San Francisco de Sales, santoral del 24 de enero

El calendario católico reserva una fecha especial para honrar a uno de los doctores más influyentes en la historia del cristianismo. Su legado combina teología profunda, misión incansable y una espiritualidad accesible que trascendió fronteras. Este 24 de enero, la memoria de Francisco de Sales vuelve a convocar a fieles de todo el mundo.

San Francisco de Sales transforma cada 24 de enero en una jornada de profunda reflexión espiritual para millones de católicos. Nacido en 1567 en el Ducado de Saboya, este obispo de Ginebra dedicó su existencia a difundir la fe con una delicadeza excepcional. La conmemoración de su santoral adquiere especial relevancia porque representa el triunfo de la palabra sobre la imposición y del amor divino frente al conflicto religioso.

Su festividad recuerda la fecha en que su cuerpo fue trasladado solemnemente a Annecy en 1623, apenas meses después de su fallecimiento en Lyon. Aquel viaje final simbolizó el retorno del pastor a su rebaño y convirtió el 24 de enero en una celebración perpetua. Desde entonces, esta jornada resuena con oraciones, misas y homenajes que perpetúan su memoria.

De noble a pastor en tiempos de reforma

La familia Sales esperaba que Francisco siguiera los pasos aristocráticos habituales en su círculo social. Sin embargo, tras estudiar en París y en Padua, donde se doctoró en Derecho, rechazó matrimonios ventajosos y títulos de nobleza. Su vocación religiosa emergió con tal fuerza que su padre, inicialmente contrario, terminó aceptando la decisión de su primogénito.

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Ordenado sacerdote en 1593, Francisco se lanzó inmediatamente a una misión arriesgada en la región de Chablais, dominada por el San Francisco calvinismo. Recorrió aldeas, predicó en plazas y distribuyó octavillas que él mismo redactaba para explicar la doctrina católica. Sus métodos pacíficos contrastaban con la violencia de la época y demostraron que la persuasión amable podía reconquistar corazones sin derramar sangre.

Tres años después, miles de habitantes habían regresado al catolicismo gracias a su trabajo incansable. Aquel éxito misionero lo catapultó al obispado de Ginebra en 1602, cargo desde el cual renovó la vida pastoral con innovaciones educativas. Estableció catequesis regulares, formó a su clero con rigor y visitó personalmente cada rincón de su extensa diócesis montañosa.

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Fundador de la Orden de la Visitación

En 1610, Francisco colaboró con la baronesa Juana de Chantal para crear una congregación religiosa revolucionaria. La Orden de la Visitación admitía mujeres rechazadas por otras comunidades debido a su edad, salud o falta de dote. Esta apertura escandalizó a los círculos eclesiásticos conservadores que exigían conventos más estrictos y cerrados al mundo exterior.

El proyecto original contemplaba que las religiosas combinaran vida contemplativa con visitas a enfermos y necesitados. Sin embargo, presiones de otros obispos forzaron a transformar la orden en congregación de clausura monástica convencional. A pesar de esta imposición, las Visitandinas mantuvieron el espíritu compasivo de su fundador y se expandieron rápidamente por Francia, Saboya e Italia.

Las constituciones redactadas por Francisco priorizaban la caridad sobre la austeridad extrema, permitiendo así que más mujeres accedieran a la iglesia consagrada sin sacrificar su salud. Este enfoque humanista anticipó reformas que la Iglesia Católica adoptaría siglos después. Actualmente, cientos de monasterios visitandinos continúan su legado en cinco continentes, manteniendo viva la visión inclusiva de su fundador.

Escritor y doctor de la Iglesia

Francisco volcó su sabiduría teológica en obras que revolucionaron la espiritualidad católica. Su libro Introducción a la vida devota, publicado en 1609, desmontó la idea de que la santidad era exclusiva de monjes y ermitaños. Con lenguaje directo y ejemplos cotidianos, demostró que cualquier persona podía cultivar una vida espiritual profunda sin abandonar sus responsabilidades familiares o laborales.

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El Tratado del amor de Dios, escrito en 1615, profundiza en la mística del amor divino con una elegancia literaria excepcional. Ambas obras se tradujeron inmediatamente a varios idiomas y circularon por Europa como manuales de cabecera. Su prosa clara, desprovista de tecnicismos innecesarios, conquistó tanto a aristócratas como a campesinos que buscaban orientación espiritual accesible.

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El papa Pío IX lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1877, reconociendo formalmente la excelencia de su magisterio. Posteriormente, en 1923, Pío XI lo designó patrono de periodistas y escritores católicos, subrayando su habilidad para comunicar verdades complejas con sencillez. Sus textos siguen siendo referencia obligada en seminarios, facultades de teología y grupos de estudio espiritual contemporáneos.

Legado y celebración del 24 de enero

San Francisco de Sales falleció el 28 de diciembre de 1622 en Lyon, donde había viajado por asuntos diplomáticos. Multitudes acudieron a venerar sus restos y la ciudad francesa intentó retenerlos como reliquia propia. Sin embargo, tras intensas negociaciones, su cuerpo fue trasladado solemnemente a Annecy el 24 de enero de 1623, fecha que la Iglesia eligió como su festividad litúrgica oficial.

✓ Beatificado en 1661 por Alejandro VII
✓ Canonizado en 1665 tras evidenciarse numerosos milagros
✓ Patrono de escritores, periodistas y personas sordas
✓ Inspiración para congregaciones salesianas fundadas siglos después
✓ Su corazón se conserva en Venecia como reliquia venerada

Cada 24 de enero, parroquias dedicadas a su advocación organizan eucaristías especiales donde se leen fragmentos de sus escritos. Los fieles que llevan Francisco como nombre celebran su onomástico con reuniones familiares y tradiciones locales que varían según regiones. En ciudades saboyanas y suizas, procesiones y actos culturales conmemoran al obispo que transformó conflictos religiosos en oportunidades de diálogo y reconciliación pacífica.

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