El impacto provocado por el crimen de Sueca, donde el pequeño Alex perdió la vida, ha puesto bajo el foco la vulnerabilidad de los menores dentro de un sistema que debería ser infalible. Este trágico suceso ha demostrado que la seguridad de los niños, sobre todo en familias con problemas graves, depende de un sistema que a menudo falla en los momentos más importantes. La revisión de los protocolos actuales es fundamental para que los retrasos entre los juzgados y los técnicos no vuelvan a dejar a los niños sin protección.
La prevención es el único camino para evitar desenlaces fatales, pero requiere una agilidad que la burocracia actual no siempre permite. El sistema de protección muestra sus debilidades cuando los mensajes entre departamentos tardan demasiado en llegar. La rapidez es fundamental para proteger a los niños en riesgo. Por eso, mejorar el control de las custodias y el intercambio de información entre expertos es el paso necesario para arreglar los fallos del modelo actual.
Uno de los problemas más serios es que las instituciones trabajan aisladas unas de otras. A menudo, un juez decide sobre una custodia o un régimen de visitas usando informes antiguos que ya no reflejan la realidad. No existe una base de datos común donde los técnicos puedan anotar los riesgos al momento, lo que obliga al juzgado a actuar sin conocer los peligros más recientes detectados en el hogar.
EL CRIMEN DE SUECA REVELA QUE LA FALTA DE COMUNICACIÓN ENTRE JUZGADOS Y TÉCNICOS DEJÓ SIN PROTECCIÓN AL PEQUEÑO ALEX
La coordinación debe ser absoluta para que la protección sea efectiva y real. No basta con el envío de oficios administrativos que tardan días en ser procesados por los decanatos judiciales.
La urgencia de los riesgos sociales exige que, ante cualquier anomalía detectada por los técnicos de proximidad, el juzgado reciba un aviso automático que permita suspender o modificar una custodia de forma cautelar en cuestión de horas. Mientras el flujo de información siga dependiendo de canales lentos y burocratizados, el desfase entre la realidad del domicilio y el contenido del expediente judicial seguirá siendo una ventana abierta al peligro.

Lo cierto es que el sistema de protección falla cuando no hay suficientes manos para trabajar. El control de las custodias requiere salir de los despachos, acudir a los domicilios y vigilar de cerca lo que ocurre en los Puntos de Encuentro para garantizar que los niños estén seguros.
La falta de especialistas hace que se llegue tarde y solo reaccione cuando el problema ya ha estallado.
Actualmente, la falta de psicólogos, trabajadores sociales y educadores en los equipos técnicos judiciales es alarmante. Esta saturación provoca que el seguimiento de los casos se limite a una gestión de mínimos, actuando solo cuando el conflicto ya es evidente y perdiendo toda capacidad de prevención temprana.
Al no haber manos suficientes, se eligen casos de forma desesperada y muchas situaciones de peligro se marcan como leves solo porque no hay tiempo para investigarlas. Lo que se ha evidenciado en el crimen de Sueca con el pequeño Álex es que un experto desbordado no puede visitar a las familias tan a menudo como requieren las situaciones difíciles. Para que un niño esté seguro, los profesionales deben tener tiempo para notar cualquier cambio de actitud antes de que aparezca el peligro.

NUEVOS PROTOCOLOS DE CUSTODIA, LA NECESIDAD DE ACTUAR ANTES DE QUE EL RIESGO SEA REAL
La realidad de las familias cambia mucho más rápido que las leyes. Para evitar tragedias como el crimen de Sueca, las normas sobre quién cuida de los niños deben ser más ágiles y detectar a tiempo cualquier señal de control o miedo. Es urgente crear grupos de respuesta rápida que puedan actuar sin esperar a que un juez tenga un hueco en su agenda, fiándose de lo que ven los expertos que visitan las casas. La rigidez actual impide proteger a niños como Alex en los momentos de más peligro, cuando cada minuto cuenta.
Es fundamental que la palabra de los trabajadores sociales mande en los momentos críticos. No podemos permitir que un aviso de peligro se quede guardado en un cajón por culpa de la burocracia. Para cerrar las grietas que dejó a la luz el crimen de Sueca, hay que usar mejores métodos de vigilancia y asegurar que todos los que intervienen sepan cómo reaccionar. La seguridad del menor tiene que estar por encima de los papeles y de los trámites, dando poder para decidir a quienes de verdad conocen a la familia y ven el riesgo de cerca.
HACIA UN SISTEMA DE PROTECCIÓN QUE PRIORICE LA RAPIDEZ Y LA PREVENCIÓN
El objetivo de cualquier cambio debe ser acabar con esos silencios entre departamentos que tanto daño hacen. Solo habrá seguridad real en las custodias cuando el juez, el fiscal y los trabajadores sociales funcionen como un solo equipo. La rapidez es la única medicina contra los fallos que permitieron el final de Alex. Si un aviso de alarma tarda semanas en convertirse en una medida de protección, el sistema ha fallado y el niño queda totalmente indefenso.
Lo ocurrido en el crimen de Sueca debe obligar a cambiar a fondo cómo se gestionan estos casos. No basta con buscar culpables, hay que arreglar una organización que se ha quedado pequeña ante problemas tan complejos. Hay que ganar en velocidad, poner más medios y, sobre todo, conseguir que los juzgados y los servicios sociales hablen el mismo idioma sin trabas. Solo con una vigilancia de verdad y una comunicación sin parones se podrá garantizar que ningún otro niño se encuentre en una situación de peligro desatendida.
Juan F. M., investigado por un delito de asesinato, declaró durante una hora aproximadamente ante el juez de la Plaza Número 4 de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Sueca. El hombre, descrito como una persona reservada y que trabajaba en la biblioteca municipal de Algemesí, reconoció ser el autor del crimen, como ya hizo cuando se entregó a la Guardia Civil el sábado por la tarde. Sin embargo, no explicó los motivos de la explosión de violencia y su incomprensible actuación. Solo reiteró que estaba fatal por la “guerra” con su exmujer a causa de la custodia de sus hijos.
Cuando el juez le pidió que relatara lo ocurrido y llegó el momento de describir el supuesto ataque cuando vio a Álex dirigirse al baño se desmoronó, no fue capaz de verbalizarlo, detallan las fuentes. Dijo que no lo recordaba y entró en shock, añaden. El autor confeso de la muerte del menor no hizo ninguna mención sobre la posible participación de su hijo en el crimen, una de las hipótesis que barajaron los investigadores al comienzo de las pesquisas y que pasaba por la posibilidad de que el padre se hubiera autoinculpado para proteger al menor.







