El incremento del precio de la energía y la inestabilidad en Oriente Medio han colocado el coste de la gasolina en el centro de las preocupaciones de los conductores españoles. Con la gasolina 95 superando los 1,73 euros y el diésel rozando los 1,85 euros por litro en estaciones de marca, las estaciones de servicio de bajo coste han ganado una cuota de mercado sin precedentes.
Esta situación genera una duda recurrente en los conductores. Y es si el ahorro de casi 13 euros por depósito compromete la integridad del motor de nuestro coche.
La base del combustible en España es idéntica para todos los puntos de suministro. El carburante procede de ocho refinerías nacionales y se distribuye a través de una red logística compartida.
Todas las estaciones de servicio, independientemente de su nombre o modelo de negocio, deben cumplir estrictamente con los estándares de calidad definidos en el Boletín Oficial del Estado (BOE). O lo que es lo mismo; no existe la 'gasolina mala' en términos legales o de funcionamiento básico; cualquier carburante a la venta en el país garantiza que el motor arrancará y circulará sin sufrir averías inmediatas.
LA FUNCIÓN DETERMINANTE DE LOS ADITIVOS EN LA GASOLINA
La diferencia reside en el tratamiento posterior del combustible base. Las compañías tradicionales o de bandera enriquecen su producto con aditivos específicos antes de que llegue al surtidor.
Estas sustancias químicas tienen objetivos concretos: mejorar la lubricación de los cilindros, optimizar la combustión y mantener limpios los inyectores. La presencia de estos aditivos permite una ligera mejora en la autonomía del vehículo, ya que una combustión más eficiente extrae más energía de cada gota de carburante.
Por su parte, las gasolineras 'low cost' reducen al mínimo el uso de estos aditivos para poder ajustar el precio final al consumidor. Al prescindir de complejos paquetes de aditivos, los costes operativos bajan.

El motor funciona correctamente, pero carece de esa protección extra frente a la acumulación de residuos de carbono o la corrosión interna. A largo plazo, un motor que utiliza exclusivamente combustible sin aditivos puede presentar una mayor acumulación de suciedad en las válvulas, aunque esto no supone una rotura crítica inmediata.
SE PUEDE LLEGAR AHORRAR HASTA 13 EUROS FRENTE A SERVICIOS AÑADIDOS
La comparativa de precios actual arroja diferencias significativas que justifican la migración de clientes hacia el bajo coste. En puntos como la Comunidad de Madrid, la distancia de precio entre una estación de marca y una low cost puede alcanzar los 25,7 céntimos por litro. Así, en un coche estándar con un depósito de 50 litros, repostar en la opción más barata supone un ahorro directo de 12,85 euros en cada visita al surtidor. Para un conductor medio, este ahorro puede superar los 300 euros anuales.
Sin embargo, el modelo de negocio de las grandes petroleras compensa el precio superior con una oferta de servicios que el bajo coste suele eliminar. Las estaciones tradicionales suelen contar con personal para el suministro, tiendas de conveniencia, áreas de lavado y programas de fidelización que devuelven parte del gasto en forma de descuentos o puntos. El cliente paga más por el litro de carburante, pero recibe a cambio una atención personalizada y una mayor densidad de puntos de suministro distribuidos por toda la geografía nacional.
La decisión entre ambos modelos de repostaje debe basarse en el uso del coche y la planificación del mantenimiento. Los combustibles premium de las grandes marcas están diseñados para maximizar la vida útil de los componentes de inyección y los sistemas de tratamiento de gases de escape, elementos especialmente sensibles en los coches diésel modernos con filtros de partículas. Un motor limpio consume menos y emite menos gases contaminantes, lo que puede suponer un ahorro indirecto en futuras facturas de taller o durante la inspección técnica del vehículo (ITV).

Para los de mayor antigüedad o con mecánicas más sencillas, la diferencia en los aditivos es menos perceptible en el rendimiento diario. En estos casos, el ahorro inmediato del bajo coste resulta muy atractivo. No obstante, muchos expertos en mecánica recomiendan alternar ambos tipos de gasolina: utilizar el bajo coste para el día a día y realizar repostajes con combustibles de alta gama de forma periódica para aprovechar la capacidad de limpieza de sus aditivos.
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