6 consejos virales sobre longevidad que la ciencia no respalda (y por qué se comparten igual)

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Agua con limón en ayunas y dieta alcalina: la sangre mantiene su pH entre 7,35 y 7,45 pase lo que pase

Un primer plano de agua vertiéndose en un vaso con rodajas de limón, fondo amarillo vibrante.

La promesa es atractiva y sencilla: un vaso de agua con limón en ayunas para «alcalinizar» el organismo y frenar el envejecimiento o la enfermedad. El problema es que el cuerpo no funciona así. La sangre humana mantiene un pH estable entre 7,35 y 7,45 gracias a los pulmones, los riñones y varios sistemas tampón, y ninguna comida ni bebida lo desplaza de ahí. Salirse de ese margen no es cuestión de dieta: es una acidosis o alcalosis respiratoria o metabólica, cuadros graves ligados a fallo renal o pulmonar, infecciones severas y otras enfermedades que acaban en urgencias. La paradoja del limón es que, pese a ser ácido, se vende como alcalinizante por el residuo mineral que deja tras metabolizarse, un criterio de laboratorio que no tiene ningún efecto sobre el pH sanguíneo.

El mito tiene padrino y sentencia. Robert O. Young, autor de «El milagro del pH» y gurú de la teoría alcalina, fue condenado en noviembre de 2018 por un tribunal de San Diego a pagar 105 millones de dólares a una paciente con cáncer, tras admitir que su planteamiento carecía de base científica. La revisión sistemática publicada en BMJ Open en 2016 ya había concluido que no hay pruebas que justifiquen las dietas alcalinas ni el agua alcalina para prevenir o tratar el cáncer. El truco de medir el pH de la orina, muy difundido en redes, demuestra justo lo contrario de lo que se cree: si ese valor cambia (puede oscilar entre 4,4 y 8,2), es porque los riñones están trabajando para proteger la sangre. Y el hábito no es inocuo: el ácido cítrico erosiona el esmalte dental y puede irritar el estómago, mientras que las versiones más restrictivas de la dieta alcalina favorecen déficits de vitaminas y minerales.

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