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MADRID, 29 (EUROPA PRESS)

Aunque eliminar las grasas saturadas puede mejorar la salud del corazón, un nuevo estudio muestra que lo que marca la diferencia es los alimentos que se consumen en su lugar. Un estudio publicado este lunes en 'Journal of the American College of Cardiology' señala que la sustitución de las grasas saturadas por grasas no saturadas y carbohidratos de alta calidad tiene el mayor impacto en la reducción del riesgo de enfermedades del corazón, mientras que cuando se cambian las grasas saturadas por alimentos altamente procesados, no hay ningún beneficio.

Investigaciones anteriores se han centrado en analizar la asociación entre el consumo de ácidos grasos saturados y el riesgo de enfermedad coronaria, pero no especificó sobre la sustitución de grasas saturadas, como las grasas no saturadas o el tipo de carbohidratos de la dieta. Los expertos de este nuevo estudio se propusieron distinguir entre los ácidos grasos poliinsaturados, ácidos grasos monoinsaturados y carbohidratos de granos enteros o almidones refinados y azúcares añadidos.

“Muchos médicos podrían beneficiarse de un mayor conocimiento nutricional detallado que les ayudaría a aconsejar a sus pacientes sobre cómo cambiar sus hábitos alimentarios de una manera que tenga un impacto en su salud. En particular, vimos que cuando los participantes consumían menos grasas saturadas, las estaban reemplazando por hidratos de carbono de baja calidad, como los granos refinados, que no son beneficiosos para la prevención de las enfermedades del corazón”, destaca uno de los autores, Frank B. Hu, profesor de Nutrición y Epidemiología en la Escuela TH Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Estados Unidos.

“Nuestros hallazgos sugieren que cuando los pacientes están haciendo cambios de estilo de vida en sus dietas, los cardiólogos deberían alentarles a consumir grasas no saturadas como aceites vegetales, frutos secos y semillas, así como hidratos de carbono saludables como los cereales integrales”, subraya Hu.

Los investigadores analizaron datos del Estudio de Salud de las Enfermeras, una cohorte de 121.701 enfermeras inscritas en 1976, y del Estudio de Seguimiento de los Profesionales de la Salud, con una cohorte de 51.529 hombres inscritos en el año 1986. Para este trabajo, los autores siguieron a 84.628 mujeres y 42.908 hombres sin diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer y detectaron 7.667 casos de enfermedad cardiaca coronaria.

Los participantes proporcionaron información sobre la dieta, el estilo de vida, el historial médico y diagnósticos recientes de enfermedades mediante cuestionarios al inicio del estudio y cada dos a cuatro años desde los 24 a 30 años. El cuestionario preguntó con qué frecuencia y en qué cantidad se habían consumido alimentos específicos en el último año y los tipos de grasas o aceites usados para freír, hornear y en la mesa.

Los investigadores observaron que los participantes generalmente reemplazaban las calorías de ácidos grasos saturados por calorías de carbohidratos de baja calidad –como el pan blanco o patatas– en lugar de calorías de grasas no saturadas que se encuentran en los aceites vegetales, las nueces y las semillas o los hidratos de carbono de alta calidad como los de granos enteros.

La sustitución de un 5 por ciento de la ingesta de energía de las grasas saturadas con una ingesta equivalente de grasas poliinsaturadas, grasas monoinsaturadas o carbohidratos de granos enteros se asoció con un 25 por ciento, un 15 por ciento y un 9 por ciento menos riesgo de enfermedad cardiaca coronaria, respectivamente. Sin embargo, la sustitución de un 5 por ciento de la ingesta de energía de grasas saturadas con carbohidratos de almidones o azúcares refinados no se relacionó con aumento ni disminución del riesgo de enfermedad coronaria.

Hu propone varios ejemplos de los tipos de cambios que podrían resultar en la reducción del riesgo de enfermedades del corazón: cocinar con grasas saludables como aceite de canola, aceite de oliva u otros aceites vegetales en lugar de mantequilla o manteca de cerdo; intercambiar aperitivos como patatas fritas y galletas por cacahuetes, almendras y aceitunas y hacer los sándwiches con pan de trigo integral, aguacates y pechuga de pollo en lugar de grandes cantidades de queso y carnes procesadas.

Las limitaciones del estudio incluyen la naturaleza observacional, que no permitió probar la causalidad, y la percepción subjetiva de los cuestionarios de la dieta, que pueden no ser del todo correctos. Sin embargo, los autores afirman que sus resultados fueron ampliamente consistentes con los de los ensayos clínicos aleatorios y el cuestionario de la dieta se validó con biomarcadores de ácidos grasos.

El editor jefe de 'Journal of the American College of Cardiology', Valentín Fuster, profundiza en el importante papel que desempeñan los médicos para ayudar a los pacientes a tomar decisiones saludables sobre el estilo de vida. “Todos los médicos y el personal médico que interactúan con los pacientes deben hablar con ellos acerca de los beneficios del consumo de grasas saturadas y carbohidratos saludables”, afirma Fuster.