Desde la aparición en escena de los libros digitales (un territorio donde Amazon desempeña un papel destacado), muchos empezaron a cuestionarse sobre el futuro de los libros físicos y de las famosas Ferias del Libro. ¿Compramos libros por comodidad o por emoción? ¿Seguimos yendo a las ferias por amor a la lectura o por pura nostalgia? En un momento en el que Amazon puede entregarte una novela en menos de 24 horas, las ferias del libro se enfrentan a una pregunta incómoda: qué ofrecen hoy que no pueda encontrarse a golpe de clic.
Los datos muestran un panorama lleno de contrastes y escenarios, algunos de ellos positivos y otros no tanto. Mientras el comercio online de libros sigue creciendo en Europa y en España, los eventos presenciales resisten, aunque con señales claras de desgaste. Menos visitantes, menos ventas (lo que termina afectando no solo al negocio editorial, sino al pequeño comercio), pero un valor cultural que sigue pesando más de lo que parece en las estadísticas.
La Feria del Libro de Madrid (uno de los eventos más esperados del año), el gran escaparate editorial del país, es un buen termómetro para entender esta tensión entre lo digital y lo físico. Lo que ocurre allí ya no va solo de vender libros, sino de defender una forma de leer y de encontrarse alrededor de ellos.
Menos ventas, pero más significado: qué está pasando en las ferias del libro

Las cifras de 2025 dejaron un sabor agridulce. Según la Federación de Gremios de Editores de España, las ferias del libro redujeron su recaudación un 15,7%, hasta los 15,1 millones de euros, y perdieron un 13,4% de visitantes, quedándose en 2,2 millones de asistentes. No es un desplome puntual, sino una tendencia que refleja cómo han cambiado los hábitos de compra y descubrimiento de libros.
Hoy muchos lectores ya no esperan a la feria para adquirir novedades. Compran online, comparan precios, aprovechan descuentos puntuales y reciben el libro en casa sin cargar bolsas. En ese contexto, la feria deja de ser un espacio puramente comercial y pasa a jugar otra liga, más simbólica y experiencial, aunque eso no siempre se traduzca en ingresos directos.
Aun así, reducir el éxito de una feria solo a la caja sería simplificar demasiado. Las presentaciones, las firmas, los encuentros improvisados con autores y editores siguen teniendo un peso que no se puede medir únicamente en euros. El problema es que ese valor intangible cada vez cuesta más sostenerlo en un entorno económico más ajustado.
Amazon, e-commerce y el nuevo lector híbrido

El auge del comercio electrónico es imparable. En Europa, las ventas online de libros alcanzaron los 10.000 millones de euros en 2023, y cerca de uno de cada cuatro libros se compra ya por internet, sin importar la razón, ya sea por comodidad o por precio. Amazon ha sabido leer mejor que nadie esta transformación, ofreciendo catálogo infinito, logística afinada y precios competitivos que ponen contra las cuerdas al canal tradicional.
Sin embargo, el lector no ha abandonado el papel. En España (y seguramente en muchos países del mundo, no sólo en Europa), el 58% sigue prefiriendo el formato físico, frente a un 27% que opta por el digital, según datos de la AIMC. Incluso quienes leen en pantalla reconocen que, si pueden elegir, el libro en papel sigue ganando. El problema no es el formato, sino el canal por el que llega al lector.
Aquí es donde las ferias y las librerías intentan reinventarse. Ya no compiten solo con Amazon, sino con la falta de tiempo, con el consumo rápido de contenidos y con una atención cada vez más fragmentada. El lector actual es híbrido, compra online, pero sigue valorando la experiencia física cuando siente que merece la pena.
Feria del Libro de Madrid 2026: resistir con humor y contacto humano

La edición de 2026 de la Feria del Libro de Madrid quiere responder a este desafío desde otro ángulo. Se celebrará del 29 de mayo al 14 de junio en El Retiro y lo hará bajo el lema “Leer y reír: dos formas de resistir”, con el humor como hilo conductor. No es casual, la organización busca recuperar el disfrute, la cercanía y el placer de leer sin solemnidad.
Los datos de 2025 muestran que, pese al descenso general del sector ferial, Madrid sigue siendo un bastión. Más de 595.000 ejemplares vendidos, 10,1 millones de euros de facturación, 7.200 sesiones de firmas y 366 casetas confirman que el interés existe, aunque ya no sea masivo ni automático. La clave está en convertir la visita en algo que no se pueda replicar en una pantalla.
En un mundo dominado por algoritmos, recomendaciones automáticas y compras impulsivas, el contacto directo con los autores y el paseo entre casetas siguen siendo un acto casi de resistencia cultural. Quizá la feria ya no compita en velocidad ni en precio, pero sigue ganando en algo que Amazon no puede empaquetar: la experiencia de sentirse lector entre lectores. Y mientras eso siga teniendo sentido, el libro en papel seguirá encontrando su espacio.







