El boicot a 'La Noria', la entrevista pagada a la madre de "El Cuco" (implicado en el caso Marta del Castillo) que provocó la fuga total de anunciantes y el cierre del programa

Un sábado de octubre de 2011, Telecinco decidió entrevistar a la madre de uno de los implicados en el caso más mediático de España. En 48 horas, todas las marcas abandonaron el programa. Lo que siguió fue el primer boicot ciudadano exitoso contra un gigante televisivo, una querella millonaria y el fin de uno de los formatos más rentables de la cadena.

Jordi González abrió aquella noche del 29 de octubre de 2011 sin imaginar que sería el principio del fin. Rosalía García, madre de Francisco Javier Delgado (conocido como El Cuco), se sentaba en el plató de La Noria mientras el juicio por la desaparición de Marta del Castillo seguía abierto. La cadena pagó por la entrevista. Las redes sociales estallaron antes de que terminara el programa.

Lo que sucedió después marcó un antes y un después. Un bloguero desconocido llamó al boicot desde su ordenador, las principales marcas del país se retiraron en 48 horas y Telecinco perdió 3,7 millones de euros. La Noria, el programa de máxima audiencia de los sábados, desapareció de la parrilla para siempre.

Por qué esa entrevista cruzó todas las líneas rojas

Otras cadenas habían entrevistado a Rosalía García antes: Cuatro y Antena 3 también pagaron por su testimonio. Pero el contexto de octubre de 2011 era distinto. El juicio por el caso Marta del Castillo seguía abierto, El Cuco ya había sido condenado por encubrimiento y falso testimonio, y la familia de la víctima pedía respeto mediático.

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La emisión del sábado 29 de octubre provocó rechazo masivo en redes sociales. Twitter ardió con críticas hacia Telecinco y el presentador, que defendió la entrevista argumentando que "cobrar en televisión no es noticia". El problema no era solo el pago: era dar voz y dinero a la familia de un condenado mientras el dolor de los Del Castillo seguía abierto.

Por qué explota ahora: la primera revuelta digital exitosa

El lunes 31 de octubre de 2011, Pablo Herreros publicó un post exigiendo que las marcas retiraran su publicidad de La Noria. No era un influencer conocido. Era un bloguero con audiencia limitada. Pero las redes sociales amplificaron su mensaje en horas. Twitter se convirtió en el arma: miles de usuarios etiquetaban a las marcas anunciantes exigiéndoles que abandonaran el programa.

El efecto fue inmediato:

  • Nestlé se retiró el 2 de noviembre (48 horas después del boicot)
  • Campofrío, President, Puleva y Bayer confirmaron su salida el 3 de noviembre
  • Panrico Donuts y Queso Milner anunciaron su retirada el 4 de noviembre
  • Para el 14 de noviembre, La Noria emitía sin publicidad comercial
MarcaFecha retiroDías desde boicot
Nestlé2 nov 20112 días
Campofrío3 nov 20113 días
President3 nov 20113 días
Puleva3 nov 20113 días
Bayer3 nov 20113 días

Nunca antes una movilización digital había desmantelado la estructura publicitaria de un programa líder en España. En menos de dos semanas, Telecinco estimó pérdidas de 3,7 millones de euros.

Cómo afecta: un programa rentable se convierte en lastre financiero

Frente a esto, Mediaset se enfrentaba a un dilema sin precedentes. La Noria era uno de los formatos más rentables, con audiencias superiores al 20% de share cada sábado. Pero sin anunciantes, el programa pasó de generar ingresos millonarios a convertirse en coste puro: producción, equipo técnico, presentador y plató sin retorno económico.

Jordi González defendió la independencia periodística y aseguró que "la publicidad volverá porque el tiempo lo pone todo en su sitio". Pero las marcas no volvieron. El daño reputacional era demasiado grande: ninguna empresa quería asociar su imagen a un programa señalado por monetizar el dolor ajeno.

Qué implica: cuando el consumidor descubre su poder real

Más allá del caso puntual, el boicot reveló algo importante: las cadenas ya no controlaban la narrativa. Durante décadas, la televisión decidió qué era ético sin rendición de cuentas directa. Las audiencias podían cambiar de canal, pero no coordinar respuestas colectivas eficaces.

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Las redes sociales cambiaron esa dinámica. Si la asociación con una marca se convierte en toxicidad pública, el anunciante huye antes que la audiencia baje. Pablo Herreros no atacó a Telecinco: atacó a las marcas, sabiendo que ellas presionarían a la cadena. La estrategia fue quirúrgica y sentó precedente: cualquier programa puede caer si pierde el respaldo comercial.

Disipando dudas que todos tenemos

Las dudas son lógicas cuando hablamos del primer boicot mediático digital exitoso en España. Estas son las preguntas que más se repiten:

P: ¿Telecinco canceló La Noria por el boicot?
R: Oficialmente no lo reconoció, pero el programa desapareció de la parrilla pocas semanas después sin explicación clara.

P: ¿Pablo Herreros fue condenado por la querella?
R: No. Telecinco retiró la querella en noviembre de 2012 tras una segunda campaña que reunió más de 170.000 firmas.

P: ¿Cuánto dinero perdió Telecinco realmente?
R: La cadena estimó pérdidas directas de 3,7 millones de euros por la fuga de anunciantes.

P: ¿Jordi González volvió a trabajar en Telecinco después?
R: Sí, siguió presentando otros formatos como Supervivientes, aunque su imagen quedó marcada por la polémica.

Qué pasará: el legado de un boicot que cambió las reglas

Mirando adelante, el caso La Noria sigue siendo estudiado como el momento en que las audiencias comprendieron su capacidad de presión real. En 2012, Telecinco intentó revertir el daño con una querella contra Pablo Herreros. La respuesta fue otra campaña digital aún mayor: 170.000 firmas en 24 horas, presión directa a marcas como L'Oréal, Sony, Nestlé, Orange y Carrefour, y cobertura mediática internacional.

La cadena retiró la querella el 27 de noviembre de 2012 tras reunirse con Herreros. El mensaje quedó claro: los gigantes mediáticos ya no son intocables. Desde entonces, las cadenas miden con más cautela qué controversias están dispuestas a asumir. No por ética, sino por cálculo financiero. El consumidor descubrió que sus likes, retweets y llamadas a marcas valían más que cualquier cuota de pantalla.

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