A menudo buscamos el encanto visual de la Toscana italiana o los campos de la Provenza francesa, pero la realidad es que Pedraza ofrece una experiencia inmersiva mucho más auténtica y cercana. Esta villa de la provincia de Segovia, situada a tan solo una hora y media de Madrid, se erige como un destino imprescindible para quienes buscan historia viva, silencio absoluto y, sobre todo, una gastronomía contundente que justifica por sí sola el viaje.
Cruzar su única puerta de acceso es literalmente viajar en el tiempo, un privilegio estético que ha llevado a este pueblo a ser escenario recurrente de series como '30 Monedas' de Álex de la Iglesia o de los famosos anuncios de la Lotería. Sin embargo, más allá de su innegable fotogenia, existe un secreto culinario en sus hornos de leña centenarios que obliga a reservar mesa con antelación si no quieres quedarte fuera de la experiencia completa.
Un escenario de película a un paso de la capital
Lo primero que impacta al visitante es que Pedraza es una villa amurallada con una sola entrada y salida para los vehículos y peatones: el Arco de la Villa. Esta singularidad ha permitido que el casco histórico se mantenga prácticamente inalterado desde los siglos XVI y XVII, creando una burbuja de piedra donde el estrés urbano desaparece al instante.
El corazón del pueblo es, sin duda, su Plaza Mayor, una de las plazas castellanas más bellas y singulares que existen en nuestra geografía. Sus pórticos y columnas de piedra, junto con la ausencia de edificios modernos, crean una atmósfera que te traslada directamente al medievo, siendo el lugar ideal para tomar el aperitivo antes de la comida principal.
Pasear por sus calles empedradas es descubrir por qué tantos productores eligen esta localización cerca de Madrid para rodar ficciones históricas. Cada rincón, cada balcón con flores y cada palacio blasonado cuenta una historia de la nobleza castellana que veraneaba aquí, manteniendo un nivel de conservación que muy pocos pueblos en Europa pueden igualar.
El templo del asado: dónde comer de lujo
Si por algo peregrinan miles de madrileños hasta aquí los fines de semana, no es solo por las vistas, sino por el aroma a leña de encina que inunda las calles desde primera hora de la mañana. La gastronomía en esta zona no es un complemento turístico, es una religión que se practica en torno al fuego y a la materia prima de calidad.
El plato estrella indiscutible es el cordero lechal asado en horno de leña, cocinado lentamente hasta que la piel queda crujiente y la carne se deshace sola. Tampoco se queda atrás el cochinillo segoviano, que compite en popularidad y sabor en los numerosos asadores que salpican la villa, ofreciendo un festín para los carnívoros más exigentes.
Para aquellos que prefieran empezar con algo de cuchara, especialmente en los meses fríos, los Judiones de La Granja son la opción obligatoria en casi todas las cartas. Comer aquí no es barato, pero la relación entre la calidad del producto y la experiencia en un entorno tan cuidado hace que cada euro invertido merezca la pena.
Qué ver en tu escapada desde Madrid
Aunque la tentación de quedarse en la sobremesa es fuerte, la villa ofrece puntos de interés cultural que debes visitar para "bajar" la comida. Aquí tienes la lista esencial de paradas obligatorias:
- ✅ El Castillo de Pedraza: Una fortaleza del siglo XIII que fue adquirida y restaurada por el pintor Ignacio Zuloaga en 1926, albergando hoy un museo con sus obras.
- ✅ La Cárcel de la Villa: Situada en la misma puerta de entrada, ofrece una visita guiada escalofriante para ver las mazmorras medievales y los cepos originales.
- ✅ Iglesia de San Juan: Ubicada en la Plaza Mayor, destaca por su torre románica y su interior barroco, siendo testigo mudo de la historia local.
- ✅ Callejear sin rumbo: La mejor actividad es perderse por las calles laterales para admirar las casonas hidalgas lejos del bullicio de la plaza principal.
De la Noche de las Velas al refugio invernal
Es imposible hablar de este lugar sin mencionar su evento más mediático: la Noche de las Velas. Durante los dos primeros sábados de julio, el pueblo apaga todo el alumbrado eléctrico y se ilumina únicamente con miles de velas, creando un espectáculo visual que atrae a multitudes desde Madrid y toda España.
Sin embargo, el verdadero encanto para el viajero que busca paz reside en los meses de otoño e invierno. Cuando el frío aprieta, la villa se vacía de las masas estivales y se convierte en un refugio íntimo, donde el humo de las chimeneas y la niebla baja otorgan al paisaje un aire misterioso y romántico difícil de encontrar en otro sitio.
¿Has visitado ya esta joya medieval o tienes otro asador favorito en la provincia de Segovia? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios y comparte tus recomendaciones para la comunidad.






