El siglo XX fue, para España, el siglo del humo. Durante las décadas de los 80 y 90, el incremento del consumo de tabaco fue inmenso, impregnando la vida social, los centros de trabajo y, de manera casi inseparable, la hostelería. Sin embargo, este 2026 celebramos el decimoquinto aniversario de la Ley antitabaco, la normativa que marcó un antes y un después: la Ley 42/2010. Hoy, camino del año 2030, la tendencia es indiscutiblemente la contraria: cada vez fuma menos gente y se fuma menos cantidad.
LA LEY DEL TABACO, UNA GESTIÓN ENTRE TENSIONES POLÍTICAS Y 'FAKE' NEWS
La ley que hoy disfrutamos no nació de la nada. Su proceso legislativo fue uno de los más apasionantes y tensos de la democracia reciente. Aunque los primeros pasos se dieron en 2003 con el Plan Nacional de Prevención del Tabaquismo y se reforzaron con la ley de 2005, el verdadero salto se produjo en 2010. Bajo el liderazgo de la entonces ministra de Sanidad, Leire Pajín, se tuvo que afrontar un contexto político de crisis económica y un final de ciclo legislativo que no presagiaba un camino fácil.

El proceso estuvo marcado por la resistencia de una poderosa industria tabaquera y un sector hostelero que veía en la prohibición una amenaza directa a su supervivencia económica. Durante meses, se orquestaron campañas con informaciones falsas que vaticinaban el hundimiento del sector servicios. Sin embargo, la determinación política se impuso a las presiones. El objetivo no era otro que proteger a la población no fumadora frente al humo ambiental y reducir las más de 50.000 muertes anuales que el tabaco provocaba en nuestro país por aquel entonces.
EL TABACO DEBORABA EN 2020 EL 10% DEL PRESUPUESTO SANITARIO TOTAL
Más allá del debate sobre las libertades individuales que dominó las tertulias de la época, la ley tenía un trasfondo económico vital. Las enfermedades directamente relacionadas con el consumo de tabaco representaban en 2010 en torno al 10% del gasto sanitario total, una cifra que superaba ampliamente los 5.000 millones de euros anuales. Quince años después, el ahorro acumulado para el Sistema Nacional de Salud es incalculable, permitiendo derivar recursos hacia otras áreas críticas.

La victoria, sin embargo, no fue solo política. El éxito de la Ley 42/2010 reside en la ejemplaridad de la sociedad española. Pese a los vaticinios de insumisión, desde aquel 2 de enero de 2011, los ciudadanos demostraron una responsabilidad única. Los bares y restaurantes no cerraron; al contrario, se convirtieron en espacios más saludables para trabajadores y clientes, integrando el cambio con una normalidad pasmosa.
SOLO EL 4,3% DE LOS JÓVENES FUMA A DIARIO
Los datos de este 2026 son el mejor homenaje a aquella decisión legislativa. Según el reciente informe ESTUDES 2025, el consumo entre estudiantes de 14 a 18 años registra mínimos que hubieran parecido ciencia ficción hace dos décadas. Solo un 4,3% de los jóvenes fuma a diario, y casi la mitad de los que fuman han intentado dejarlo en el último año. España se sitúa hoy entre los países más avanzados de Europa en la protección frente al tabaquismo.
No obstante, el escenario de 2026 plantea nuevos desafíos. Aunque el humo de combustión ha desaparecido de los espacios cerrados, la industria ha mutado hacia los dispositivos de vapeo y el tabaco calentado, que intentan captar a las nuevas generaciones. El reto para los próximos años será mantener la esencia de la ley original y no permitir que estos nuevos formatos reviertan los logros alcanzados.

Con todo, estos 15 años sin humo demuestran que, cuando existe liderazgo político y respaldo científico, las sociedades pueden cambiar sus hábitos para mejor. España ha dejado atrás el estatus de "país de humo" para convertirse en un referente de salud pública, demostrando que la mejor inversión es aquella que protege la vida de sus ciudadanos. El éxito de la normativa demuestra que el cambio de hábitos era posible: hoy, el humo en los bares es solo un recuerdo de una España que ha priorizado la salud pública por encima de los intereses comerciales.







