El milagro marquetiniano de la Fórmula 1 ha convertido un deporte de nicho en una plataforma global con presencia incluso en los Oscar

La Fórmula 1 se ha convertido en un gigante del entretenimiento global bajo el mando de Liberty Media. La categoría reina del motor ha reinventado su estrategia de marketing con series, redes sociales y nuevos Grandes Premios en mercados clave como Estados Unidos u Oriente Medio, hasta culminar en el escaparate de Hollywood con la película 'F1'.

Desde que Liberty Media tomó los mandos de la Fórmula 1 en 2017, el "Gran Circo" ha dejado de ser un club casi hermético para convertirse en un producto global de entretenimiento, capaz de competir en la misma liga que la NBA o la NFL en términos de narrativa, conversación social y valor comercial.

El éxito no responde a una única decisión, sino a una estrategia de marketing sostenida que ha transformado la forma de ver, consumir y vivir la Fórmula 1, y que pone ahora la guinda con las cuatro nominaciones a los premios Oscar de la película 'F1' (incluida la de Mejor Película), consolidando a la competición como fenómeno cultural y no solo deportivo.

Anteriormente, bajo la era Bernie Ecclestone, la F1 se apoyaba casi en exclusiva en la televisión lineal y en acuerdos tradicionales de derechos, con un ecosistema digital muy limitado y un control férreo de las imágenes y los contenidos generados alrededor de los Grandes Premios. Liberty Media llegó con un diagnóstico claro: sin abrir la ventana digital y sin construir relato alrededor de pilotos y equipos, el campeonato corría el riesgo de envejecer junto a su audiencia más fiel.

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De este modo, la apuesta fue inmediata, empezando por la flexibilización del uso de imágenes en redes sociales, impulsando a los canales propios de la F1 y llevando a cabo una estrategia de contenidos que convierte cada fin de semana de carrera en una narrativa que comienza el lunes anterior y acaba días después. Por supuesto, amplificada por vídeos cortos, memes, radios de equipo y fragmentos detrás de cámaras (aunque cuidadosamente editados). El resultado es un consumo continuo, mucho más allá de las dos horas de carrera.

YouTube video

Esa transformación ha tenido impacto directo en la marca. La cuenta oficial de F1 en Instagram ha superado los decenas de millones de seguidores con niveles de engagement sin precedentes, mientras los Grandes Premios se conciben ya como grandes eventos de entretenimiento urbano —música, gastronomía, celebrities— más que como citas puramente deportivas. Un ecosistema capaz de atraer marcas de lujo que encuentran en la Fórmula 1 una plataforma aspiracional y crecientemente joven, algo importantísimo históricamente para una competición carísima.

En paralelo a esta transformación mediática, el ecosistema deportivo de la Fórmula 1 también se ha renovado con la llegada de nuevas escuderías y motoristas que han reforzado el relato de modernización de la categoría. La irrupción de equipos como Aston Martin —reconvertida desde Racing Point bajo una marca histórica del motor— ha aportado una imagen de lujo y tecnología alineada con el posicionamiento premium de la F1, mientras que el desembarco de Audi como motorista y equipo oficial a partir de la nueva normativa de este 2026 (de hecho, estamos en medio de las presentaciones de los nuevos monoplazas de los equipos de Fórmula 1) se presenta como uno de los grandes hitos de la próxima década, al integrar a un gigante de la automoción en un proyecto de largo recorrido.

A ello se suman asociaciones estratégicas como la de Sauber con Stake o el rebranding de Renault en Alpine, que muestran cómo la Fórmula 1 se ha convertido en un escaparate prioritario para fabricantes y marcas tecnológicas que buscan vincularse a la electrificación, la sostenibilidad y la innovación

La Fórmula 1 en Estados Unidos, nuevos circuitos y la conquista de mercados clave

Pero el foco en Estados Unidos es el caso más paradigmático de la nueva F1. Históricamente ha sido un mercado frío para el campeonato, pero ahora el país se ha convertido en prioridad estratégica. De una única carrera en Austin (tras abandonar Indianápolis) se ha pasado a un calendario con citas también en Miami y Las Vegas, construidas no solo como trazados urbanos espectaculares, sino como productos de entretenimiento pensados para televisión, redes sociales y turismo internacional.

El modelo se replica en otros territorios. La apuesta por Oriente Medio, con Grandes Premios en circuitos como Yeda, Catar o Abu Dabi, está íntimamente ligada tanto al atractivo económico del capital árabe como a la voluntad de afianzarse en regiones que buscan posicionarse como hubs globales del deporte y el entretenimiento.

Al mismo tiempo, qué te voy a contar de Europa. Aunque se pierdan los trazados clásicos y algún que otro templo del automovilismo, el Viejo Continente sigue siendo un eje clave, con proyectos como el de Madrid —denominado 'Madring'— para albergar un Gran Premio urbano de larga duración y alto componente experiencial, pensado expresamente para integrar la carrera en la ciudad y maximizar impacto turístico y mediático.

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Todo ello responde a la lógica de una menor dependencia de trazados históricos aislados y más Grandes Premios ubicados en grandes áreas metropolitanas, con capacidad hotelera, atractivo para patrocinadores y un entorno urbano fotogénico que multiplica el retorno en redes y televisión.

Toto Wolf y sus pilotos de Mercedes, Kimi Antonelli y George Russell
Toto Wolf y sus pilotos de Mercedes, Kimi Antonelli y George Russell | Fuente: Netflix

Las audiencias respaldan esta apuesta más allá de las retransmisiones. La mencionada película 'F1', producida junto a un gran estudio tecnológico y protagonizada por una estrella de Hollywood como Brad Pitt, encaja perfectamente. El rodaje se ha realizado de la mano de Liberty Media y de la propia Fórmula 1, integrando al filme en Grandes Premios reales y aprovechando el campeonato como decorado vivo. Que la película haya superado ampliamente los 600 millones de dólares en taquilla y haya logrado cuatro nominaciones al Oscar, incluida Mejor Película, refuerza el nuevo camino seguido por la Fórmula 1.

Asimismo, la serie 'Drive to Survive' en Netflix ha actuado como puerta de entrada a millones de espectadores estadounidenses que no seguían el deporte, hasta el punto de que muchos analistas la señalan como factor clave en la subida de audiencia y en el rejuvenecimiento de la base de fans. La sinergia se ha cerrado con acuerdos de retransmisión más ambiciosos y con contratos exclusivos en televisión de pago y plataformas que refuerzan la presencia de la F1 en el prime time estadounidense.

Comunicación, redes y fans

Si el cambio geográfico y comercial es llamativo, el giro en la comunicación ha sido aún más profundo. Donde antes había opacidad y distancias, ahora hay una estrategia deliberada de humanización de pilotos y equipos. La F1 ha pasado de enseñar coches a contar historias. 'Drive to Survive' es el mejor ejemplo porque la docuserie ha convertido en protagonistas a ingenieros, directores de equipo y pilotos que antes pasaban desapercibidos, enfatizando rivalidades, tensiones internas, procesos de decisión y emociones que rara vez se veían por televisión.

En paralelo, los pilotos han profesionalizado sus marcas personales. Lo que antes era terreno casi exclusivo de figuras excepcionales como Lewis Hamilton es ahora parte del estándar. La mayoría de la parrilla alimenta canales en Instagram, TikTok o YouTube con una mezcla de entrenamiento, vida privada controlada y contenido de humor, construyendo comunidades propias que refuerzan la base de fans de la F1.

Este giro también se percibe en la estrategia idiomática y territorial del campeonato. La F1 produce ya contenidos específicos en español dirigidos a audiencias de España y Latinoamérica, desde entrevistas subtituladas y cápsulas explicativas hasta piezas ad hoc para redes de México, Argentina (con la tremenda importancia de la llegada del piloto Franco Colapinto) o Colombia, con locutores y community managers nativos.

Más allá de ello, eventos como la presentación de temporada en grandes recintos como el O2 Arena de Londres, con actuaciones musicales, puesta en escena espectacular y emisión en abierto en YouTube y redes sociales para millones de espectadores, ilustran hasta qué punto la F1 piensa hoy como una productora de entretenimiento multiplataforma más que como un simple organizador de carreras. Cada anuncio, cada cambio de normativa y cada movimiento de mercado se cuentan con lógica de serie, teaser y temporada para fidelizar a una audiencia acostumbrada al consumo por capítulos.

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