Protagonizó un éxito de Netflix: Lo que comparten Amaia Aberasturi y Begoña Vargas va más allá de esta serie que triunfó en España

Amaia Aberasturi saltó a la fama mundial tras encarnar a Zoa en la ambiciosa producción española de Netflix. Durante mayo de 2022, la plataforma estrenó una ficción que revolucionó el consumo de series juveniles en nuestro país. Pero más allá de los millones de visualizaciones, existe una conexión personal entre las protagonistas que pocos conocen en profundidad.

La química entre ambas actrices no es pura ficción ni construcción dramatúrgica improvisada. Su vínculo profesional comenzó mucho antes de que las cámaras rodaran las primeras escenas de ese fenómeno televisivo. Hoy desvelamos los detalles que explican por qué estas dos talentosas intérpretes mantienen una relación tan especial.

Debut juntas en la isla misteriosa: Amaia Aberasturi y Begoña Vargas

Las dos intérpretes se encontraron por primera vez en el rodaje de Bienvenidos a Edén, la ambiciosa apuesta de ciencia ficción nacional. Allí interpretaron a Zoa y Bel, dos jóvenes atrapadas en una comunidad utópica con oscuros secretos que las uniría inevitablemente. La isla paradisíaca canaria sirvió como escenario perfecto para forjar una amistad auténtica entre grabación y grabación.

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Durante los meses de producción, ambas compartieron caravanas, esperas interminables y momentos de relajación lejos del set. Esta convivencia forzada terminó generando una complicidad visible tanto en pantalla como en las entrevistas promocionales posteriores. Los directores notaron inmediatamente que la autenticidad de sus personajes se beneficiaba enormemente de esa relación real.

La serie se convirtió en uno de los títulos más vistos de la plataforma durante semanas tras su estreno. Sin embargo, ambas artistas supieron mantener los pies en tierra pese al éxito arrollador de aquel proyecto juvenil.

Secretos de su conexión genuina

Lo que realmente diferencia a estas actrices de otras parejas protagonistas es la complicidad espontánea que demuestran fuera de cámara. Entre las claves de su buena sintonía destacan:

✓ Ambas madrileñas de la generación Z con inicios tempranos en la interpretación
✓ Formación previa en danza y arte escénico antes de saltar a la pantalla
✓ Experiencia compartida de rodajes intensos desde edades muy tempranas
✓ Mentalidad similar sobre la conservación de su vida privada lejos de los focos

Esta base común permitió que surgiera naturalmente una amistad sólida. A diferencia de otras relaciones meramente profesionales del mundo del espectáculo, ambas mantienen contacto irregular aunque hayan tomado caminos creativos diferentes después de aquella experiencia compartida.

Sus seguidores detectan inmediatamente la química auténtica cuando coinciden en eventos públicos o se mencionan en redes sociales. Ese respeto mutuo trasciende el simple compañerismo laboral habitual en producciones televisivas masivas.

Carreras paralelas tras el fenómeno

Tras concluir la segunda temporada de aquella producción, cada una exploró nuevos horizontes profesionales con notable éxito. Aberasturi continuó consolidando su carrera cinematográfica con proyectos independientes que demuestran su versatilidad dramática. Por su parte, Vargas se incorporó al universo de La Casa de Papel con el spin-off Berlín, alcanzando proyección internacional masiva.

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La evolución artística de ambas las ha mantenido igualmente ocupadas desde entonces. Compiten por los mismos premios y reconocimientos del cine español, aunque siempre desde el respeto y la admiración profesional. Ninguna ha rozado el estrellato efímero, consolidándose como intérpretes serias y constantes.

Su trayectoria paralela demuestra que el éxito juvenil no siempre condena a la irrelevancia posterior. Ambas eligieron proyectos arriesgados que las alejaron de la imagen de teen idols para construir carreras adultas sólidas. Este criterio compartido las diferencia de otras promesas fugaces del audiovisual nacional.

Begoña Vargas y la amistad real

La madrileña de 1999 cultivó desde pequeña una disciplina ferrea gracias a su formación en danza clásica y contemporánea. Esa exigencia personal la acerca a la seriedad profesional de Aberasturi, ambas entienden el sacrificio que exige esta industria. Su compenetración natural sorprendió incluso a los directores de casting durante las audiciones conjuntas.

Más allá de compartir escenario, ambas defienden una mirada similar sobre el futuro del entretenimiento español. Critican la precariedad laboral del sector mientras celebran las nuevas oportunidades que brindan las plataformas digitales. Esta postura crítica compañera las unió durante largas conversaciones entre tomas en la isla gran canaria.

El respeto mutuo se evidencia cada vez que alguna menciona a la otra en entrevistas posteriores, siempre destacando cualidades profesionales concretas. No es la típica amistad de conveniencia mediática, sino un vínculo genuino basado en valores compartidos y experiencias vividas intensamente juntas.

Legado de Netflix en sus vidas

La plataforma de streaming cambió radicalmente la trayectoria profesional de estas dos intérpretes de forma definitiva. Antes de ese proyecto, ambas tenían experiencia televisiva pero carecían del alcance global que proporciona una superproducción internacional. La exposición mundial les permitió acceder a mercados antes inalcanzables para actrices jóvenes del panorama nacional.

Sin embargo, ninguna ha dejado que ese éxito inicial definiera completamente su carrera posterior. Han demostrado versatilidad interpretativa eligiendo personajes complejos en proyectos de autor. Esta madurez profesional temprana sorprende en intérpretes que aún no han cumplido los treinta años.

Su ejemplo ilustra cómo las plataformas digitales pueden impulsar talentos locales hacia la industria global sin perder la esencia artística. Ambas continúan siendo referentes para nuevas generaciones de actrices que sueñan con saltar del teatro o la televisión tradicional al panorama audiovisual internacional.

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