El sonido que aterrorizó a los científicos en 1997: creían que era un monstruo gigante, pero era esto

En mayo de 1997, micrófonos submarinos captaron un sonido tan potente que desafió toda explicación científica. Durante años, las teorías apuntaron a criaturas marinas gigantes desconocidas. La verdad, revelada una década después, fue tan impresionante como aterradora: no era vida, sino hielo muriendo.

El Bloop cambió para siempre la forma en que los científicos escuchan el océano. El 19 de mayo de 1997, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos detectó un sonido submarino que no encajaba con nada conocido: demasiado fuerte para un animal, demasiado extraño para el ruido habitual del mar. El patrón sonoro ascendía rápidamente en frecuencia durante un minuto completo, y su potencia era descomunal.

La detección ocurrió durante la revisión de micrófonos colocados en la Guerra Fría para rastrear submarinos soviéticos, ahora reutilizados para vigilancia oceánica. El sonido se originó frente a las costas de Chile y fue captado por tres sensores separados más de 5.000 kilómetros entre sí. Ninguna criatura marina documentada podría generar semejante potencia acústica, lo que disparó teorías sobre un monstruo marino desconocido acechando en las profundidades del Pacífico.

La criatura imposible

La comunidad científica se dividió inmediatamente. El perfil sonoro del Bloop presentaba características orgánicas: frecuencia variable, patrón ascendente, duración específica. Recordaba vagamente a los sonidos que producen ballenas o cetáceos, pero magnificado cientos de veces. Si fuera un animal, tendría que ser varias veces más grande que una ballena azul, el animal más grande conocido del planeta.

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Las especulaciones se dispararon. Calamares gigantes de dimensiones desconocidas, especies abisales nunca documentadas, incluso criaturas prehistóricas supervivientes. La ubicación del origen, cerca de las coordenadas 50°S 100°W en el Pacífico Sur, añadía misterio: una de las zonas más remotas e inexploradas del océano mundial. El sonido se archivó como fenómeno no identificado durante años.

Cuando el océano guarda secretos gigantes

El problema trasciende lo anecdótico. Apenas conocemos el 5% del fondo oceánico, y las profundidades abisales siguen siendo territorio virgen para la ciencia. Cada año aparecen especies nuevas en expediciones submarinas, algunas con características que desafían la biología conocida. El Bloop representaba la posibilidad real de que algo enorme permaneciera oculto en las fosas marinas más profundas.

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La presión mediática aumentó cuando seguidores de H.P. Lovecraft señalaron una coincidencia perturbadora: el origen del sonido estaba cercano a las coordenadas ficticias de R'lyeh, la ciudad sumergida de Cthulhu en la mitología lovecraftiana. Lo que comenzó como curiosidad científica se convirtió en fenómeno cultural, alimentando documentales, foros y todo tipo de hipótesis conspirativas sobre monstruos durmiendo bajo el mar.

El hielo que grita como un titán

La respuesta llegó en 2005, tras años de análisis acústico comparativo. La NOAA concluyó que el Bloop fue generado por un terremoto de hielo: el sonido de un iceberg gigante fracturándose y desprendiéndose de un glaciar antártico. Estos eventos, llamados criosismos, ocurren cuando la presión acumulada en el hielo libera energía de forma súbita, similar a un terremoto geológico pero en hielo sólido.

La explicación tiene lógica brutal. Un iceberg de varios kilómetros cúbicos fracturándose puede liberar energía equivalente a explosiones masivas, generando ondas acústicas que viajan miles de kilómetros bajo el agua. El calentamiento global acelera estos eventos: más temperatura, más fracturas, más icebergs desprendiéndose. Lo que sonaba orgánico era, en realidad, hielo muriendo de forma violenta en la Antártida, a miles de kilómetros del punto de detección.

Disipando dudas que todos tenemos

P: ¿El Bloop se ha vuelto a escuchar?
R: No. Fue un evento único detectado el 19 de mayo de 1997 que nunca se repitió con esas características exactas.

P: ¿Por qué sonaba tan parecido a un animal?
R: Las fracturas de hielo bajo presión generan patrones sonoros variables que pueden imitar características orgánicas por coincidencia acústica.

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P: ¿Puede haber criaturas gigantes no descubiertas?
R: Aunque poco probable a esa escala, el 95% del océano permanece inexplorado y cada año se descubren especies nuevas.

P: ¿Otros sonidos misteriosos se han resuelto igual?
R: Sí. Sonidos como "Upsweep", "Whistle" y "Train" también fueron atribuidos a fenómenos geológicos y criosismos tras años de análisis.

El océano que aún nos asusta

Los terremotos de hielo aumentan cada año. Con el cambio climático acelerando el deshielo polar, los glaciares antárticos se fracturan con mayor frecuencia, liberando icebergs masivos al océano. La NOAA detecta ahora decenas de eventos similares anualmente, aunque ninguno con la potencia específica del Bloop original. Cada fractura es un recordatorio sonoro de que los polos se están desintegrando.

Mientras tanto, el legado cultural del Bloop persiste. Documentales, videojuegos y ficción siguen explotando la idea del monstruo marino que nunca fue. Porque al final, da igual que la ciencia lo haya resuelto: la imagen de algo gigante y desconocido acechando en la oscuridad oceánica es demasiado poderosa para abandonarla. El Bloop dejó de ser misterio científico, pero sigue siendo símbolo perfecto del miedo ancestral al abismo.

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