El sistema de cuidados en España tiene rostro de mujer. De las más de un millón de personas que trabajan en el sector en auxiliares de ayuda a domicilio, 565.000 son mujeres que cada mañana entran en domicilios ajenos para cuidar de nuestros mayores y dependientes. Pero lo que debería ser un pilar del bienestar social se ha convertido, en muchos casos, en un escenario de explotación y desvirtuación de funciones.
En el corazón de esta lucha se encuentra la delegación de la provincia de Granada en la Plataforma Unitaria de Auxiliares a Domicilio Como hemos conocido desde el diario QUÉ!, este colectivo se ha convertido en el altavoz de cientos de trabajadoras que denuncian una situación prácticamente insostenible. El problema no es solo el salario, que a menudo apenas roza el mínimo profesional, sino más bien la confusión deliberada sobre cuáles son sus tareas.
LAS AUXILIARES A DOMICILIO DENUNCIAN QUE SE LAS USA PARA LIMPIAR EN LUGAR DE PARA CUIDAR
La principal denuncia de la Plataforma es la limpieza extrema a la que muchas empresas y familias las obligan. "Se nos contrata para asistir a la persona, para su higiene, su medicación y su bienestar, pero terminamos limpiando persianas, moviendo muebles o haciendo tareas de servicio doméstico que no nos corresponden", afirman desde la portavocía de la Plataforma Unitaria de Granada. Esta desvirtuación no solo las agota físicamente, sino que las despoja de su categoría como profesionales sanitarias y asistenciales.

Para entender la magnitud del problema, hablamos con María José (nombre ficticio), auxiliar en la provincia granadina con más de una década de experiencia. Su testimonio es el de muchas: "He llegado a domicilios donde esperaban que limpiara la plata o que fregara la cocina a fondo mientras el dependiente estaba solo en otra habitación. Cuando te niegas, vienen las quejas a la empresa y el miedo a represalias. No somos sirvientas, somos auxiliares de ayuda a domicilio, pero nos tratan como mano de obra barata para todo", relata a este medio.
"CUANDO TE NIEGAS, VIENEN LAS QUEJAS A LA EMPRESA Y EL MIEDO A REPRESALIAS"
La carga de trabajo es muy física. Las auxiliares a domicilio sufren lesiones de espalda crónicas, problemas de articulaciones y un desgaste psicológico que rara vez se reconoce como enfermedad profesional. Al trabajar solas en domicilios particulares, quedan expuestas a situaciones de vulnerabilidad que ninguna oficina permitiría.
"Se nos contrata para asistir a la persona, para su higiene, su medicación y su bienestar, pero terminamos limpiando persianas, moviendo muebles..."
Carmen (nombre ficticio), otra trabajadora granadina que lleva años en la primera línea del cuidado, explica las secuelas de este vacío mientras su voz se va apagando por el cansancio acumulado. "La empresa nos exige tiempos imposibles: 15 minutos para duchar, vestir y dar el desayuno. Es inhumano tanto para nosotras como para ellos. Nos exigen ser máquinas", confiesa Carmen entre suspiros que delatan el peso de años de servicio. Es su tercera casa del día.
Desde la asamblea granadina de la Plataforma Unitaria Auxiliares de Ayuda a Domicilio, recalcan que esta falta de tiempo es un problema que viene de lejos y que no para de crecer. La gestión privada de un servicio público ha priorizado, en su opinión, el beneficio económico sobre la calidad del cuidado. Se subastan los contratos al mejor postor y las empresas recortan en nuestro tiempo y nuestra salud", denuncian desde el colectivo.

LAS TRABAJADORAS DE AYUDA A DOMICILIO PIDEN SOLUCIONES DE VERDAD
Entrados ya en 2026, el escenario no ha pasado del papel a la realidad. España envejece a ojos vistas, pero las manos que deberían sostener ese cambio siguen igual de precarias. Como comentan al diario QUÉ! estas trabajadoras, sobre el papel todo son buenas palabras, pero la realidad es que han montado un mercado con los cuidados. Un sistema que solo busca el beneficio rápido y que siempre acaba pasando la factura a la misma, la mujer que entra en la casa.
La Plataforma Unitaria de Auxiliares a Domicilio de Granada exige una regulación estricta que delimite las funciones y que garantice que las auxiliares se dediquen exclusivamente al cuidado de la persona dependiente. "Necesitamos que la administración asuma su responsabilidad. No pueden mirar hacia otro lado mientras miles de mujeres en Granada y en toda España se dejan la salud en muy malas condiciones", sentencian desde la plataforma.
La solución pasa por la remunicipalización del servicio o, al menos, por una fiscalización real de las contratas. Mientras el cuidado siga siendo visto como una tarea 'natural' de las mujeres y no como un trabajo profesional cualificado, la precariedad seguirá siendo la norma.
EL FUTURO DE LOS CUIDADOS
Lo que nos comentan en Granada es el aviso de un incendio que se extiende por todo el país. Las auxiliares han dicho basta a la soledad de los domicilios y han empezado a tejer una red propia. A través de estas plataformas unitarias, han descubierto que juntas tienen la fuerza necesaria para sacar su trabajo del rincón del olvido y exigir, de una vez, que se las trate como las profesionales que son.
Como bien dicen desde la Plataforma, "si nosotras no entramos en esas casas, miles de personas quedarían desamparadas". Es hora de que el sistema les devuelva el respeto que ellas entregan cada día en cada domicilio. La lucha de las auxiliares de Granada no es solo por un convenio justo; es una lucha por el reconocimiento de que cuidar es la tarea más importante de nuestra sociedad, y quienes la realizan merecen condiciones a la altura de su entrega.
"No vamos a parar hasta que se nos respete", zanja María José antes de salir hacia su siguiente domicilio. Detrás de ella hay más de medio millón de mujeres que sostienen este país en silencio. Hoy vuelven a entrar en las casas, pero el mensaje ya está lanzado: los cuidados no pueden seguir siendo el secreto mejor guardado de un sistema que se aprovecha de su entrega.







