Este 19 de marzo se celebra el Día del Padre, y España llega a esta cita en 2026 con uno de los sistemas de permisos por paternidad más avanzados de Europa. Hablamos de 19 semanas de permiso por nacimiento y cuidado del menor para cada progenitor y 32 semanas en familias monoparentales, según el real decreto-ley aprobado por el Consejo de Ministros el 29 de julio de 2025 y convalidado por el Congreso el 9 de septiembre de ese mismo año.
En cualquier caso, la reforma de los permisos de nacimiento en España ha sido profunda. En 2019, el Ejecutivo impulsó la progresiva equiparación de los permisos de maternidad y paternidad bajo los principios de igualdad, intransferibilidad y remuneración al 100 %. El permiso de paternidad pasó de 5 a 8 semanas ese año y a 12 en 2020, y en 2021 se alcanzó la equiparación total en 16 semanas para cada progenitor, con seis semanas obligatorias inmediatamente posteriores al parto, la adopción, la guarda o el acogimiento. Con el último paso dado en 2025, España se sitúa entre los países europeos con permisos más largos y flexibles.
De hecho, la reforma ha ido de la mano de un mayor entendimiento del rol del padre en la unidad familiar. Un informe de The Family Watch evidencia que la implicación paterna sirve de equilibrio en la crianza y que su presencia continuada en el hogar tiene efectos positivos tanto para los hijos como para las madres. "El padre debe ser consciente de que es imprescindible en su casa y, sin embargo, prescindible en su puesto de trabajo", sostenía María Calvo, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid.
Los estudios reclaman un cambio de mentalidad para abandonar el modelo que reduce al hombre a simple abastecedor económico y asumir que es igual de competente que la madre en la crianza. Se apunta además que la ausencia de figura paterna se asocia con un mayor riesgo de problemas de conducta, violencia, fracaso escolar, embarazos adolescentes o mayor vulnerabilidad social.

La idea también se aplica al ámbito laboral, ya que Calvo asegura que un padre implicado en la crianza desarrolla competencias —empatía, gestión del tiempo, responsabilidad— que las empresas valoran. Pero para que esa implicación no se quede en el discurso, hacen falta permisos amplios, bien remunerados y efectivamente utilizados en condiciones de igualdad.
Los nuevos permisos no afectan igual a todos los padres ni madres
Como hemos dicho anteriormente, entre 2017 y 2021 el permiso de paternidad pasó en España de cuatro a 16 semanas, hasta igualarse completamente con el de maternidad, de carácter intransferible e igualmente pagado al 100 %. Sobre ese marco se ha construido en el último año la ampliación a 19 semanas, con dos semanas adicionales de cuidado que podrán disfrutarse de forma flexible hasta que el menor cumpla ocho años y con un régimen reforzado para familias monoparentales, que disponen de 32 semanas. La Seguridad Social asume el coste íntegro de estas prestaciones, exentas de IRPF, para trabajadores asalariados, autónomos y empleados públicos que cumplan los requisitos de cotización.
Pero la igualdad formal no ha terminado de traducirse en igualdad real dentro del hogar ni en el mercado laboral. La investigación académica más reciente muestra que la ampliación del permiso de paternidad por sí sola apenas ha reducido la penalización laboral que sufren las madres tras el nacimiento de un hijo y que sus beneficios se concentran en determinados tipos de familias, como extraemos del trabajo de los profesores Marinova y Bellón-Jiménez, de la Universitat Autònoma de Barcelona, publicado en la revista Social Policy & Administration.
Sobre el papel, si padres y madres disponen del mismo tiempo de permiso, se entiende que las mujeres tendrían más opciones de mantener su vínculo laboral y reincorporarse antes y en mejores condiciones a su trabajo al repartirse el cuidado inicial del bebé y normalizar la presencia del padre en casa. Pero el análisis, basado en una encuesta a madres en pareja heterosexual con hijos nacidos entre 2018 y 2022 —es decir, a lo largo del proceso de ampliación del permiso—, dibuja una realidad algo más amarga.
Según la investigación, la ampliación del permiso de paternidad no ha reducido, en términos generales, la penalización por maternidad. No se observa que las madres vuelvan antes al empleo ni que aumente su probabilidad de hacerlo a tiempo completo por el mero hecho de que sus parejas hayan disfrutado de más semanas de permiso. Tampoco cambia de forma significativa la percepción de haber sacrificado más carrera profesional que el padre, un sentimiento que comparten aproximadamente dos de cada tres madres, incluso tras la reforma.

Donde sí se detectan efectos positivos es en un grupo concreto: las parejas en las que los ingresos de ambos miembros son similares, aproximadamente una quinta parte de la muestra. En estos hogares, las madres aumentan su probabilidad de reincorporarse antes de los seis meses y de hacerlo a jornada completa, y otorgan más importancia al apoyo del padre en su capacidad para retomar el empleo. Allí donde ya había una cultura de corresponsabilidad y una valoración similar del trabajo de ambos, el permiso más largo se consolida.
En cambio, en las parejas donde la madre gana menos que el padre —la mayoría— la reforma apenas altera los patrones previos. Las excedencias no remuneradas y las reducciones de jornada siguen recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. Los datos manejados por las investigadoras muestran que en 2021 y 2022 alrededor del 14,6 % de las madres utilizó una excedencia por cuidado de menores, frente a solo el 1 % de los padres, y que incluso en 2023, con el permiso de paternidad ya equiparado, las excedencias femeninas siguieron aumentando.
Una vez agotado el permiso, muchas familias se enfrentan a un dilema económico que resuelven recortando la carrera de quien gana menos, casi siempre la madre. La igualdad formal en el diseño del permiso de paternidad y maternidad choca entonces con una estructura de desigualdad en ingresos, estabilidad laboral y expectativas que condiciona las decisiones.
La ampliación a 19 semanas por progenitor aprobada por el Gobierno en 2025 supone un nuevo paso en conciliación, pero no corrige por sí misma esas brechas. España se alinea con los países europeos de permisos más largos y flexibles, pero lo hace sobre un terreno en el que persisten salarios más bajos para ellas, empleos más precarios y una cultura organizativa que sigue viendo el cuidado como un asunto de mujeres en demasiados centros de trabajo.



