liderazgo y las evidencias que se utilizarán para valorarlo, llevan a cabo diversos proyectos, como la creación de una revista que documente las diferentes iniciativas del centro. “Cada pequeño grupo lidera un tema, el documento que recogen los profesores es uno de ellos”, nos aclara Jesús. “El grupo dinamiza el proceso para realizar el documento y los alumnos son sus principales realizadores”.

Otra condición es que estas iniciativas tengan una repercusión entre el alumnado, que requieran la colaboración tanto del resto del claustro como de los propios alumnos, y que sean motivadoras para todos los implicados. Aunque la pandemia ha impedido una correcta valoración de todas las actuaciones, Pérez asegura que “la competencia lingüística y la calidad de ejecución de procesos de los alumnos donde se aplica esta metodología científica han mejorado”.

La incorporación de las estrategias de liderazgo se traduce también en reuniones informales para reforzar la unión entre el cuerpo docente. Es el caso del centro que dirige Leonor Villaluenga, donde estas reuniones han servido según ella “para escucharnos, tomar el pulso del claustro y conocer los puntos de preocupación”. Estos encuentros se han mostrado muy eficaces a la hora de evitar la sensación de aislamiento que tantas veces acecha al profesorado, así como para reforzar lazos y aumentar la empatía en el seno del grupo docente. Además, según Pérez, la escuela se encuentra ahora mismo desconectada del mundo y hay que ponerle remedio. “La imagen del profesor aislado que se limita a transmitir su programa está obsoleta, y hay que favorecer el trabajo en equipo y crear interacciones con organismos situados fuera del sistema educativo, ya sea EduCaixa, los museos o los laboratorios científicos”.

En cuanto a los alumnos, esta forma participativa de plantear la educación y esa implicación emocional permiten mejorar el ambiente y las relaciones interpersonales: “Es importante valorar la empatía, que los alumnos vean que los acompañas y que se den cuenta de que somos personas con emociones”, nos cuenta Pagalday.

Quizás haya que recurrir al viejo dicho chino según el cual “toda crisis es una oportunidad” y, ya que la pandemia está alterando nuestra forma de vivir, de enseñar y de aprender, quizás debamos aprovechar la situación para redefinir las prioridades de la educación. “La pandemia ha puesto un gran espejo ante nuestros ojos”, asegura Jesús Pérez. “Ha desvelado los problemas que ya estaban aquí y, ahora que tenemos la oportunidad de corregirlos, no podemos desaprovechar esta ocasión”.