3Por qué Netflix retira una serie con buenos datos de audiencia
The End of the F***ing World es el caso que mejor ilustra por qué conviene desconfiar de la etiqueta "original de Netflix". La serie nació en el Reino Unido de la mano de Channel 4, que la emitió en 2017, y fue Netflix quien asumió su distribución internacional a partir de 2018, hasta el punto de quedar asociada para siempre a su catálogo. Le bastaron dos temporadas y 16 episodios de entre 19 y 24 minutos para convertirse en una de las ficciones juveniles de culto de la plataforma, con una segunda entrega en 2019 que funcionó bien en audiencia y con la historia cerrada por decisión de sus creadores. Aun así, el 5 de noviembre desaparece del catálogo español y, a diferencia de otras salidas, no hay destino confirmado en España: no es una licencia que salta a otro servicio, sino un título que, de momento, se queda sin ninguna ventana legal para verlo.
El motivo no tiene que ver con el rendimiento, sino con la maraña de derechos. Lucir la "N" roja no implica que Netflix sea dueña del contenido: en numerosas ocasiones son producciones de estudios externos que ceden la exclusividad durante un periodo limitado y que, al vencer el contrato, recuperan los derechos. La propia compañía lo reconoce: cuando caduca una licencia valora si los derechos siguen disponibles, la popularidad del título en cada región y el coste de renovarla. Si la ecuación no compensa, deja caer el acuerdo y reinvierte ese dinero en contenido nuevo. A eso se suma el ahorro contable, porque retirar títulos evita pagar royalties al reparto y a los creadores y permite computar pérdidas. Según What's On Netflix, la plataforma tiene previsto retirar más de un centenar de originales, y el futuro de esta serie británica, por ahora, es una incógnita.
