Lo que estamos viendo del Atlético de Madrid en este campeonato liguero empieza a ser difícil de explicar. El equipo de Simeone ha decidido, por lo visto en el césped, que LaLiga es un torneo secundario. Después de dar una exhibición de fútbol y garra contra el Barça en la Copa del Rey, el conjunto rojiblanco se presentó en Butarque para medirse al Rayo con una actitud radicalmente distinta. Fue la cara amarga de un equipo que parece haber elegido sus batallas, olvidando que la regularidad es lo que mide la salud de un proyecto.
La imagen en la jornada 24 es, sinceramente, preocupante. Ver al Atlético en esa posición de la tabla da grima. Ante el Rayo Vallecano, el equipo volvió a ser ese grupo impreciso y blando en defensa que concede regalos al rival desde el primer minuto.
Daba la sensación de que solo tenían ganas de jugar de verdad cuando el marcador ya reflejaba un 2-0 en contra. Fue entonces cuando aparecieron las prisas, el empuje de Nico Williams y los ataques a la desesperada. Pero para entonces, el daño ya estaba hecho. Es bochornoso que un club con esta plantilla se deje llevar de esta manera.
Falta de intensidad de este Atlético y regalos defensivos al Rayo Vallecano
El partido puso de manifiesto que, si este Atlético no muerde, es un equipo vulgar. Tienen calidad de sobra para ganar a cualquiera, pero solo se ponen las pilas cuando sienten que la cita es de "faena grande". Si bajan el pistón lo más mínimo, cualquier rival les saca los colores. El Rayo no tuvo ni que inventar nada extraordinario; simplemente aprovechó los errores groseros de un equipo, el de Simeone, que parecía estar pensando en la Champions antes de tiempo.
De los últimos nueve puntos en juego, el Atlético solo ha sumado uno. Es un dato demoledor que refleja una desconexión total. Parece que para ser tercero o cuarto no hace falta demasiado esfuerzo, y esa mentalidad está calando en un vestuario que hace apenas unos días parecía invencible en el torneo copero. La diferencia de actitud entre una competición y otra es un insulto a la historia del club.

Es verdad que el calendario es una falta de respeto. Jugar un jueves por la noche contra el Barça y tener que saltar al césped menos de 72 horas después es maltratar al futbolista y al aficionado. Solo importa mantener el negocio en marcha, sin importar el descanso de los protagonistas. Pero esa excusa no lo tapa todo. Simeone movió el árbol y sacó a la llamada 'Unidad B'.
Hablamos de jugadores que son internacionales con sus selecciones y que serían titulares en casi cualquier equipo de Primera División. Sin embargo, no dieron la talla. No se puede señalar solo al cansancio cuando tienes a futbolistas frescos que deberían estar pidiendo paso a gritos. Ni hubo fútbol, ni hubo orgullo, y eso es responsabilidad directa de quienes saltaron al campo.
La ausencia de referentes en el Atlético de Simeone
En los días malos es cuando más se valora a los de siempre. Esas críticas que recibieron Koke o Griezmann a principio de temporada por su veteranía quedan hoy en evidencia. Se puede jugar mejor o peor, pero ellos defienden la camiseta con un honor que faltó en Butarque. Ninguno de los dos estuvo en el campo y el equipo se partió por la mitad. Sin liderazgo, el Atlético es un barco a la deriva que no sabe reaccionar a los golpes.
Para colmo, el entorno del partido fue desolador. Mientras Javier Tebas presume de tener la mejor liga del mundo, la realidad nos devuelve estadios vacíos y aficiones enfrentadas a sus directivas. Ver solo a 5.335 espectadores en un Rayo-Atlético es lamentable. Entre los horarios imposibles, los precios y la gestión, están matando el ambiente. Lo de este fin de semana no fue solo un tropezón deportivo; fue un esperpento generalizado de un Atlético que no se reconoce a sí mismo y de una competición que cada día brilla menos.
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