Señales de alarma con la burbuja de la IA: crecen las dudas en Microsoft, Google y Nvidia

Mientras gigantes como Google, Microsoft o Nvidia apuestan fuerte por la IA, crece la burbuja y la duda de si la economía real podrá sostener las expectativas que hoy justifican la fiebre inversora.

Semana a semana, la escena se repite: nuevas rondas de financiación millonarias, valoraciones astronómicas y promesas de que todo —la formación corporativa, o incluso la economía global— cambiará gracias a la inteligencia artificial. La cuestión ya no es si hay o no una burbuja en torno a esta tecnología, sino qué tipo de burbuja es y qué ocurrirá si, o cuando, empiece a desinflarse.

Mientras los grandes ejecutivos del sector se dividen entre la euforia (desmedida, a veces) y la cautela, la industria encadena operaciones que recuerdan inevitablemente a épocas conocidas. Una de las más recientes es la entrada de Google Ventures en el capital de la británica Synthesia, especializada en generar vídeos con IA para formación interna de empresas, con una ronda de 200 millones de dólares que eleva su valoración hasta los 4.000 millones. Es la tercera startup de IA mejor valorada de Europa, con unos ingresos estimados de poco más de 100 millones anuales o, lo que es lo mismo, una ratio de unas 40 veces sus ingresos.

Pero, ¿quién no se acuerda de la fiebre con las criptomonedas o los NFT? Y es que, en apenas dos años, el mercado ha visto cómo compañías de IA prácticamente desconocidas, sin producto maduro o incluso sin modelo de negocio claro, alcanzan cifras que muchos analistas consideran difíciles de justificar.

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Thinking Machine, la empresa fundada por la exdirectiva de OpenAI Mira Murati, llegó a una valoración de 10.000 millones de dólares en apenas seis meses, cuando poco se sabía de su tecnología real. Otras firmas como xAI, de Elon Musk, cotizan en mercados privados con valoraciones 150 veces superiores a sus ingresos, mientras Anthropic se sitúa en torno a las 37 veces y Mistral, la gran promesa europea, ronda las 40.

En este sentido, Demis Hassabis, máximo responsable de Google DeepMind y premio Nobel en 2024, reconocía recientemente que las rondas de "varios miles de millones de dólares en startups que todavía no tienen producto, ni tecnología, ni prácticamente nada parecen poco sostenibles" y que el sector vive ya en una burbuja de valoraciones. Sam Altman (OpenAI) o Sundar Pichai (Alphabet) han asumido públicamente que hay un exceso de entusiasmo inversor. Bill Gates, por su parte, ha comparado la situación con la burbuja puntocom y advierte de que "habrá un montón de estas inversiones que serán callejones sin salida".

La filtración de información interna de OpenAI expone planes que cambiarían el futuro de ChatGPT completamente
Fuente: Unsplash

La propia trayectoria de OpenAI subraya esta tensión entre ambición tecnológica y realidad económica. El esfuerzo por entrenar modelos cada vez más grandes y desplegar infraestructuras masivas de computación se traduce en pérdidas multimillonarias y en dudas sobre la sostenibilidad de su modelo de negocio a medio plazo. El riesgo evidente es que una parte importante del capital destinado a la IA acabe evaporándose sin haber generado retornos proporcionales.

Burbuja o no burbuja, esa es la cuestión

Frente a quienes hablan abiertamente de burbuja, otros gigantes sostienen que el término es impreciso. Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, defiende que el auge de la IA está respaldado por una demanda real y por una transformación profunda en múltiples sectores. Satya Nadella, CEO de Microsoft, insiste en que más que una burbuja, lo que existe es una fuerte fase de inversión inicial para construir una nueva infraestructura generalista, comparable en alcance a la de la nube o incluso a internet.

Nadella, sin embargo, introduce un matiz clave. En declaraciones recogidas por Windows Central asegura que la IA tendrá que "demostrar su utilidad real" si quiere conservar lo que denomina "permiso social" para seguir consumiendo cantidades masivas de energía y recursos. En otras palabras, la legitimidad económica de esta apuesta está cada vez más ligada a su legitimidad social. Si la ciudadanía percibe que los modelos generativos apenas producen contenido de baja calidad, alimentan la desinformación, precarizan el trabajo creativo y además encarecen la electricidad, el discurso de la innovación imparable podría resquebrajarse.

Si la sociedad percibe que la IA produce contenido de baja calidad, alimenta la desinformación, precariza el trabajo y encarece la electricidad, el sector está ante un problemón

Lo cierto es que estamos ante una paradoja curiosa. Si bien nunca se había invertido tanto dinero en inteligencia artificial, tampoco nunca había sido tan evidente que una parte considerable de los proyectos no sobrevivirá.

Sea como fuere, la posible burbuja de la IA plantea preguntas como las relacionadas con el impacto en el empleo. Los propios directivos del sector admiten que los modelos generativos y los agentes de IA ya están empezando a sustituir tareas tradicionalmente realizadas por trabajadores junior, especialmente en puestos de oficina y trabajos creativos de entrada. El riesgo de eliminación masiva de empleos de baja y media cualificación intelectual aterriza ante nosotros sin que existan aún mecanismos claros de transición.

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Bill Gates propone menos dias trabajo con IA
Bill Gates y la inteligencia artificial | Fuente: IA

Si una parte del sector está sobrevalorada y la inversión empieza a retroceder, el impacto podría ser doble, con destrucción de puestos de trabajo en empresas que cierren o recorten y presión adicional sobre aquellos trabajadores que compiten con sistemas automatizados en un mercado laboral debilitado. Y, si la burbuja de la IA explota de forma abrupta, el ajuste podría ser especialmente doloroso en economías donde el capital se ha concentrado en pocas grandes tecnológicas y en una constelación de startups dependientes de ellas.

Microsoft, Google, Amazon o Meta y una millonada detrás de la IA

Otro foco de riesgo está en la infraestructura. En los últimos años, gigantes como Microsoft, Google, Amazon o Meta han destinado decenas de miles de millones de dólares a centros de datos, chips específicos para IA y redes de alta capacidad. Si la demanda esperada no se materializa, una sobrecapacidad prolongada podría recordar a otras burbujas de inversión en infraestructuras, como la de las telecomunicaciones a principios de los 2000.

Y no hay que olvidar la huella ecológica de la IA, ya que el entrenamiento y uso intensivo de grandes modelos exige cantidades crecientes de electricidad y agua, en un contexto de crisis climática y tensiones energéticas.

Son muchas cosas a tener en cuenta. Igual que ocurrió con el ferrocarril, con la electricidad, con las puntocom o con las criptomonedas, una ola de capital especulativo puede inflar e inflar la burbuja con expectativas desmedidas que acaben provocando quiebras y reajustes.

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