El vídeo apenas dura unos segundos, pero ha bastado para abrir un frente político y jurídico en torno al Bono Cultural Joven. A las puertas de la discoteca madrileña Jowke, un grupo de chicos intenta pagar botellas y el acceso al local con la ayuda pública de 400 euros destinada a fomentar el consumo cultural. Al otro lado, uno de los responsables del club les confirma que es posible hacerlo a través de la plataforma de reservas, y remata con una frase que se ha hecho viral: "Pedro Sánchez te va a pagar tu próxima fiesta aquí, en Jowke, y eso es gracias al Bono Cultural".
La escena ha encendido las alarmas en el Ministerio de Cultura. Tanto que el departamento que dirige Ernest Urtasun ha recordado públicamente que el Bono Cultural Joven no es "una tarjeta de libre disposición", sino una ayuda finalista para acceder a libros, cine, teatro, conciertos, videojuegos o prensa, y ha advertido de que el uso fraudulento del programa puede conllevar la devolución del dinero e incluso sanciones para las empresas que faciliten un empleo indebido de la tarjeta.
También ha subrayado que las empresas que faciliten un mal uso de la ayuda pueden ser penalizadas, incluso con la expulsión del programa, lo que les impediría seguir aceptando el bono como medio de pago.
Qué dice la norma y cómo funciona el Bono Cultural Joven
Y es que, desde el punto de vista de Cultura, la línea roja es clara: la normativa no contempla ni el consumo de alcohol ni el acceso genérico a discotecas como actividades financiables con fondos públicos. El diseño del programa, recuerdan, se apoya en una distribución tasada del gasto por categorías culturales, con la intención de estimular sectores como el del libro, las artes escénicas, el cine o la música en vivo, no de subvencionar fiestas o hábitos de ocio ajenos a la cultura.
El Bono Cultural Joven, aprobado en 2022 y dotado con unos 400 euros por beneficiario, se concede a quienes cumplen 18 años y lo solicitan dentro de plazo. Según la información oficial del programa, su objetivo es "acompañar la entrada en la vida adulta de la mano de la cultura" mediante la compra de productos físicos (libros, CD, DVD), productos digitales (plataformas, prensa en línea, videojuegos) y actividades culturales en vivo (cine, teatro, conciertos, festivales, música en directo, etc.), con límites de gasto por categorías.
El joven dispone de una tarjeta prepago —gestionada a través de una aplicación específica y de la app de Correos Prepago— que solo funciona en entidades adheridas al programa.

Pero el choque entre la literalidad de la norma y la práctica en algunas discotecas nos deja un terreno gris. Según el portal oficial de beneficiarios del Bono Cultural Joven, el bono permite gastar parte de los 400 euros en "música en directo" y eventos culturales en vivo, lo que algunos locales de ocio nocturno interpretan como una puerta legítima para cobrar entradas, conciertos y reservados asociados a actuaciones de DJ o artistas, mientras Cultura insiste en que están contemplados.
Desde la patronal del sector señalan que "las actuaciones de un DJ están consideradas como cultura, los conciertos son cultura y, al final, las actividades que se hacen en una discoteca son cultura. Lo que no contempla es el tema del alcohol".
El debate está servido. ¿Se está pagando el acceso a un espectáculo cultural en un recinto que es, además, una discoteca? ¿O se está sufragando, de facto, una noche de fiesta con dinero público, incluyendo consumiciones y servicios que nada tienen que ver con el objeto de la ayuda?
Las discotecas se aprovechan con plataformas
Además, si se supone que está prohibido y el local debe estar autorizado, ¿por qué hay jóvenes pagando entradas a una discoteca con el Bono Cultural? El caso concreto de la discoteca Jowke apunta a ese resquicio.
La discoteca de Alcorcón (Comunidad de Madrid) cuyo propietario, Rafael Muñoz de la Cámara, ha sido el protagonista involuntario, utiliza Fourvenues como plataforma de gestión de reservas y entradas para negocios de ocio nocturno.

Según ha explicado el propio Muñoz en declaraciones a Libremercado, el procedimiento funciona de la siguiente manera: "El cliente viene a la discoteca, y a través de la web y la tiquetera, perfectamente, le deja pagar el Bono Cultural. Luego nos piden el ticket y el ticket ellos lo presentan y ya está. Y no habría ningún misterio más. Lo que te deja es acceso al club y coger reservados en el club, pero no incluye nada de bebidas".
Muñoz asegura que ni siquiera ellos conocían esta posibilidad hasta que un cliente les planteó pagar un reservado con el bono a través de la web.
Asimismo, defiende Jowke no es solo una discoteca al uso, sino una sala con programación constante de eventos y actuaciones en directo, desde conciertos de artistas como Omar Montes o Chimbala hasta fiestas temáticas y espectáculos diversos. "El ocio es parte de la cultura", dice.
La patronal del ocio nocturno insiste en que se trata de una posibilidad contemplada en los criterios del programa y que el problema, si lo hay, se circunscribe al alcohol y a servicios no culturales asociados a los reservados. El Ministerio, en cambio, reclama un uso ajustado al espíritu de la ayuda y amenaza con sanciones a quienes desvíen el bono de su finalidad.
En medio, miles de jóvenes que, según los datos oficiales, han acogido la iniciativa con entusiasmo: en 2025, dos de cada tres personas que cumplieron 18 años —el 68,5 % de la población estimada para esa edad— pidieron el Bono Cultural Joven.

