La sal de mesa no causa retención de líquidos: el verdadero culpable es este alimento que tienes en tu despensa

Durante años hemos señalado al salero como enemigo público número uno cada vez que notamos tobillos hinchados o la cara más redonda. Sin embargo, la ciencia habla de algo mucho más complejo, donde la inflamación silenciosa y ciertos productos de la despensa tienen un papel protagonista. Descubre qué tipo de alimento está detrás de esa sensación de “globo” y qué pequeños cambios pueden marcar una diferencia real en tu cuerpo.

Sal de mesa y tobillos hinchados forman un binomio que casi todos damos por hecho, como si una pizca extra bastara para explicar cada marca de calcetín en la piel. Desde hace años se repite que la sal es la culpable directa de cualquier retención, sin matices ni contexto fisiológico. Este mensaje simplifica un problema que tiene más que ver con equilibrio de minerales, estilo de vida y estado inflamatorio general.

Es cierto que un exceso mantenido de sodio puede favorecer que el cuerpo “ahorre” agua y aparezcan edemas en personas sensibles. Sin embargo, cuando no hay patología de base, el organismo regula bastante bien la sal que sobra a través del riñón si el resto de la dieta acompaña. Además, otros factores como hormonas, sedentarismo o ciertos fármacos influyen más de lo que solemos admitir.

Por ello muchos especialistas insisten en mirar menos al salero y más al conjunto del plato y la despensa cotidiana. A menudo, detrás de esa sensación de hinchazón constante se esconden patrones de alimentación ricos en productos muy concentrados en sodio, azúcares y grasas de mala calidad. Es en ese contexto donde aparece el verdadero “villano” diario de tu cocina.

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El verdadero culpable: el ultraprocesado que se esconde en tu armario

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El gran sospechoso no es la sal de mesa que añades a mano, sino ese alimento ultraprocesado que llega ya cargado de sodio, azúcar, grasas y aditivos. Hablamos de snacks, platos preparados, salsas listas, embutidos y conservas que viven en la despensa durante meses sin estropearse. Su combinación de ingredientes favorece inflamación de bajo grado y una mayor tendencia a retener agua en los tejidos.

En estos productos, la sal no aparece sola: se suma a harinas refinadas, azúcares añadidos y grasas de mala calidad que alteran hormonas como la insulina, claves en cómo el cuerpo maneja líquidos. El resultado es más volumen extracelular, tripas tensas y esa cara “hinchada” al final del día. Además, se consumen en cantidades fáciles de subestimar, porque son muy palatables y poco saciantes.

✓ Este tipo de sal “camuflada” en cada alimento empaquetado pesa más que el pellizco que añades a un guiso casero
✓ Suelen aportar calorías vacías, fomentan inflamación y dificultan que el cuerpo regule bien el equilibrio de agua
✓ Reducirlos mejora hinchazón y peso en muchas personas sin necesidad de retirar del todo la sal casera

Inflamación, estrés y hormonas: así se traduce en más volumen

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Cuando la dieta gira alrededor de productos muy dulces, grasos y refinados, el organismo entra en un estado de inflamación crónica discreta. Esta situación altera la función de vasos sanguíneos y riñones, facilitando que el líquido se quede “atascado” en piernas, manos o abdomen. No es solo cuestión de agua acumulada, sino de tejidos irritados que responden a un entorno poco saludable.

El estrés mantenido y la falta de sueño añaden combustible al fuego: elevan cortisol, una hormona que invita al cuerpo a retener sodio y, con él, más líquido. Por ello hay personas que viven con la sensación de hinchazón pese a no usar demasiada sal al cocinar. Si además se pasa muchas horas sentado o de pie sin moverse, la circulación se enlentece y el edema se nota aún más.

Qué papel sí tiene la sal… y cuándo conviene vigilarla

La sal no es una enemiga absoluta: el sodio es esencial para la hidratación celular, la transmisión nerviosa y la tensión arterial. El problema llega cuando, sumado a un exceso de ultraprocesados, se supera con creces lo que el cuerpo puede manejar bien. En personas con hipertensión, insuficiencia renal o cardiaca, este exceso se traduce con más facilidad en edemas llamativos.

Por ello muchos nutricionistas hablan más de contexto que de demonizar un único ingrediente. Un patrón de cocina casera, con protagonismo de vegetales y proteínas de calidad, permite usar una cantidad prudente de sal sin disparar la hinchazón. En cambio, una despensa llena de cada alimento empaquetado rico en sodio deja al cuerpo mucho menos margen de maniobra.

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