Cuando una persona vive constantemente bajo la obediencia y un estrés económico constante, todo ello mientras no deja de llegar información contradictoria al cerebro, se activan una serie de mecanismos en este órgano con los que trata de hacer frente a la presión psicológica que tanto daño puede provocar.
Según el neurocientífico Karl Friston, la realidad puede romper el cerebro, que en estos casos exigentes apuesta por la rigidez y el autoritarismo a modo de defensa. Esta es una prueba más de que nos encontramos en una era en la que estamos viviendo una reconfiguración masiva de la conciencia humana.
LA PRESIÓN PSICOLÓGICA DESBORDA NUESTRO CEREBRO

En pleno 2026 vivimos en una era en la que los ciudadanos deben lidiar con una presión psicológica constante, la cual viene motivada, entre otras cosas, por la incertidumbre laboral, la precariedad económica y una avalancha diaria de información contradictoria.
En este contexto, un gran problema tiene que ver con que nuestro cerebro pasa a funcionar como un sistema de predicción, como justifica el neurocientífico Karl Friston, quien es el responsable de la formulación del llamado principio de energía libre.
Según este último, el cerebro trata constantemente de reducir la diferencia entre lo que espera y lo que realmente sucede. Cuando la realidad contradice nuestras creencias, se produce un "error de producción" que deriva en malestar y estrés, como recoge el experto en su investigación publicada en Nature Reviews Neuroscience.
A pesar de que asegura que los pequeños errores de predicción contribuyen al aprendizaje de la persona, no es así cuando las contradicciones son constantes en diferentes temas como crisis políticas, cambio climático, etcétera, generando una sobrecarga del cerebro.
En este tipo de situaciones, el cerebro, tras estar sometido a una presión psicológica prolongada, abandona su flexibilidad y trata de reducir la incertidumbre lo más rápido posible.
LA PRESIÓN PSICOLÓGICA FAVORECE EL AUTORITARISMO

Ahora que ya sabemos por qué el cerebro se despierta minutos antes de que suene la alarma, también sabemos que, en el momento en el que el estrés económico activa el "modo supervivencia", los recursos mentales se centran en las amenazas más inmediatas.
Con ello aumenta la rigidez cognitiva y reduce la capacidad de reflexión compleja. Numerosos estudios han demostrado que el estrés crónico afecta de forma directa al funcionamiento del córtex prefrontal, que es el responsable del pensamiento flexible y la toma de decisiones complejas.
Así pues, ante una alta presión psicológica, el cerebro tiende a preferir narrativas simples y estructuras claras, y es el momento en el que el autoritarismo adquiere atractivo para el cerebro. Lo hace porque ofrece identidad, orden y respuestas rápidas en un mundo cada vez más complejo.
LA SOBRECARGA INFORMATIVA CONTRIBUYE A LA PRESIÓN PSICOLÓGICA

Tras la confirmación de que el cerebro humano no empieza de cero, se puede saber que la actual sobrecarga informativa a la que estamos sometidos favorece la presión psicológica que sufren muchas personas. De hecho, los expertos aseguran que la actual aceleración informativa recuerda a momentos históricos previos a las guerras mundiales.
Actualmente los algoritmos de las redes sociales hacen que se amplifiquen contenidos que superan nuestras expectativas y que consiguen captar un mayor nivel de atención. Cada impacto emocional fuerte provoca nuevos errores de predicción en el cerebro, y con ello se produce una exposición constante que incrementa la presión psicológica colectiva.
En contextos de inseguridad económica y cambios culturales rápidos, investigaciones de psicología política han relacionado el estrés social con un aumento de las actitudes autoritarias, que se convierten en verdaderos refugios mentales.
RESPUESTAS ANTE LA PRESIÓN PSICOLÓGICA

Ante esa sobrecarga actual que da lugar a la presión psicológica, existen dos caminos diferentes por los que una persona puede discurrir para tratar de hacerle frente. La primera de ellas es aceptar la incertidumbre y adaptar nuestras creencias, y la segunda consiste en tratar de forzar el mundo para que encaje en las ideas previas.
La actualización de modelos requiere tener seguridad en uno mismo y suficientes recursos mentales, mientras que imponer la realidad supone tener que invertir menor energía cognitiva y ofrece un alivio inmediato.
Es por este motivo por el que, en contextos de presión psicológica intensa y precariedad económica, el segundo de los caminos se vuelve el más frecuente. La conclusión de los expertos es que la presión psicológica alimenta las respuestas autoritarias, pero abre las puertas a una posible solución.
Considera que puede hacerse frente a este problema reduciendo la inseguridad económica, fomentando la educación crítica y fortaleciendo la estabilidad social, dando lugar a unos cerebros más flexibles y más alejados del autoritarismo.







